POR OSCAR GONZÁLEZ AZUELA, CRONISTA OFICIAL DE LAGOS DE MORENO (MÉXICO).
DE: MOLIERE PARA: TU SAIS QUI -ya sabes quién-. Monsieur le Président:
A pesar de que mi nombre fue Jean-Baptiste Poquelin, fui conocido como Moliére, cuyo significado es algo así como la dura piedra cuya función es triturar convirtiendo en pequeños fragmentos, principalmente a quienes representan la farsa y la fanfarronería.
Cómo olvidar en este día al padre Hidalgo, quien llegó a traducir, adaptar y representar mi obra “El Tartufo” cuando fue cura en San Felipe, llamada entonces “La Francia Chiquita”; sepa usted -porque lo debe ignorar-, que su argumento trata del rechazo a la hipocresía de quienes se quieren hacer pasar por honestos, obra en la que critico también a quienes se dejan cegar y manipular por el fanatismo; ya su cuarta adaptación fue la definitiva, por lo que le podemos llamar LA CUARTA T -por lo de Tartufo, tu me comprends-
Mis obras se siguen representando en los teatros del mundo, aunque también en las plazas públicas, tal como usted lo ha hecho en las últimas horas; sí, en una plaza a la que hasta hace unos días se permitía el paso al pueblo para que observara la proyección sobre un remedo de pirámide, la visión “descolonizada” de la historia según anuncian los fanáticos acólitos que le acompañan, a través de cinco siglos de supuesta resistencia. Sin embargo, a esta misma plaza ahora se le impide el paso para la verdadera celebración -esta sí- del Grito de Independencia, que ha convertido en su grito, suyo de usted; espacio que pretende dejar cerrado “hasta nuevo aviso”; creo que nunca habían visto tal cosa los aspiracionistas mexicas; ¿acaso será venganza por su reciente derrota electoral, precisamente en la demarcación desde donde “gobierna”?.
El caso es que, con la ventaja de mi presencia incorpórea, he avistado en Palacio Nacional lo que aquí relato: primero, un minuto de silencio por los cientos de miles de víctimas, muchas de ellas a causa de la omisión gubernamental en materia de seguridad y de salud, en lo que va del sexenio; luego, la farsa de gritar vivas a diestra y siniestra a las que solamente contestó -a veces- su señora; el tañer de una campana que aunque diseñada para comunicar diferente tipo de mensajes con sus toques, en esta ocasión, nadie escuchó -porque nadie estaba- por más que jaloneara el lujoso cordón que hacía resonar su badajo, se habrá usted ampollado la mano; por último, “macanear” -como usted gusta decir- una bandera, hacia ese enorme vacío que ya siente crecer bajo sus pies.
Cierro mi comunicado pidiéndole sea consciente de que en la Plaza del Zócalo le queda solamente un Grito más -el cuarto-, pues el quinto, por tradición, lo deberá dar en Dolores Hidalgo y el sexto, previo a su salida al rancho de tan célebre y adecuado nombre, no será más que un remedo del antiguo poder del que ha gozado.
¿Recuerda cuando se llenaba la plaza por ese pueblo -al que ya no deja acercarse-, el que le defendía ante el desafuero; el mismo que se desbordaba para celebrar su triunfo electoral del 2018? Jamais plus monsieur.
Perdone usted mis líneas, pero siempre fui despiadado con la pedantería, la mentira, y la pretenciosidad que ahora asoma en usted y en quienes gozan de su influencia; aquellos que me hayan leído recordarán que siempre pretendí corregir la farsa por medio de la reflexión, haciendo reír a los honrados que sí entienden mis mensajes.
Por último, luego de tanto ajetreo, un consejo monsieur President: vaselina s’il vous plait, para los callos de la mano o donde más le aqueje. Fraternallement, Moliere.
