POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)
Carlos I de España, V Emperador de Alemania (lo que costó muchos dineros al tesoro español) fue el introductor de la cerveza en España. Tanto la añoraba de su juventud en Flandes.
La cerveza, desde tiempos antiquísimos, ha poseído un significado entre mitológico y sagrado, que va más allá del de un simple alimento o bebida.
Los primeros datos escritos sobre la cerveza se localizaron en Mesopotamia con data de unos 6.000 años a.C.
Para los egipcios, hace de esto unos 3 000 años, era un don de los cielos regalo de Isis (diosa protectora de los cereales) y de Osiris (dios protector de las cosechas).
Para los romanos era Ceres, diosa de la agricultura, quien daba fuerza («vis», en latín) a esta bebida, a la que, combinando ambos nombres, denominaron CEREVISÍA.
Con materias primas como la cebada y el trigo, la cerveza alcanzó el summum de su calidad cuando los monjes del medioevo, en sus monacatos centroeuropeos, introdujeron en su elaboración la flor de lúpulo, digestiva y sedante.
Según el médico del emperador Carlos V, Luis Lobera de Avila, «la cerveza augmenta las fuerças e augmenta las carnes; es de gran mantenimiento, augmenta la sangre, provoca orina, ayuda a hacer cámara laxando el vientre, máxime si lleva muchos lúpulos; aunque con muchos lúpulos daña a los que tienen flaco el celebro, que los embriaga, y la embriaguez dura mucho más que la del vino».
Hace unos 20 años, por encargo de una cierta empresa a Editorial Everest, de León, escribí un pequeño libro, hoy agotado, bajo el título COCINAR CON CERVEZA.
Resumo, actualizándola, una de sus recetas.
Cuecen al vapor 1 kg de mejillones muy frescos; se selecciona su carne y se reserva el líquido (colado) que soltaron.
En una sartén con aceite rehogan, picados finamente, una cebolla pequeña y tres dientes de ajo; se suma perejil picado y majado en el mortero y se agrega un poco de agua de cocción de los mejillones junto con una vasito (de los de vino) de cerveza. Da unos hervores y se añaden los mejillones al conjunto.
Aparte, según costumbre, se prepara un arroz blanco (mejor emplear arroz de grano largo) con agua de los mejillones para su cocción.
En una fuente redonda, y utilizando el molde adecuado, se dispone una corona de arroz que, en su hueco interior, alberga el guiso de mejillones.
Se adorna con unas ramitas de perejil.
NOTA
El mejillón, en sí mismo, aporta mucha sal.
Téngase en cuenta este detalle en la cocción del arroz.
