CRÓNICA VISUAL DE LA MURALLA DE ÁVILA (I)
May 24 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

                                                   

La muralla de Ávila constituye la seña de identidad histórica y cultural de la ciudad desde el momento de su bendición por el obispo Pelayo en 1090. El perfil que dibujan los 88 torreones y los muros con dos mil quinientas “almenas” y dos kilómetros y medio de longitud, que abarcan un recinto de unas treinta y tres hectáreas, refleja una atractiva silueta que es permanente fuente de inspiración literaria y artística.
Y una nueva forma de mostrar la muralla y de aprender aspectos casi desconocidos es la que puede encontrarse en los viejos retratos de la misma. No se trata en estos momentos de hacer un estudio histórico de tan emblemático monumento, pues sobre este aspecto ya se han realizado importantes trabajos, ahora, tan solo la recuperación del rico patrimonio visual a lo largo de cien años (1860-1960).
1. MIRADA CAUTIVA
Las fotografías antiguas de la muralla de Ávila que captaron viajeros y solitarios fotógrafos transeúntes ocupan hoy un lugar preeminente para entender el valor histórico del monumento, y ello gracias a las viejas imágenes que se convierten en importante fuente documental de conocimiento.
Aprovechando entonces la riqueza plástica que ofrece la representación gráfica de la muralla, se construye el guión de su historia visual, la que se representa a través de la imagen fotográfica, al mismo tiempo que se pretende enseñar en estampas el monumento más importante y significativo de la ciudad, y con ello disfrutar en su contemplación.
El viaje imaginario que supone adentrarse en la historia legendaria de la ciudad monumental se materializa ahora de una forma quieta en fotografías que trascienden al momento en el que fueron tomadas. La muralla retratada cobra vida propia de nuevo cuando observamos las pequeñas transformaciones que se producen en la cerca, y más aún cuando vemos una diversidad de tipos y personajes que testimonian la lenta evolución de una ciudad anclada en la Edad Media.
Con todo, cabe esperar que estas crónicas sean una nueva oportunidad para adentrarnos en el devenir de nuestra historia a través de la mirada cautivada en la contemplación de la muralla abulense, al mismo tiempo que sirva de justa valoración del trabajo de fotógrafos y retratistas.
2. IMAGEN UNIVERSAL.
La ciudad amurallada es una de las imágenes universales con la que tradicionalmente se identifican Ávila y sus gentes. Rescatar la mirada de nuestros antepasados a través de su representación gráfica o de las viejas fotografías supone entonces revitalizar su atractivo místico y guerrero que tanto cautivó a viajeros y artistas.
La mayoría de las reproducciones gráficas que conocemos se hicieron con voluntad de comunicar, informar, publicitar y difundir la imagen artística y monumental de Ávila y su muralla aderezada con tipos populares y pintorescos. Como personaje histórico vinculado a la ciudad sobresale Santa Teresa de Jesús, figura en la que confluyen el rico ideario místico y la realidad material que rode´0o su vida en la ciudad donde nació.
En un primer momento, el dibujo, el grabado y la fotografía fueron concebidas para visualizar guías turísticas, textos históricos, obras literarias, o periódicos y revistas, y en menor medida como estampas coleccionables.
Ahora se recuperan como fuente de conocimiento de una época en que la imprenta permitió multiplicar detalles del paisaje arquitectónico y urbano de la ciudad para su contemplación. Hasta la aparición de la fotografía en los medios impresos a finales del siglo XIX, el dibujo y la xilografía se ocuparon de representar tipos y monumentos con los que recrear la vista en la consulta de libros, guías, enciclopedias y artículos.
La imagen cumple entonces una doble función, como fuente de conocimiento y como medio de información, producida en especiales condiciones de trabajo artesanal que dan un valor añadido a la actividad artística de dibujantes, grabadores y fotógrafos.
Las viejas y amarillentas estampas que inmortalizaron los fotógrafos ambulantes y algunos aficionados, o aquellas otras que circularon por medio mundo como postales, o las que se reprodujeron en libros y periódicos, tienen en la ciudad de Ávila y su muralla el mismo punto de encuentro. Es lógico entonces que esta imagen, que tanto une a los abulenses y sus visitantes, se convierta en el protagonista de las ilustraciones con las que se quiere enseñar la ciudad milenaria de santos y caballeros.
La contemplación de la ciudad amurallada desde el horizonte o a los pies de sus muros, ha cautivado a cuantos se asoman a la misma. Tanto, que esta visión de Ávila ha quedado plasmada en fotografías, dibujos, grabados, pinturas, versos, novelas, leyendas y cartas de viaje, entre otras manifestaciones artísticas y literarias. En esta ocasión, volvemos a elegir la fotografía y la imagen gráfica como instrumento que nos servirá para mostrar su evolución histórica.
Las vistas seleccionadas son una muestra ejemplar de la importancia de Ávila como fuente de inspiración de multitud de artistas, quienes elevaron la ciudad amurallada a un protagonismo extraordinario en el arte moderno del primer tercio del siglo XX y que todavía perdura en las expresiones artísticas actuales.
Al mirar la ciudad a través de la muralla enseguida surgen multitud de manifestaciones culturales relacionadas con la historia, las leyendas, la tradición, el arte, la literatura, la religión, la poesía, la pintura, y la fotografía, que se mezclan con el recuerdo de antiguas batallas y vidas de santos, y el trasiego de campesinos, tratantes, molineros, bataneros, curtidores, arrieros y trajinantes.
Con la aparición de la fotografía, la ciudad de Ávila cobra una nueva dimensión, y especialmente sus murallas, y se convierte a través de la misma en una ciudad impresa en libros, periódicos, revistas, fascículos; una ciudad de inspiración literaria y artística; una ciudad monumental y deseada; una ciudad turística y viajera; una ciudad pintoresca y castiza; una ciudad histórica y ennoblecida; y finalmente en una ciudad coleccionada como cartas de amor.
La ciudad se multiplica y contagia con la imagen más bella. Su reflejo aparece quieto en la fotografía, y transformada en tarjeta postal ilustrada inicia un viaje imperecedero. Y tanta actividad y movimiento generado en la multiplicación de imágenes hoy se rememora en la moda y manía por poseer, mostrar, e intercambiar una foto o postal antigua capaz de engullir y encerrar toda la historia de una ciudad: Ávila.
La fotografía nació en 1839 de la mano de las técnicas del daguerrotipo, y pronto esta ciudad imaginada se hizo presente en la vista universal que ofrece el recinto amurallado, aprovechando que la fotografía se había convertido en el mejor medio de propaganda e ilustración de ciudades, paisajes bucólicos, tipos populares y monumentos. El torbellino de vistas urbanas de la ciudad medieval que iniciaron su viaje por el tiempo un siglo atrás sigue todavía cautivándonos como antaño, haciéndolo con la misma fuerza que entonces. La imagen de Ávila trascendió de una forma masiva y abrumadora al encierro de sus murallas para proyectarse universalmente a través de lo que fue la imagen impresa, la moda de enviar postales y el coleccionismo de tarjetas, así como de la vocación artística de fotógrafos creadores de álbumes monumentales y archivos históricos.
Efectivamente, la representación gráfica de la ciudad abulense, es decir la plasmación y reproducción de imágenes y vistas de la misma, o de motivos históricos y pintorescos propios de sus señas de identidad, ha tenido como mejor exponente la fotografía, y una de las perspectivas más significativas que ofrece Ávila es la de su majestuosa muralla.
Las crónicas que siguen toman como referencia la representación gráfica de la muralla de Ávila acotada al periodo que termina en los años sesenta del mil novecientos. Ello es así, porque a partir de esta fecha comienzan a proliferar las guías turísticas, los libros ilustrados en todas las disciplinas, también la artística y monumental, y las postales en color, donde la representación de la muralla sigue manteniendo el protagonismo, si bien la similitud de las vistas hace menos atractiva su contemplación, sin que ello reste nada a su grandeza. Lo anterior significa que por el camino habremos dejado algunas lagunas en nuestro discurso, por lo que concluimos destacando las continuas y actuales aportaciones que se han realizado en la representación pictórica y gráfica de la muralla.
3. ANTIGUA CIUDAD CASTELLANA SOBRIA.
Adentrados en el interior de la esencia misma de la vieja ciudad, y aproximándonos a su evolución gráfica a lo largo de la historia, observamos que la fotografía ocupa un papel preeminente, y entre las imágenes retratadas, las de la muralla cobran un especial protagonismo. Por ello, aún sin explicar la extraña y poderosa atracción que ejerce Ávila sobre las miradas que se fijan en ella, fotógrafos, retratistas y viajeros aficionados han querido inmortalizarla con vocación de transmitir la idea de su belleza espiritual y material a la humanidad.
“Ávila es un ejemplar muy interesante e imponente de las antiguas ciudades castellanas sobrias. Sus murallas se encuentran en buen estado de conservación”, anotó en su Scramble Charles Clifford, un reputado fotógrafo de reyes y emperadores, cuando retomó el viejo proyecto de crear un álbum monumental de España, donde Ávila debía ocupar un lugar importante. Charles Clifford (1819-1863), fotógrafo británico que se anunciaba como “Fotógrafo de la Reina de Inglaterra, de los Reyes de España, del Emperador de Francia, del Emperador de Rusia y del Duque de Montpensier”, entre otras personalidades, fue el primero que retrató Ávila.
En su obra destaca la imagen de la ciudad y su recinto amurallado con síntomas de desmoronamiento en una vista delimitada por el muro de piedra que define el cordel de Las Moruchas próximo a la carretera de Salamanca.
Lee Fontanella quiso ver en el lugar desde donde se tomó la fotografía impactos autobiográficos del autor, y es que entonces corría el año 1860, Clifford estaba atraído por una vocación artística y aventurera, al margen de su trabajo como reportero de acontecimientos regios o de las importantes obras públicas que se promovían por la corona en la España de Isabel II. En esta ocasión, la simple vista de las murallas transporta al visionario varios siglos atrás, y a partir de ahora la perspectiva de la ciudad que fijó Clifford será uno de los temas fotográficos más definitorios de Ávila.
Otras tres imágenes que hizo en esta época lo fueron del Mercado Grande, del cimorro de la Catedral, y de la fachada principal del templo catedralicio, fotos que se conservan en el Ayuntamiento abulense. Anteriormente, en 1853, Clifford había visitado la ciudad acompañando a los estudiantes de arquitectura de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando que se dirigían a Salamanca, ocasión en la que retrató la iglesia de San Vicente y la catedral.
Una nueva vista de la Ávila tomada desde el cordel de Las Moruchas con la ciudad amurallada al fondo fue realizada hacia 1863 por José Mª Arteaga [atribuida según marca al dorso], época en la que la ciudad cuenta con tres gabinetes fotográficos sitos en las calles de La Magana, 4, Capilla de Mosén Rubí,1 y Plazuela de San Pedro. Arteaga fue un fotógrafo de estudio que también trabajó en Segovia y del que se conservan varios retratos en formato de carte de visite. Él fue, junto con Bernardino Sánchez, a quien nos referiremos en el capítulo siguiente, uno de los primeros “retratistas” que de una manera estable ejerció el oficio fotográfico en Ávila, tal y como se anuncia en la guía de Valeriano Garcés.
4. ENCERRADA DENTRO DE DENTELLADOS MURALLONES.
“Casi perdida entre la niebla del crepúsculo y encerrada dentro de sus dentellados murallones, la antigua ciudad, patria de Santa Teresa, Ávila, la de las calles oscuras, estrechas y torcidas, la de los balcones con guardapolvo, las esquinas con retablos y los aleros salientes. Allí está la población, hoy como en el siglo XVI, silenciosa y estancada”, escribió en 1864 el poeta Gustavo Adolfo Bécquer en la crónica de la inauguración en San Sebastián de la línea ferroviaria del Norte por la reina Isabel II.
Con tal motivo llegó a la ciudad el fotógrafo francés de los tres emperadores (Austria, Francia y Rusia) Auguste Muriel, quien tenía el encargo de realizar un álbum de las localidades por donde pasaba el tren.
Las fotografías de Ávila incluídas en el álbum de Muriel fueron las tres vistas siguientes: Una vista general del norte de la ciudad con la muralla y San Vicente al fondo, la Puerta de San Vicente, y la Basílica de San Vicente. La imagen de la ciudad fue tomada desde la lejanía, buscando una perspectiva por el lado norte siguiendo el trazado del ferrocarril, donde Ávila se resume en un vistazo fugaz.
Con ello, el ferrocarril había cambiado la forma de mirar y percibir el paisaje, y de ver los pueblos y ciudades, los cuales podían contemplarse en grandes panorámicas enmarcadas por la ventana del tren, y aunque sabemos que el origen de estas vistas se encuentra en la cartografía urbana renacentista, lo cierto es que el tren contribuyó a la promoción y admiración de la ciudad percibida desde la lejanía.
Admitido entonces el éxito comercial de las fotografías panorámicas, éstas pasaron a enriquecer los catálogos fotográficos y la posterior edición de coleccionables y postales ilustradas. En Ávila, será entonces la vista que se ofrece de la ciudad amurallada y su entorno la que se repita en lo sucesivo como símbolo de su identidad histórico-artística.
5. VIVID DICHOSOS, QUE YA VUESTRA FORTUNA SE ACABÓ.
Azorín, como tantos otros artistas e intelectuales, admiró las fotos de Jean Laurent (1816-1892) y las utilizó como fuente de inspiración de su obra literaria. Así, en Castilla (1912) escribió sobre Ávila: «¿No habéis visto esas fotografías de ciudades españolas que en 1870 tomó Laurent? Ya están casi desteñidas, amarillentas; pero esa vetustez les presta un encanto indefinible. Una de esas vistas panorámicas es la de nuestra ciudad; se ve una extensión de tejadillos, esquinas, calles, torrecillas, solanas, cúpulas; sobre la multitud de edificaciones heteróclitas, descuella airosa la catedral
(… ). Allí donde está la catedral, donde se hallan sepultados guerreros y teólogos, dos mil años antes un romano acaso recitara unos versos de Virgilio: Hos ego digrediens lacrimis adfabar abortis (yo, desviándome, les hablaba sin poder detener las lágrimas que me venían a los ojos: Vivid dichosos, que ya vuestra fortuna se acabó; mas o nosotros unos hados malos nos traspasan a otros peores”.
Laurent, Fotógrafo de S.M. la Reina y de SS. AA. RR. Los Sermos. Infantes de España, fue quizás el fotógrafo más importante e influyente en la España del siglo XIX. Entre las fotografías tomadas en su visita a Ávila en 1864 sobresalen varias vistas de la muralla, de la puerta del Alcázar, del Ábside de la Catedral, de la puerta de San Vicente, una vista general del recinto amurallado y otra panorámica doble de toda la ciudad.
También destacamos en esta ocasión una vista estereoscópica, entre otras, en la cual se observa el monumento de los Cuatro Postes ocupando el centro de la imagen con las murallas al fondo, pudiéndose también ver a un lado el carrito fotográfico con el que se desplazaba Laurent, foto de igual interés que las estereoscópicas que hizo del ábside de la catedral y del lienzo norte de a muralla.
A estas primeras visitas sucedieron otras que sirvieron para ampliar y enriquecer un catálogo que en 1873 llegaba a los 6.340 negativos, en el que Ávila ya aparecía con 26 imágenes, ocupando un lugar destacado junto a El Escorial, Valladolid, Burgos, Vitoria, Toledo, Córdoba, Sevilla y Granada, según se publicitaba entonces.
La sociedad fotográfica creada por Laurent en 1874 con el nombre de Laurent & Cía para comercializar los miles de negativos que poseía de toda España proporcionó sus clichés de vistas de Ávila y sus monumentos a todo tipo de guías y publicaciones, siendo utilizadas por Meisenbach para la edición de 1886 de la obra de José Mª Quadrado España: sus monumentos y artes, su naturaleza e historia. Las mismas imágenes se incluyeron en la Guía del viajero en Ávila (1886) de Emilio Valverde y Álvarez, obra impresa por Abdón Santiuste, domiciliado en la Calle Caballeros 2, de Ávila, quien era a la vez el depositario en la capital del fondo fotográfico de Laurent.
Las fotografías abulenses de Laurent se reprodujeron también en grabados de Bernardo Rico aparecidos en la Ilustración Española y Americana, principalmente durante 1882, para lo que se utilizaron las mismas planchas de las fotos, y durante 1886 en el coleccionable Panorama Nacional que editaba en Barcelona Enrique Miralles.
Más aún, dichas fotografías fueron reproducidas en La Crónica General de Ávila que dibujó Joaquín Sierra y escribió Fernando Fulgosio en 1870, y en la Descripción e Historia Política, Eclesiástica y Monumental de Ávila (1890) de Valentín Picatoste. A partir de aquí, la ciudad histórica y monumental de Ávila se identificará con la imagen panorámica tomada por Laurent desde el paraje de los Cuatro Postes, y así se divulgará en numerosas publicaciones.
Finalmente, el importante fondo fotográfico creado por Laurent a lo largo de cuarenta años (hasta 1893, aproximadamente) siguió difundiéndose a través de las tarjetas postales que imprimieron la Fototipia Laurent (1901) y su sucesora la Fototipia Lacoste (1902). Con todo, Ávila y su muralla serán identificados con estas imágenes a lo largo de casi un siglo, como si en todo este tiempo la ciudad apenas hubiera evolucionado.
El creciente interés por la contemplación de nuestras ciudades a través de la imagen fotográfica, lo que permitía mantener vivo su recuerdo y disfrutar del mismo, había abierto buenas posibilidades de negocio para los fotógrafos, como demostró la empresa Laurent. Sin embargo, los fotógrafos españoles apenas se aventuraron en esta tarea comercial de hacer y vender fotografías artísticas. Por ello, hay que destacar el trabajo del fotógrafo toledano Casiano Alguacil (1832-1914), quien inició en 1866 la publicación de su obra Museo Fotográfico-Monumentos Artísticos de España, incluyendo también retratos de celebridades y tipos populares.
Con este motivo Alguacil recorrió la ciudad de Ávila tomando casi un centenar de fotografías, destacando ahora los retratos de la Puerta del Alcázar, San Vicente, el ábside de la catedral y la ciudad amurallada vista desde los Cuatro Postes, donde ya se observa restaurado el cuarto cubo por la esquina derecha de la muralla. El almenado de la puerta de San Vicente aparece ya reformado, obra que se hizo en 1876, fecha que nos permite aproximarnos al año en que se hizo la fotografía.
En el último cuarto del siglo XIX ya se había instalado en Ávila el estudio fotográfico de los Hermanos José y Francisco Núñez “Torrón”, los fotógrafos abulenses por excelencia, originarios de Galicia. En 1882, coincidiendo con el tercer centenario de la muerte de Teresa de Jesús, hicieron un álbum en recuerdo de la ciudad formado por veinticuatro vistas de monumentos y de imágenes de Santa Teresa de Jesús que todavía conserva su excelente calidad original. Los Hermanos “Torrón” se dedicaron principalmente al retrato y fotos de estudio, con gabinete en la calle Isaac Peral, y fueron durante décadas los únicos fotógrafos profesionales establecidos en la ciudad de forma permanente y continuada.
En el álbum de 1882 se recogen varias vistas de la ciudad amurallada tomadas desde los Cuatro Postes y desde la antigua carretera de Salamanca, en las que la muralla aparece al fondo como parte inseparable de Ávila envuelta en una pátina sepia. Las puertas del Alcázar y de San Vicente son otros dos motivos interesantes de la cerca, y mientras en la primera todavía aparecen las almenas desmoronadas en la segunda se acaba de producir una reciente reforma que servirá de modelo posterior.
6. DIADEMAS DE TORRES.
La creación en Ávila de la Administración Militar en 1875, instalada en el Palacio de Polentinos, transformada tiempo después en Academia de Intendencia, atrajo la cámara del francés J. David, quien tenía estudio en París en la rue de Courceilles a Levallois y estaba especializado en retratos de grupos de soldados en los acuartelamientos, además de ser el editor de un álbum del Vaticano.
De J. David se conservan diversas imágenes de 1884 y 1909, destacando en esta ocasión una grandiosa fotografía del nuevo puente sobre el río Adaja que había proyectado el ingeniero Justo Fungairiño. El puente fue abierto al tránsito el 26 de marzo de 1883, aunque las obras habían finalizado el 13 de octubre de 1881, las cuales habían sido llevadas a cabo por el contratista Antonino Prieto.
Antonino Prieto fue aparejador municipal, académico correspondiente de la historia, Caballero de la Orden de Isabel la Católica y un hombre ilustrado y culto que también trabajó con los arquitectos Cossín, A. Barbero y Repullés, corriendo a su cargo las sucesivas reformas del Palacio de Polentinos para academia militar, además de las realizadas en la Basílica de San Vicente y las murallas, entre otras obras importantes.
Por otro lado, la presencia permanente del ejercito en la ciudad propició un número abundante de fotografías y postales, de las que una buena parte de ellas, firmadas por el fotógrafo Carrasco, fueron incluidas por Rafael Fuertes Arias en su extensa y documentada Monografía Histórica de la Academia de Intendencia del Ejército (Ávila 1875-1936), cuya consulta ofrece multitud de ilustraciones e imágenes casi desconocidas de Ávila y su muralla.
Otros fotógrafos que retrataron la academia y los grupos de oficiales y soldados fueron J. Bonafós (1884), J. Padró (1909), B. Galmes (1923) y Mayoral Encinar (1940), debiendo añadir también el álbum dedicado al Rey Alfonso XIII por Juan Serra Mercader fechado el 23 de enero de 1912.
“Amplio desierto donde la diadema de torres sobre el Adaja ciñe una ciudad silente”, escribió el ilustre pensador Jorge Santayana, quien cuando venía de París en los años ochenta y noventa del siglo XIX, recuerda con profundos sentimientos: “Pasadas las estaciones de Arévalo y Mingorría, esperaba ver en cualquier momento a la derecha, descendiendo suavemente hacia el lecho del invisible río, las perfectas murallas de Ávila, reluciente cada bastión a los rayos horizontales del sol, y la torre de la catedral un poco por encima de la línea de los bastiones y no menos imperturbable, sólida y grave”.
Desde París, y en esta misma época de 1888, llegó a la ciudad la casa fotográfica Lévy & Cie, y las vistas de Ávila y su muralla que hizo fueron una panorámica desde los Cuatro Postes y una del arco del Alcázar, así como varias estereoscópicas del ábside de la catedral, la puerta de San Vicente y la ermita de San Segundo, rubricadas por la casa Lévy et ses fils bajo la firma L.L., las siglas de sus fundadores León y Lévy, con cuya denominación los hijos de Lévy (Julies, Ernest y Lucien) editaron millones de tarjetas postales. Una vez más, la muralla se convierte en el icono universal de Ávila.
Siguiendo la estela de Santayana y sus recuerdos de la ciudad decimonónica, nos encontramos ahora con Isidro Benito Domínguez (1874-1932), arquitecto diocesano que tenía su residencia en Ávila en la finca de Tous, situada entre el río Chico y el antiguo camino de la Ermita de Sonsoles, lugar donde había instalado su particular taller fotográfico. Los temas predominantes de las fotos de Isidro Benito son los paisajes que se divisan desde el Adaja, los monumentos de San Vicente, Santo Tomás, portadas señoriales y, especialmente, una panorámica de la ciudad, una vista general de Ávila, y otra de las murallas desde la presa de la fábrica de harinas sobre el río Adaja.
Como arquitecto, Isidro Benito fue una de las figuras capitales de la arquitectura abulense con una obra que abarca de finales del siglo XIX y principios del XX, donde se incluyen la fundición para fábrica de la luz levantada en 1894 junto al Adaja y frente al lienzo sur de la muralla, y la restauración de la torre de San Nicolás, así como los singulares edificios modernistas de la actual calle Don Gerónimo, ocupados hoy por “Tejidos Catalanes” y la pastelería “La Flor de Castilla”.
Finalmente, añadir a la biografía de Isidro Benito su amistad con el también arquitecto Enrique Mª Repullés, con el contratista y académico Antonino Prieto, y con el yerno de éste, el médico y pintor Manuel Sánchez Ramos, todos ellos aficionados y coleccionistas de fotografías de Ávila, e interesados por la conservación y defensa de las murallas y el patrimonio monumental de la ciudad.

FUENTE:https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234

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