POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).
Dormir con la ventana abierta en Burgos sin haber llegado julio.
Madrugada de partido insulso con amanecer silencioso de ruidos de ciudad.
Hoy he escogido el tilo.
Bajo sus hojas relajantes, oigo a lo lejos el gallo que canta con su quiquiriquí rallado, rayana Soria.
Todavía la chicharra está callada porque el sol sólo consigue difuminar su luz desde el horizonte.
Y son los mirlos con su canto seco, acompañados por herreríllos y carboneros, los que invaden el moral de blancos y dulces frutos.
Apus apus observan desde el cable de la luz tarareando Aquarela.
Un gato me mira curioso pensando que si soy el de otros años. Pero no lo soy. Nadie lo es
Cuánto más viejo, más pellejo, decía mi madre.
Ya se levantó el de los cuatro cubatas.
Vamos a desterrarnos a La Vid, a almorzar.
Polvo, sudor y hierro, Antonio y Agustín cabalgan…
