POR .BIZÉN D’O RÍO MARTÍNEZ CRONISTA OFICIAL C. HOYA DE HUESCA
El saludador (de salud-dador) fueron en España unas personas que se les permitía curar a otras personas y animales afectados por el mal de la rabia o hidrofobia, para ello, hacían uso de su aliento y su saliva. Era una persona dotada de un don especial que era recibido por las circunstancias de su nacimiento, como: ser el séptimo hijo, haber nacido en Jueves Santo, Viernes Santo, Nochebuena o día de la Encarnación. Haber llorado en el vientre de su madre y que esta lo oyere.
Ser mayor de dos hermanos gemelos. Haber nacido con el mantillo ( o bolsa amniótica). En todos estos casos eran considerados como familiares de Santa Quiteria abogada de la rabia y se distinguían o eran reconocidos por tener grabado una serie de signos distintivos, habitualmente ubicados debajo de la lengua o en el paladar, un crucifijo o la rueda del martirio. El saludador o dador de salud, poseía una gracia innata que curaba a personas los animales domésticos y al ganado por medio de su saliva.
Para poder ejercer su oficio, los saludadores debían ser examinados por el obispo de su diócesis o por el Tribunal de la Santa Inquisición, que eran en definitiva quienes les proporcionaban una licencia, resultando corriente que en algunas Instituciones Sinodales se hiciera constar: “Mandamos que los saludadores sean examinados y no les sea admitida ninguna cura o concejo sin licencia de nuestro previsor, so pena de excomunión o de mil maravedís”. En ocasiones podían ser examinados por un arcipreste, un canónigo o un abad de monasterio, quienes además comprobaban que su poder no provenía de un pacto con el demonio.
En los siglos XVI y XVII eran requeridos en momentos puntuales o de necesidad y satisfechos económicamente, pero en los tiempos difíciles de aquellos siglos, los Concejos o Ayuntamientos llegaron a buscar seguridad contratando a estos saludadores, a los cuales llegaron a pagarles una importante cantidad de dinero o bien de trigo, asegurando de esta forma el que atendieran a sus vecinos y ganados, claro que, en el caso de no ser vecino, se fijaba una cantidad en el acuerdo al objeto de que hicieran dos visitas anuales a esa población, pero la cantidad fijada en el acuerdo sólo era para el pago de dos visitas anuales, siendo cada vez que fuera llamado, el tener que abonarle un jornal además de los gastos de caballerías, criado y alojamiento, también los hubo que recibían su salario en función del número de vecinos de cada población y de las cabezas de ganado que tuvieran como posibles enfermos.
Se otorgaron contratos entre municipios y saludadores que duraron muchos años y casos muy concretos como el de Juan Rodríguez de Palacio que era un saludador afincado en Getafe, que era requerido por el Concejo de Madrid por medio de salario más un cahíz de trigo al año para que estuviera obligado a llegar a la Villa y Corte siempre que fuere necesario, Concejo que por otra parte al no tener un saludador entre la población, decidieron pagarle el alquiler de una casa al de Alcobendas para que fuera a vivir y abonarle además 500 maravedis al año.
Ciertamente, hubo otras muchas personas que ejercieron a la vez de ensalmadores, conjuradores y santiguadores, entre ellos, un saludador manchego, séptimo hijo varón, que actuó como santiguador en un intento de curar sin éxito a la reina Dña Mariana de Austria, madre de Carlos II de un cáncer que padecía en 1696, actuando durante nueve días, por la mañana y por la tarde, santiguando a la enferma, signándola con un crucifijo mientras repetía: Yo te santiguo , Dios te sane.
En la ciudad de Huesca, según Archivo Municipal conocemos el pago efectuado el 25 de septiembre de 12 sueldos para el saludador, y otro de fecha 19 de noviembre de 1506 de otro pago al saludador de santa Quiteria de 6 sueldos, claro que podemos asegurar que en Aragón fueron muchos saludadores castigados por dedicarse a su vez a la hechicería y un duro golpe a estos farsantes y pícaros, vendría por el Real Despacho de 24 de diciembre de 1755 que Ordenaba: “Que de aquí en adelante no se paguen de los efectos de la República maravedís algunos a ningún saludador por salario ni en forma, so pena de que lo contrario haciendo, se cargara a los capitulares como a particulares”.
En el Altoaragón, las localidades de: Abena, Agüero, Alquezar, Biscarrués, Bolea, Guaso, Lanuza, Montfalcó, Naval, Pañalba, San Felices, San Román, Sena, y Tardienta, prefieren acogerse al patrocinio de la Santa Mártir del siglo II, hija de Lucio Castelio y de Calvia, con su rezo: “Remedio sois desde el Cielo // contra rabia contagiosa // dad a los fieles consuelo Santa Quiteria gloriosa”.
FUENTE: B.DÓ R.
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