POR PEPE MONTESERÍN, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS)
Trasplantes de tejidos, células, riñones, pulmones, corazones, sangre, médula, intestinos, piel, páncreas… San Cosme y San Damián, allá por el siglo III, trasplantaron la pierna gangrenada de un cura por la de un gladiador muerto; el doctor Frankenstein logró un trasplante de cerebro, no sé si se trasplanta la inocencia, y el doctor Barnard, allá por los años 60, trasplantó el primer corazón, en contra de aquel verso de Yeats: “Nunca des tu corazón por entero”, aunque homenajeado por Neruda con aquel otro: “Para mi corazón basta tú pecho”. El corazón, ya que no el alma, parece el máximo logro en cesión de órganos. ¿Y el mínimo? Trasplantes de heces, de microbiota fecal; sí, se trasvasan zurullos de una persona sana a una enferma para tratar infecciones intestinales. Aunque supongo que, como en los casos más nobles, aunque se mantenga el anonimato, nadie querrá conocer a su donante de mierda.
Fuente: https://www.lne.es/
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