INTERVENCIÓN DE CAUDALES DEL AYUNTAMIENTO DE PARRES ENTRE 1867 Y 1875
Abr 29 2026

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).

                                                     

Aún el escudo era la moneda oficial en España en 1867, de modo que los primeros pagos de ese año que aparecen en el libro inventario de caudales son para Juan Herrerín por el anuncio de la vacante de la Secretaría, sellos de franqueo y otros efectos.
La lista de pagos es notable en cuanto a los abonos por dar muerte a los que se consideraban animales dañinos, así Diego Amor, Ramón González, Fernando de Diego Canto, Francisco Cibrián, Francisco Molledo y muchos otros recibieron entre 7 y 13 escudos por dar muerte a zorros, tejones, hurones, garduñas, águilas y otros.
Eran indemnizados por algunas fincas con libramiento entre 17 y 88 escudos, como fue en el caso de José Migoya, Lucio Blanco, José Estrada, Manuel de Diego, Teresa Fernández, Domingo Gutiérrez, Manuel Corro y muchos otros.
Se anotan expropiaciones para hacer caminos, como en caso de María del Cueto para abrir la ´avenidas´ del puente de Romillo.
No sólo había enfermos locales a los que se les prestaba ayuda económica, sino que a veces eran enfermos transeúntes.
Se registraron pagos de todo tipo, como 2 escudos a Vicente Somoano por una caja de plumas y un portaplumas, y al mismo Somoano 2,30 escudos por los libros del Registro Civil.
Los pagos a alguaciles, municipales y maestros quedaron registrados como tales, en el caso de estos últimos siempre se indicaba en primer lugar a don José de Mier y se añadían los demás maestros del concejo sin citarlos por su nombre.
La mayoría de las escuelas públicas y las habitaciones que ocupaban los maestros y maestras estaban casi siempre en edificios privados, a cuyos dueños se les abonaba la correspondiente renta, como eran el caso de Ramón Inocencio del Valle o de Amalia Blanco y Valdés. Vicente Somoano también tenía en alquiler por 100 pts. anuales una casa que ocupaba la maestra de niñas de la villa de las Arriondas.
José de Mier Gutiérrez fue nombrado como maestro de la Escuela Elemental de niños del Concejo de Parres el día 6 de junio de 1862, propuesto por la Junta Provincial de Instrucción Pública, confirmando su nombramiento el Rector de la Universidad, Marqués de Zafra.
Ramón Inocencio del Valle, notario, certificó que su sueldo sería de 2.500 reales anuales, tenía derecho a una habitación para sí y su familia, así como a las retribuciones de los niños que pudiesen pagarlas.
Como ya comenté en un extenso artículo, según los documentos que se conservan sobre su vida y profesión, el maestro recibió todo tipo de alabanzas y parabienes por su labor. Tanto el párroco Jacinto Álvarez Piloña, como el Presidente de la Junta Local de Instrucción Pública Ramón Llano y sus componentes, dejaron constancia de que en los años que ejerció como maestro siempre fue puntual, de una conducta moral y política intachable y trabajó con acierto, sacando adelante discípulos aventajados, algunos de ellos premiados por el inspector provincial en sus visitas a la escuela.
José de Mier tenía esposa y cinco hijos y 2.500 reales no daban para mucho. Contrajo deudas que le obligaron a emigrar a Cuba. Allí volvió a ejercer de maestro en la escuela S. Francisco de Asís de Sagua la Grande, en la provincia de Las Villas (hoy Villa Clara).
En las cartas que envió a su esposa -Josefa González- y a sus hijos, llenas de sentimiento y recuerdos, contaba la dura enfermedad que casi le dejó en los huesos, al igual que narra las primeras revueltas independentistas. Fue movilizado y llegó a obtener el grado de capitán.
Con gran pesar cuenta cómo los pesos que había ganado se le quedaron en la mitad, debido a las devaluaciones y reconversiones monetarias del gobierno de España, al borde de la bancarrota producida por la Guerra de la Independencia cubana (1895-1898).
En la última carta dirigida a su esposa que vivía en Castañera -un mes antes de su regreso-, cuenta las miserias y el hambre que estaba causando la guerra, con las calles cuajadas de pobres andrajosos.
De modo que, en 1897 -tras quince años de maestro en la isla- dejó un sustituto en la escuela y regresó a Asturias con un permiso de ocho meses. Embarcó el día 20 de junio y llegó aquí diecinueve días después, pero nunca más volvió a Cuba.
Un año después, Cuba proclamaba su independencia con la ayuda de Estados Unidos, a los que España se vio obligada a ceder Puerto Rico y Filipinas.
En el otoño del primer año del siglo XX, José de Mier fallecía a los 65 años, había sido el primer maestro de las escuelas de San Martín de Parres. Sus restos reposan desde entonces -con los de sus descendientes- en el panteón familiar muy próximo al lugar donde comenzó su andadura como maestro hace 164 años.
En el inventario de caudales -al que aquí me refiero- se pueden encontrar en el mes de mayo de 1868 por jornales abonados a los obreros que dirigía Sinforoso Salas en sus labores -durante trece días en el camino desde Ozanes hasta la Vega de los Caseros- el abono de 155 escudos, pero al mismo se le pagaron 2.581 escudos por reparaciones en el camino de Arriondas a Caravia.
En multitud de casos aparece Venancio de Pando por abonos que se le hacían por compras de pólvora, impresos, sellos de franqueo, libras de velas, arrobas de carbón y -sobre todo- por la renta que se le abonaba por su casa, la cual se utilizaba como ayuntamiento; renta que percibió mientras se levantaba la nueva Casa Consistorial en la plaza que acabó llevando su nombre.
A los empleados municipales se les restaba de su sueldo el 5% para abonarlo a la Hacienda Pública.
Por los presos pobres del concejo que estaban en la cárcel de Cangas de Onís se abonaba una cantidad para su manutención.
La Junta Revolucionaria de Asturias de 1869 -enmarcada en el contexto del Sexenio Democrático (1868-1874)- aparece como Junta Local tras la Revolución conocida como “La Gloriosa” que destronó a la reina Isabel II, juntas que fueron neutralizadas por el Gobierno Provisional que consolidó la coalición liberal monárquica.
El 28 de junio de 1869 la guardia de la disuelta Junta Revolucionaria recibió de las arcas municipales de Parres 128 escudos en concepto de sueldos, municiones para defensa de la Junta y por conservar el orden público.
También los ´emigrados´ pobres recibían ayuda, como fueron Alberto Robert Luis Frassinely (sic), Juan Brillent y Jacob Chablee (“que han transitado por este concejo” en el corriente año de 1869). Vistos sus apellidos tal vez el interventor -aunque escriba ´emigrados´- puede que se refiera a migrantes de paso de otros países, tal vez peregrinos a Santiago, pero tan solo recibieron 1 escudo y 50 reales.
Eran arrendatarios de los consumos de “comer, beber y arder” Benito Labra y José M. Miyar, quienes abonaban a plazos al ayuntamiento los varios cientos de escudos de sus ganancias de administradores.
Carlos Díaz y Valle aparece como arrendatario sobre los derechos de consumo en 1874.
Los partes de los resultados de elecciones se remitían a la estación telegráfica de Ribadesella y el encargado de llevarlos era José Pérez Diego “vecino de las casas de La Sala del lugar de Castañera”. El porte suponía 3,60 escudos.
Era María González estanquera en la villa de Las Arriondas. A ella se le abonaban los sellos, papel, impresos, velas, carbón, escobas, hilo y otros objetos que precisaban en la casa consistorial.
Era Ramón Inocencio del Valle el secretario, Antonio Fernández Llano el depositario del Hospital Provincial de Oviedo al que se le remitían los haberes por enfermos parragueses pobres, y las obras del nuevo ayuntamiento estaban en manos del contratista José Pendás.
Hablaremos ya en pesetas en 1870, como en el caso de José García Valles -vecino de Arobes- en relación con el empréstito con intereses de 8.500 pts. que realizó para las obras de construcción de la nueva casa consistorial.
Cuatro años después volveremos a encontrarlo prestando al ayuntamiento 3.500 pts.
El presupuesto de ingresos del Ayuntamiento de Parres para el año 1870 fue de 26.054,20 pesetas, y el de gastos para el mismo año fue de 16.122, 47 pts.
El 31 de diciembre de 1872 cuadraron los ingresos y los gastos de ese año en la misma cantidad de 12.985,97 pts. (para ello hicieron saber que los gastos del periodo ordinario habían sido de 11.693,92 pts. pero en el periodo de ampliación gastaron 1.292,05 pts. más, de modo que sumaban los citados 12.985,97 pts.).
Era alcalde Santiago Ruiz y secretario el tantas veces mencionado Inocencio del Valle.
Lo mismo ocurre en diciembre de 1874 cuando los ingresos y gastos del año se hicieron coincidir en 11.106,36 pts.
Francisco Marinas -alguacil- aparece como el encargado de la conducción de personas a otros lugares, como en el caso del día 28 de abril de 1874 cuando se le abonaron 20 pts. por conducir a cuatro presos carlistas -que había remitido la alcaldía de Cangas de Onís- al Gobernador de la Provincia.
También recibiría 33,50 pts. por los gastos de asistencia y medicamentos a dos militares que fallecieron en nuestra villa.
Son curiosos pagos como el efectuado por un viaje a caballo que realizó Manuel Longo desde Arriondas a Ribadesella por orden del jefe de la columna que había pernoctado en las Arriondas el 24 de abril del año 1874, el abono por 7,50 pts. lo recibió el dueño del caballo, Francisco González Castañedo.
Gaspar González Sorbín recibió 15 pts. por los gastos de la consulta realizada en el Infiesto sobre un ´litis´ (litigio, pleito) del camino de Bada.
(Como vemos -y es sabido- se escribía las Arriondas y el Infiesto).
A Francisco de Junco -vecino de Castiello- se la pagaron 17,50 pts. por hacer 370 bolas (damos por hecho que serían de madera) para el sorteo de la reserva extraordinaria de soldados.
Transportaba los bagajes Andrés Blanco, de modo que recibió 255 pts. por el servicio realizado a diferentes cuerpos del ejército que se lo solicitaron. Labor que también prestaba Francisco Pandiello.
Por el primer semestre del año 1874 el médico-cirujano del concejo José García Sánchez percibió 375 pts.
Con los años encontraremos en otro archivo que el que había sido médico municipal durante cincuenta años, José García Sánchez, falleció en 1909 y su hija Covadonga solicitó una ayuda del Ayuntamiento “en concepto de lutos” y por una sola vez le concedieron 389,65 pts.
Es ésta una cuestión que -en el fondo- ocultaba una cruda realidad, la pobreza en la que quedaban algunos familiares, incluso los que se consideraban de cierta elite o nivel más alto.
Aquel 19 de marzo de hace 152 años se requisaron varios caballos para tres viajes que hizo a Oviedo Isidro Ballina con el fin de representar al ayuntamiento en la entrega de quintos. Por ello le abonaron 85,50 pts.
El hoy desaparecido pequeño puente de La Sala precisó de un gasto de 89 pts. por las obras realizadas en él por Fernando Miyares el 20 de mayo de 1875.
Hubo que cortar los castaños del lugar de La Beciella para hacer el camino de Pilanegro a San Andrés, por ello le pagaron 27 pts. a su propietario Francisco González Donadios, aunque se precisa que esa era la mitad de su valor.
Y en el mismo lugar, a Francisco Fuentes y Río le pagaron 72,19 pts. por los terrenos que le ocuparon para el mismo camino.
Se hace notar en el registro que también era la mitad del precio de su finca nominada como “Pozo de la olla”.
Todo el camino desde la villa de las Arriondas hasta el barrio de San Andrés costó 445,56 pts.
Terminemos el día 31 de diciembre de 1875 con los nombres de los quintos conducidos a Oviedo por Francisco Pandiello (se le abonaron por ello 20.50 pts.), llamados para servir en el ejército, según la reserva correspondiente:
-Fernando Pérez y Portilla (n.º 10 de la reserva de 1873) para cubrir el cupo de la quinta de 70.000 hombres.
-Celedonio del Rojo (n.º 86 de 1ª serie en la quinta de 100.000 hombres).
-Faustino Ceñal (padre del quinto Felipe (n.º 83 de la 1.ª serie) de este mismo reemplazo.

FUENTE:https://www.facebook.com/franciscojose.rozadamartinez

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