JOSÉ ALARCÓN, EL ALCALDE QUE DEFENDIÓ A CARTAGENA EN 1840
Jun 27 2026

POR LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN CRONISTA OFICIAL DE CARTAGENA (MURCIA) .

                                                   

Hay una idea que quienes conocemos la historia de Cartagena hemos aprendido hace tiempo: los conflictos entre Cartagena y Murcia no son fruto de una rivalidad moderna ni de una disputa artificial alimentada por intereses coyunturales. Son la consecuencia de una tensión histórica que se repite generación tras generación entre una ciudad que lucha por conservar su personalidad, su capacidad de decisión y su protagonismo, y un modelo político y administrativo que sistemáticamente ha tendido a concentrar el poder lejos de ella. Quien no quiera verlo probablemente desconoce la historia. Y quien lo conoce y lo niega quizás hace tiempo que dio por perdida una batalla que los cartageneros llevan librando siglos.

Esta reflexión vuelve a cobrar actualidad gracias a un extraordinario conjunto documental conservado en el Archivo Municipal de Cartagena. Son proclamas, manifiestos, bandos y comunicaciones oficiales redactados durante los acontecimientos revolucionarios de 1840 que, casi dos siglos después, salen nuevamente a la luz para recordarnos una vez más la inmensa riqueza histórica de esta ciudad. Cada documento conservado en nuestros depósitos es una ventana abierta al pasado, pero algunos poseen además la capacidad de explicar el presente. Estos textos pertenecen a esa categoría.

 

España atravesaba entonces uno de los momentos más complejos de su historia contemporánea. La Primera Guerra Carlista acababa de concluir, la regente María Cristina veía cuestionada su autoridad y la polémica Ley de Ayuntamientos impulsada por los moderados provocaba una profunda reacción entre los sectores progresistas. El país se agitaba entre pronunciamientos, juntas revolucionarias y enfrentamientos políticos que acabarían provocando la caída de la Regencia y el ascenso del general Espartero.

En medio de aquella crisis nacional aparece la figura del alcalde constitucional de Cartagena, José Alarcón. Hoy apenas recordado fuera de los círculos especializados, los documentos recuperados nos permiten descubrir a un personaje de enorme relevancia en aquellos acontecimientos. No era un revolucionario exaltado ni un agitador político. Era un alcalde profundamente comprometido con la legalidad constitucional, con el mantenimiento del orden público y, sobre todo, con la defensa de los intereses de Cartagena.

Imagen principal – 1. Bando del alcalde José Alarcón. 2. Fotografía de la reina regente de España María Cristina en 1840. 3. Foto del general Baldomero Espartero, regente de España en 1840
Imagen secundaria 1 – 1. Bando del alcalde José Alarcón. 2. Fotografía de la reina regente de España María Cristina en 1840. 3. Foto del general Baldomero Espartero, regente de España en 1840
Imagen secundaria 2 – 1. Bando del alcalde José Alarcón. 2. Fotografía de la reina regente de España María Cristina en 1840. 3. Foto del general Baldomero Espartero, regente de España en 1840
1. Bando del alcalde José Alarcón. 2. Fotografía de la reina regente de España María Cristina en 1840. 3. Foto del general Baldomero Espartero, regente de España en 1840.
La lectura de estos textos resulta reveladora. En ellos encontramos una ciudad que se niega a aceptar pasivamente decisiones tomadas desde Murcia. Una ciudad que reivindica su derecho a actuar con autonomía y que llega incluso a constituir una Junta Provisional de Gobierno independiente de la establecida en la capital provincial. Los documentos son claros y contundentes. Cartagena reclama entenderse directamente con Madrid, rechaza determinadas imposiciones procedentes de Murcia y defiende que sus intereses específicos deben ser tenidos en consideración.

No se trata de una anécdota. Tampoco de una cuestión sentimental. Lo que encontramos aquí es una constante histórica que aparece una y otra vez a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI. Cartagena era en 1840 la principal base naval del Mediterráneo español, sede del Departamento Marítimo, puerto estratégico, arsenal militar y una de las ciudades de mayor importancia geoestratégica del país. Sin embargo, buena parte de las decisiones que afectaban a su futuro se adoptaban desde una capital provincial cuya realidad económica, social y territorial era completamente distinta.

Aquellos cartageneros eran perfectamente conscientes de esta contradicción. Por eso reaccionaron. Por eso defendieron su capacidad para gestionar sus propios asuntos. Por eso rechazaron cualquier intento de subordinación que considerasen perjudicial para la ciudad. La actuación de José Alarcón durante aquellos días refleja precisamente esa voluntad de resistencia institucional. Cuando fue acusado de haber promovido actuaciones militares fuera de Cartagena o de haber participado en determinadas maniobras políticas, respondió públicamente exigiendo pruebas y defendiendo con firmeza su conducta. Sus escritos transmiten la serenidad de quien está convencido de actuar conforme al interés general.

Reivindicaciones familiares
Lo más sorprendente es comprobar hasta qué punto aquellas reivindicaciones resultan familiares para cualquier observador actual. En los documentos de 1840 aparecen conceptos como autonomía administrativa, capacidad de decisión, respeto a la voluntad popular o necesidad de gestionar directamente los recursos propios. Son argumentos que volveremos a encontrar durante la Revolución de 1868, durante el Cantón de 1873, en las reivindicaciones provinciales del siglo XX y en numerosos debates contemporáneos. La historia cambia los escenarios y los protagonistas, pero muchas veces mantiene intactas las cuestiones fundamentales. Estos documentos también desmontan algunos tópicos. Cartagena no aparece como una ciudad levantisca o desordenada. Todo lo contrario. Las autoridades insisten constantemente en el mantenimiento del orden, la transparencia administrativa y el respeto a la legalidad. Se publican acuerdos, se fiscalizan los fondos públicos y se evita cualquier tipo de represalia. La ciudad quiere demostrar que posee madurez política suficiente para gobernarse a sí misma.

Por eso la recuperación de estos textos tiene un valor que va mucho más allá del interés puramente histórico. Nos permiten comprender mejor quiénes fueron aquellos cartageneros y, en buena medida, quiénes seguimos siendo hoy. Porque la identidad de Cartagena no surge de consignas modernas ni de construcciones ideológicas recientes. Es el resultado de una experiencia histórica acumulada durante siglos. Una ciudad que fue capital cartaginesa, colonia romana, sede episcopal, gran base naval de la Monarquía Hispánica y motor industrial del sureste peninsular difícilmente podía aceptar convertirse en un actor secundario dentro de su propio territorio.

José Alarcón y las gentes de Cartagena de 1840 entendieron perfectamente esta realidad. Gracias a los documentos conservados en el Archivo Municipal hoy podemos volver a escucharlos. Y lo que nos dicen desde casi dos siglos de distancia sigue siendo extraordinariamente actual: Cartagena podrá cambiar de época, de gobernantes o de circunstancias, pero cuando percibe amenazada su personalidad colectiva siempre vuelve a reaccionar. No por orgullo ni por capricho, sino porque la defensa de su identidad ha sido históricamente una cuestión de pura y mera supervivencia.

FUENTE:https://www.laverdad.es/murcia/cartagena/fotohistorias/jose-alarcon-alcalde-defendio-cartagena-1840-20260627220857-nt.html#goog_rewarded

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