POR FERNANDO JIMENEZ BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CÁCERES.
El próximo 2 de octubre se cumplirán 77 años de la inauguración de un espacio que cambió la forma de practicar deporte y disfrutar del verano en una ciudad que, a finales de los años 40, apenas disponía de instalaciones públicas de estas características. La fecha que quedó señalada en la historia de la Ciudad Deportiva fue el 2 de octubre de 1949. Aquel día se inauguró su campo de fútbol después de más de dos años de obras, iniciadas en 1947.
El Cacereño fue el encargado de estrenar el denominado Stadium con una victoria por un gol a cero frente al Almería. El encuentro deportivo sirvió como acto central para presentar un complejo promovido por la Organización Sindical Educación y Descanso durante la dictadura franquista.
El proyecto fue obra del arquitecto Fernando Hurtado Collar. En su ejecución también participó el aparejador Eulogio Picón, mientras que los terrenos fueron cedidos por el Ayuntamiento de Cáceres.
La financiación procedió de varias administraciones e instituciones de la época: la Delegación Nacional de Sindicatos, el consistorio cacereño, la Diputación Provincial y el Gobierno Civil. El proyecto estaba concebido en dos fases y contemplaba piscinas, campo de fútbol, gimnasio, pistas de baloncesto y tenis, frontón, jardín infantil y otras dependencias.
El paisaje que rodeaba las instalaciones tenía muy poco que ver con el actual. La Ciudad Deportiva se levantó prácticamente aislada, cuando la expansión urbana todavía no había alcanzado la zona del Rodeo. El hospital San Pedro de Alcántara no se construiría hasta varios años después.
La auténtica playa de Cáceres
«En aquella época no existía nada igual», recuerda Fernando Jiménez Berrocal, cronista oficial de Cáceres y responsable del Archivo Histórico Municipal.
Jiménez Berrocal conoció las instalaciones durante su infancia. Acudía con sus amigos desde Pinilla y recuerda la Ciudad Deportiva como uno de los grandes puntos de encuentro de los jóvenes cacereños.
Para muchas familias, aquellas piscinas eran el único destino posible durante las vacaciones. Mientras quienes disponían de mayores recursos económicos podían salir de la ciudad o bañarse en instalaciones privadas, las clases populares encontraron en el complejo del Rodeo un lugar accesible al que podían llegar andando.
«Era la auténtica playa de Cáceres», explica el cronista. La definición resume el papel que desempeñó el recinto durante décadas: un espacio para refrescarse, reunirse con los amigos, comer bajo los árboles y pasar jornadas enteras sin necesidad de abandonar la capital cacereña.
Los trabajadores disponían de un carné en el que se tachaban los días de los meses estivales en los que utilizaban las piscinas. Aquel sistema regulaba el acceso a unas instalaciones que llegaron a convertirse en parte de la rutina de miles de familias.
En sus primeros años había tres vasos principales. Uno estaba destinado a los cadetes; otro era conocido como la piscina de los cuatro metros por su profundidad; y un tercero estaba reservado para las mujeres. Posteriormente se incorporó una piscina infantil.
Las normas reproducían las costumbres sociales de la época. Los hombres no podían acceder al vaso destinado a las mujeres, una separación que hoy permite medir cuánto han cambiado la sociedad y la propia utilización de los espacios públicos.
La piscina de mujeres cerró hace aproximadamente quince años. Su deterioro era tan importante que no fue recuperada durante las posteriores obras de reforma, ya que la intervención habría exigido prácticamente construirla de nuevo.
En 2013, la Junta formalizó un contrato para realizar obras de adecuación y reforma en las piscinas del Centro Nacional de Tecnificación Deportiva Ciudad Deportiva de Cáceres.
La Ciudad Deportiva llevó inicialmente el nombre de José Sanz Catalán, delegado provincial del Sindicato Vertical. Sanz Catalán estaba casado con una cacereña y posteriormente fue destinado como agregado a la Embajada de España en París.
Tras su fallecimiento, su nombre se incorporó a la denominación oficial del recinto. La referencia sindical desapareció con la llegada de la democracia, pero el complejo conservó su función como uno de los principales espacios públicos dedicados al deporte en Cáceres.
Su importancia no se limitaba al baño. Las familias podían preparar la comida en la arboleda y pasar allí prácticamente todo el día. La cercanía con el centro facilitaba el desplazamiento a pie y permitía convertir una jornada en la piscina en unas vacaciones al alcance de quienes no podían viajar.
Ese carácter social explica buena parte de la reacción provocada por el cierre. Para muchos cacereños, las piscinas no son únicamente una instalación deportiva, sino un lugar asociado a la infancia, las primeras amistades, los cursos de natación y los veranos compartidos.
Mucho más que piscinas
El recinto creció hasta convertirse en un gran complejo deportivo. Además del estadio y las piscinas, contó con frontones, pistas de tenis y espacios para diferentes disciplinas.
En la zona que hoy ocupan la piscina climatizada y el pabellón existió también un campo de hípica. El proyecto de esta pista se planteó en 1950, cuando la práctica ecuestre tenía una presencia destacada durante la feria de Cáceres.
Con los años se incorporaron nuevas infraestructuras hasta configurar el actual Centro de Tecnificación Deportiva. La Ciudad Deportiva dispone de pabellón, frontones, piscina climatizada, pistas polideportivas, atletismo, campo de fútbol, tenis, gimnasio, galería de tiro y residencia para deportistas, entre otros servicios.
Ese crecimiento convirtió al recinto en un gigante deportivo integrado ya en el casco urbano. La ciudad terminó rodeando unas instalaciones que en 1949 habían sido levantadas prácticamente en mitad del campo.
