POR JOSE MANUEL LÓPEZ GÓMEZ, CRONISTA OFICIAL DE BURGOS Y FUENTECÉN.
La vida de Felisa Martínez Ruiz, la primera médica de la provincia de Burgos, fue frenética. Descrita como una «mujer menuda, enérgica, muy decidida» y de gran competencia profesional, desempeñó su labor entre Madrid, Oña y Soria, dedicándose sobre todo a la puericultura y la pediatría.
Ella nació en Miraveche, una localidad ubicada en La Bureba, según recoge el libro ‘Los inicios del ejercicio médico de la mujer en Burgos’, de José Manuel López Gómez. Su padre, Antonio Martínez Lagándara, había nacido en Aranda de Duero, pero comenzó su carrera como médico en este pueblo a 147 kilómetros tras estudiar en Madrid. Allí se casó con Cristeta Ruiz, que tenía diez años menos que él (16 en 1897).
Felisa, la primera médica de la provincia de Burgos, nació el 5 de marzo de 1902 y creció feliz en este pueblo de La Bureba. En 1911 su familia se mudó a Pancorbo, a 13 kilómetros, por el trabajo de su padre. Después, este mismo insistió en que la joven debía estudiar bachillerato, para lo que fue enviada a Vitoria.
Una alumna brillante
En 1917 se graduaba de bachiller y, quizás por tradición familiar, Felisa Martínez decidía estudiar Medicina en la Universidad de Valladolid, la segunda de España en aceptar mujeres como alumnas. El autor describe a la médica como «inteligente» y «capacitada» y ya entre 1917 y 1924 realiza los estudios previos y Medicina.
Felisa Martínez era una estudiante brillante y obtuvo tres matrículas de honor y 17 sobresalientes, según el investigador López Gómez. Asimismo, junto a su hermano, también estudiante de Medicina, acompañaba a su padre en visitas domiciliarias o debatían temas médicos.
Cuando terminó sus estudios, Felisa fue la única mujer de su promoción, con un total de 54 alumnos. Antes que ella, sólo cuatro mujeres más se habían licenciado en Valladolid.
Estudios de observación en edades tempranas
Tras licenciarse, como detalla López Gómez, las opciones para una mujer eran «escasas» en España. Tras ciertas «fricciones» con su padre, Felisa se marchó a Madrid para doctorarse en la Universidad Central. Residió en la Residencia de Señoritas hasta 1936.
Cuando terminó el doctorado, la primera médica de Burgos se especializó en ginecología y pediatría entre 1925 y 1927. En abril de 1928 aprobó las oposiciones alcuerpo de inspectores municiaples de sanidad. Mientras, también asistía en patología infantil del hospital Niño Jesús y trabajaba como tutora sanitaria para 600 niños y niñas del Instituto Escuela, todo ello en la capital.
Calificada como «buena estudiante», Felisa nunca dejó de asistir a formaciones, charlas y talleres. Era aficionada a la música y también montaba a caballo. Cuando podía, le gustaba volver a Pancorbo y visitar a su familia, con quien realizaba excursiones campestres El médico Ladislao Burgoa la recuerda como una «mujer menuda, enérgica, muy decidida, de gran competencia profesional» […], «poco amiga de ruidos, le gustaba el orden y el respeto a la autoridad. Tenía un círculo integrado básicamente por médicos de gran prestigio de la ciudad», como describe José Manuel López Gómez. A Felisa le unía una «estrecha amistad» con el filósofo Julián Marías.
Para aprovechar más su tiempo, Felisa realizó estudios de epidemiología e higiene escolar y ya en 1929 publicó el primer trabajo: ‘El desarrollo físico en los escolares de la clase media española’. En él demostraba, junto al doctor Suárez Celorio, las diferencias entre tallas y pesos de los niños y niñas atribuyéndose a su situación social.
Otros trabajos de esta burgalesa, sin embargo, se quedaron en el tintero, sin publicar. Pero Felisa, incansable, se inscribió en el Colegio de Médicos de Madrid el 13 de noviembre de 1929, siendo la 14ª mujer en hacerlo. También se formó en París y publicó otro trabajo sobre los efectos del fármaco nirvanol, utilizado para la corea, un trastorno neurológico hasta entonces poco estudiado.
Sus planes cambiaron con la Guerra Civil
Entre el 16 y el 17 de julio de 1936, cuando estalló la Guerra Civil, Felisa Martínez emprendió su camino hacia Pancorbo, pero antes pasando por Aranda de Duero para visitar a sus tíos paternos. Durante esas jornadas, su familia «desconocía su paradero exacto», según cuenta López Gómez.
Al poco de llegar a Pancorbo, la médica se ofreció a los nacionales, que le encomendaron preparar a las enfermeras de la Sección Femenina. Se dedicó a esta tarea durante unos meses, hasta que fue nombrada jefe clínico en el Hospital Militar de Oña el 19 de marzo de 1937.
Por su cercanía al frente norte, este centro tuvo hasta 950 camas. Así, Felisa se convirtió en la primera médica de Burgos y la primera en ejercer en la provincia. Tras 16 meses en Oña, abandonó el puesto en agosto de 1938 y se mudó a Soria, puesto que había sido admitida en el servicio provincial de Higiene Infantil para un puesto sin retribución.
Una vida en Soria
Felisa, la primera médica de Burgos, llegó a Soria, una ciudad donde no tenía amigos ni familiares. Allí comenzó a dar talleres de puericultura y, un año después, comenzó a cobrar con su trabajo. Sin embargo, en 1940 es cesada del cargo por haber tomado posesión el médico «nombrado en posesión» de la plaza.
En ese momento, Felisa intentó volver a Madrid, pero el Instituto Escuela había desaparecido. Más tarde, a Soria llegó su familia. Su padre se jubiló en la ciudad, su hermano había fallecido y su hermana se convirtió en enfermera. Mientras, la médica se dedicaba a ser puericultora, colaboraba con Falange en la Sección Femenina y era doctora en el jardín maternal.
También colaboró entre 1939 y 1945 con el Hospicio como pediatra y consultora. Allí logró reducir la mortalidad, que era «aterradora». Entre sus medidas impulsó el consumo de fruta, la lactancia, aislamiento, personal preparado y modificaciones del reglamento.
En 1947 consiguió su plaza como pediatra en la Seguridad Social, en Soria. Allí trabajó hasta su jubilación, en 1972, con 70 años, atendiendo niños y niñas y también prematuros y lactantes. Además, abrió su consulta particular en casa y renunció a su plaza como inspectora municipal de Sanidad. Durante toda su vida, Felisa siguió recibiendo cursos, incansable, sin dejar de aprender.
A lo largo de su experiencia en Soria, Felisa Martínez pasó 53.821 consultas ambulatorias y otras 23.638 domiciliarias (77.459 en total), según recoge el historiador. Tras su jubilación, pasaba los inviernos con su hermana Antonia en Alicante, la primavera en Madrid y los veranos, en Soria. Sin embargo, también se dedicaron a viajar a Europa y Extremo Oriente.
En su última etapa entró a formar parte de la Asociación de Médicas Españolas y en otra asociación internacional similar. La médica fallecía en Soria el 23 de julio de 1993 y padecía una enfermedad degenerativa cerebral.
Sin embargo, su legado sobre medicina, pediatría y su espíritu por seguir aprendiendo aún perduran tanto en la provincia de Soria como en la de Burgos. De hecho, en la capital del Arlanzón cuenta con una calle dedicada, ubicada en la zona de La Castellana.
