POR MANUEL GONZÁLEZ RAMÍREZ, CRONISTA DE ZACATECAS (MÉXICO).

Agustín Lara, apodado «El Músico Poeta» y «El Flaco de Oro», fue uno de los compositores, cantantes y actores mexicanos más importantes del siglo XX, destacándose en el género del bolero.
Creó una imagen de bohemio y romántico empedernido, lo que lo convirtió en una celebridad legendaria dentro y fuera de México.
Era 1927, y la persecución religiosa en México estaba en su punto más álgido. Agustín Lara ya era un músico influyente, con un programa diario en la radio. Según la crónica, una mañana, tras una noche de excesos y parranda, Lara despertó con un profundo sentimiento de culpa y la clásica «cruda.»
Se enteró de que se celebraría una Misa clandestina en una casa de la Colonia Roma. Movido por la contrición, asistió. El destino jugó su carta: la policía irrumpió en la reunión secreta. Todos fueron detenidos, incluyendo al músico poeta. Lara fue trasladado a la Inspección General de Policía, un edificio sombrío que hoy alberga la Lotería Nacional. En ese mismo lugar, en celdas cercanas, se encontraba el jesuita Padre Miguel Agustín Pro Juárez, acusado falsamente de un atentado dinamitero contra Álvaro Obregón.
En el frío de la prisión, Lara, que no sabía que su compañero era un sacerdote, recibió un acto de caridad que recordaría toda su vida: el otro preso, el Padre Pro, le ofreció su abrigo o cobertor para mitigar el frío. La mañana del 23 de noviembre de 1927 (la misma fecha de hoy, pero hace casi un siglo), fue el punto de quiebre. En lugar de un juicio, el Presidente Plutarco Elías Calles ordenó la ejecución inmediata del Padre Pro, buscando intimidar a los católicos. Lara, asomándose por una ventila de su celda, se convirtió en un testigo mudo y aterrado. Vio cómo el Padre Pro era llevado al patio.
El músico narraría luego la escena en una carta manuscrita que se convirtió en testimonio:
«Yo vi morir al Padre Pro…» El gran bohemio había presenciado, desde la penumbra de su propia celda, el heroico fusilamiento del Padre Pro, quien murió perdonando a sus verdugos al grito de «¡Viva Cristo Rey!» Al ser liberado, Lara llevó su impactante experiencia no solo a la intimidad de su vida, sino que la compartió en su programa de radio. El poeta de lo mundano se había cruzado con el mártir, Lara fue un hombre a quien, sin duda, la providencia le dio más de una oportunidad para la conversión.
Todo esto lo contaba el Padre José Camarena quien fue vice-postulador de la causa de Beatificación del Padre Pro. Datos aportados por: José Miguel Rodriguez Meza.