RECORDANDO A PABLO RUÍZ «PICASSO»
May 10 2017

POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)

Picasso

Fue el año 1971 cuando al acudir a un Congreso médico en París, visitamos una exposición de pinturas del genial e innovador pintor malagueño Pablo Ruiz «Picasso».

A la visita por la exposición nos acompañaron tanto el propio pintor como su esposa Geraldine. Nos atendieron con una exquisita amabilidad. Picasso, con sus 90 años, parecía tener 40 años menos. Así lo demostraba haciendo gala de una gran jovialidad y de un espíritu aperturista.

Hasta entonces, Picasso era, para mí, un personaje interesante de los que se escribía y discutía en libros y mentideros públicos. Sin embargo, a partir de entonces, me interesé personalmente por conocer en profundidad, la vida y obra del pintor nacido en Málaga en el año 1881 y fallecido en la ciudad de Monquis (Francia) en el año 1973.

Su nombre completo es digno de estudio y, quizás, su obra sea una proyección de su verdadera personalidad. Su nombre completo era el de: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz «Picasso»; nombre qué, cuando necesitó para ascender en la escala profesional, simplificó al máximo, quedando para siempre, como Pablo Ruiz Picasso.

Fue muy relevante en su vida qué, cuando estaba en la escuela de Málaga se adentrara en el mundo de la pintura y, en esos momentos, tomó el apellido materno «Picasso» como señas de identidad. ¿Por qué? Porque su padre, que también fue pintor y maestro de Bellas Artes, firmaba como «Ruiz» y, por consiguiente, «quería ser otra cosa». Y Picasso era más sonoro

Sin lugar a dudas, fue el artista más importante del siglo XX y, sus obras, están expuestas en los museos más relevantes del mundo; encabezando el ranking de las subastas de arte. Junto al pintor Braque, fue el creador del «Cubismo»; sacando a relucir su enorme capacidad de innovación y de invención; motivos por los cuales lo colocaron en la cima de la pintura mundial.

Su periodo «azul», que tiene comienzo en el año 1901, por motivo del suicidio de un amigo suyo en París, fue una época en la que utilizó el ambiente bohemio parisino; mostrando los cafés y salones de fiestas, con sus mendigos merodeando a su alrededor, siendo estampas vivas del post- impresionismo.

En esta época, sus cuadros reflejan la miseria humana, con trabajadores extenuados, alcohólicos, prostituidos. En dicha época, que acabó en el año 1904, sus pinturas mostraban cuerpos delgados y escuálidos; todos ellos, con expresiones trágicas.

A pesar de todo, antes de conseguir la abstracción de las formas, pasó por distintas etapas; en las que predominó «El Realismo». Entre los años 1901y 1907 tuvieron gran resonancia sus épocas «Azul y Rosa» ya que su paleta utilizaba dichos colores de forma predominante. No obstante, durante esta época, también en lo sucesivo, deja patente sus grandes conocimientos como «Dibujante» y su enorme sensibilidad y perspectiva a la hora de tratar los conceptos y personajes.

De hecho, su época «azul» está plagada de «melancolía», utilizando los tonos grisáceos y azules, con los que expresa «su rechazo inmisericorde a la desesperación y pobreza de la humanidad de toda Europa, a principios del siglo XX qué, por desgracia, desembocó en la primera guerra mundial».

Ciegos, limosneros, prostitutas y personas que sufren el abandono de las instituciones y la sumisión al tener que realizar trabajos inhumanos. De esta época es el cuadro de «La planchadora, de 1914». Dicho cuadro se encuentra expuesto en el Museo Guggenhein de Nueva York.

A la época «rosa», también se le llamó «pálida» por ser predominante el la paleta del pintor el color pálido. De ahí salió, en el año 1905, «La familia de saltimbanquis», expuesta en el National Gallery of Art, de Washinton. En dicho cuadro se resalta » La ternura» de los personajes de los circos ambulantes, a los que tanto despreciaban las familias acomodadas”.

Como gran luchador que fuera, muchas veces contra corriente, su obra estuvo siempre en continua evolución; aunque, a veces, sin darse cuenta, se dejó influir por su situación personal y social, a la hora de trabajar. Ni que decir tiene qué, el evento que más le impactó, fue «la guerra civil española». De tal forma le impresionó qué, en el año 1937, reflejó en un cuadro inmortal el terrible bombardeo de «Guernica», en el que critica la guerra en sí, la sinrazón de los contendientes y el dolor que implica el enfrentamiento fratricida.

Van pasando los años y Picasso madura con «El expresionismo” y sus cuadros abstractos». Además, es capaz de hacer una incursión en otras técnicas, tales como: litografía, cerámica y grabados, con los que realizó una reproducción exhaustiva de cuanto fue su vida, desde su infancia en Málaga.

Ya, en su edad madura, él se consideró siempre joven, irrumpe con gran auge y pleno de ironía, en «El erotismo descarnado», consiguiendo que sea un sustituto de la actividad sexual real.

Picasso legó a la humanidad su densa obra artística, a la que le imprimió un sello de unificación, a través de «Las Artes Plásticas», en las que el artista fue un genio.

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