POR JUAN CUÉLLAR LÁZARO, CRONISTA OFICIAL DE FUENTIDUEÑA Y FUENTEPIÑEL (SEGOVIA).

La pirámide escalonada de Zoser es la construcción más importante del complejo funerario de Saqqara y está considerada como el modelo y la semilla de la importante y numerosa cosecha de pirámides egipcias, cuyo número se acerca al centenar de ejemplares. Lo temprano de nuestra llegada y la escasa afluencia de visitantes a esa hora nos ha facilitado el acceso a su angosto y reducido pero bello espacio interior. Previamente habíamos visitado la tumba de Seshseshet Idut, princesa de la sexta dinastía del 2300 antes de Cristo, con una riquísima y muy bien conservada decoración incisa pintada.
En la Meseta de Gizah es donde se encuentran las tres grandes pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, el único elemento conservado de las que estaban catalogadas como Siete Maravillas del mundo antiguo, que contemplamos y recorremos con calma con un tiempo fresco y muy agradable e, igualmente, con muy poca afluencia de gente para lo que suele ser habitual. Están presididas por la esfinge de Giza, en realidad una representación del faraón Kefrén.
Para llegar a estos complejos funerarios hemos atravesado un barrio de extrema pobreza junto a un cauce que sirve de vertedero con sus aguas residuales, barrio caracterizado por la falta de servicios públicos como el agua corriente y con gran suciedad en sus estrechas calles llenas de miseria, recorridas por un numeroso ejercito de perros y gatos famélicos vagabundos.
Tras reponer fuerzas en un típico restaurante egipcio seguimos con nuestro recorrido por la ciudad por otro de sus barrios más humildes, El-Gamaleya, de origen medieval, con sus mezquitas que nos recuerdan el arte cordobés y el sevillano, en cuyas intrincadas calles pululan y tienen sus “negocios” un número incalculable de seres anónimos que sobreviven en la más absoluta indigencia. Y siguiendo con la misma “temática” nos acercamos a la llamada Ciudad de los Muertos, cementerio inabarcable en el que se calcula que “viven” unas 130.000 almas dando compañía y velando a sus (o no) difuntos.
Rematamos la jornada, como contraste, recorriendo en bus una larga y gran arteria del otro Cairo, el de las casas exclusivas de precios prohibitivos, calles limpias y bien iluminadas, coches y demás artículos de marca, tiendas vips,…
La conclusión a la que llegamos es que se trata de dos ciudades anexas, con dos modos de vida completamente diferentes y casi antagonistas, cuyo estatus quo se mantiene con la aquiescencia y el consentimiento de una clase político-militar que forma parte intrínseca e interesada de esta segunda ciudad.
Concluimos está sexta jornada con gran pena por lo injusta e incomprensible que a veces resulta la vida. Pero hay que seguir adelante, aunque el alma nos duela.