POR HERMINIO RAMOS, CRONISTA OFICIAL DE CÁCERES
La naturaleza se explota sin piedad, se la maltrata sin ningún respeto en nombre de esa cultura seudocientífica que se predica, y se proclama desde todos los ambientes. A la hora de cuidarla y de tratarla con el mimo que se merece por todo lo que nos da, pues de ella comemos todos, no tenemos el menor respeto y la seguimos maltratando, arrasándola con el fuego y cometiendo con ella verdaderas herejías al no saber cuidarla, al haber olvidado esos trabajos y oficios que durante siglos se han aplicado a las diversas especies y nos permiten admirar esos ejemplares varias veces centenarios, como esa encina viva en cuyo hueco vacío de su tronco caben más de diez personas, o los castaños de Robledo.
Hoy nos llama la atención y nos preocupan seriamente esas oleadas de incendios que se combaten con una serie de alardes modernos, pero a lo que de manera preeminente deberían haber estado antes preparadas y bien dirigidas cuadrillas que limpien y atiendan de manera adecuada cada especie. Había en la pasada sociedad una serie de oficios, algunos han desaparecido para siempre. Pero hay otros que hay que recuperar.
Hoy nos llega a través de nuestro diario el trato dado a las riberas del arroyo Ojuelo y una seria protesta de Santa Clara de Avedillo, Jambrina y Fuentelcarnero, que han tenido que decir adiós a un aspecto y una serie de detalles de la naturaleza que formaba parte de su vida y sentimiento. Hemos visto desaparecer el olmo o negrillo, vemos enfermar encinares completos por el abandono de cada una de esas centenarias encinas, que terminarán cayendo sin piedad si a algún listillo se le ocurre alguna genialidad, mientras desde la raya de un lado y de otro, no sé si como disculpa o como proyecto, el viento de poniente resulta más fácil y justificado. Estamos cometiendo toda clase de fechorías con el solo abandono de la naturaleza que pisamos al mismo ritmo que lo hacemos con el agua y la atmósfera, como si estos elementos hubiera que dejarlos solos con su poder de recuperación, tremendo error. Esa cuenta hay que reducirla o llegará a alcanzar cotas de difícil solución.
Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/
