POR CELERINO MARTÍN JIMÉNEZ, CRONISTA OFICIAL DE MIJARES (ÁVILA)
Son pocos los documentos que se conservan de cómo celebraban su fiesta los quintos de hace mucho tiempo. Pero ciertamente podemos suponer y la tradición oral así nos lo ha trasmitido, que hay tres actos que sí se asemejaban bastante a los actuales, desde muchos años atrás: la talla, la hoguera y la fiesta.
LA TALLA: Si (como sabemos y decíamos ayer) es un acto que nos llegó por imperativo regio que consistía en reservar una quinta parte de los jóvenes de cada localidad, para ser reclutados, en Mijares no iba a ser menos. Esta labor la realizaban las “justicias municipales” y serían estas autoridades las que se encargaban de acercar a los “des-afortunados” mozos hasta la Junta de Reclutamiento, que se encontraba en el Gobierno Militar de la capital. También suponemos que los niños nacidos en torno a 1915 posiblemente no serían tallados al cumplir los 21 años, y sí enviados a “servir a la Patria” (a un bando o a otro según el momento, sin tener en cuenta la voluntad del reclutado). Patria que se debatía en la cruenta Guerra Civil.
LA HOGUERA: Su objeto era múltiple: alumbrase, calentarse, asar carne de borra acompañada de un trago en la bota, y celebrarlo con los músicos y los cantares de quintos.
La electricidad llegó a Mijares el 24 de agosto 1940. Unos cuantos cientos de metros de hilo de cobre y muy pocas bujías en las bombillas, alumbraban no más que unos pocos edificios públicos, ayuntamiento-escuela y un escaso centenar de metros en la vía pública; obra que costó al Ayuntamiento 732,79 pesetas. La hoguera, pues, proporcionaba la luz necesaria para alargar la fiesta durante las horas nocturnas.
Calentarse. Las tallas de quintos seguramente se realizaban en los primeros meses del año (como sigue siendo hoy día). Invierno crudo y noches muy largas y frías. La hoguera combatía todas estas circunstancias adversas; y alargaba la fiesta.
Y al terminar la noche, con los primeros rayos de sol saliendo por El Mogote, y las ascuas preparadas, era el momento del asado de la carne de borra vieja, para la degustación de quintos, amigos y familias, acompañándolo del tinto intenso de las bodegas.
LA FIESTA: La música. En Mijares, entonces más que ahora, era frecuente que los músicos (Tío Lino, Tío Julián, Tío Florencio, Tío Benito, Carlos a los que se unieron en la última época, Antonio “carpintero”, Los Chiolos (Isi y Manolo), Mario, Ángel el fontanero y ….) se unieran a la fiesta. Todos ellos contribuyeron a mantener vivo nuestro folclore hasta hace algunos años y ellos fueron, antes de la llegada de la música “enlatada”, los que dieron viveza a las rondas y fiestas como ésta de los quintos.
Y terminada la fiesta de QUINTOS, un buen día, acompañados de “la justicia” emprendían viaje a la Junta de Reclutamiento pasar ser soldados y servir durante, a veces varios años, a La Patria.
Nos consta, porque nos lo contó “tía” Lucía la de “los cebollos”, que cuando fueron quintos los del 42, nacidos en 1921, ( Manolo “paraguas”, Eloy Sánchez, Agustín “cebollo”, Marciano González, Segundo «lisboa» el de Las Cruces y quizás alguno más), vestían sus trajes típicos: blusón azul oscuro con doble pespunte blanco, pantalón negro de pana gruesa, zapatillas azules (o abarcas si era invierno), faja de lino blanca, bien ceñida en la cintura, de la que pendía su pañuelo blanco con rayas oscuras y sombrero “basto” del que colgaban las “escarapelas” (regalo de las novias) con adornos de cintas de colores y “cigarros-puros” hechos con las hojas de tabaco de lo que se recolectaba, entonces, en La Ribera del río, se reunieron durante varios fines de semana en las casas de cada uno a comer carne y beber vino.
Os invito a releer las páginas que nuestro “historiador” David Sánchez González en sus “Apuntes Históricos” (páginas 278 y siguientes) donde escribió anécdotas de algunos de nuestros soldados: en Cuba, en África, en campos de concentración o como el soldado Florentino González Díaz, que perdió, en Soria, su cartilla militar con 25 pesetas en su interior.
Dejemos para la tercera parte de la trilogía “LOS QUINTOS y LAS QUINTAS de HOGAÑO”. Ana María Fernández Peña Estos recuerdos son parte de nuestra historia Celerino gracias por compartirlas
FUENTE: C.M.J.
