¿QUIÉN LE VOLÓ LA CABEZA A LA BELLA TELEFONISTA LOLITA?
Mar 16 2026

POR ANTONIO BOTIAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.

La noticia apenas tardó unas horas en extenderse, dando trompicones sobre las carretas, desde Molina de Segura al corazón de la ciudad de Murcia. Al parecer, contaban, habían encontrado muerta a la telefonista que estaba de servicio en aquella localidad. A tanto llegaron los rumores que hasta el gobernador civil confirmó la tragedia a la prensa.

Dolores Cuenca murió en la fría madrugada del viernes 19 de febrero de 1926. A Dolores todos la llamaban Lolita, un bellezón que gustaba vestir a la moda parisina, fumar para escándalo de las más viejas del lugar y conducía un carruaje.

La joven, de 23 años, apareció desplomada sobre el cuadro de teléfonos. En el suelo, junto al cadáver que presentaba una herida en la sien derecha, en un charco de sangre, hallaron «una pistola browing». Y en la mesa, un telefonema a medio redactar.

¿Un crimen o un suicidio? Estaba por ver. Sobre todo, después de que Emilia, la hermana de Lolita, declarara que la joven no tenía motivos de desesperación y que jamás había poseído arma alguna. Lo mismo advirtieron el resto de las telefonistas, quienes añadieron que la víctima era muy querida por todas.

El diario LA VERDAD publicó que fue Emilia quien descubrió el cadáver cuando, poco antes de las ocho de la mañana, entró a la dependencia donde trabajaba Lolita «para servirle, como de costumbre, el desayuno». De inmediato, el juez de Mula se encargó de la investigación. Y en pocas horas se produjo una detención. Se trataba del contable Francisco Cayuela Fonseca, alias ‘El Cubano’ y de estado civil casado. LA VERDAD explicó que «parece ser que este individuo tenía buena amistad con la víctima y sobre él se tienen algunas sospechas». De entrada, el hombre admitió que la pistola era suya.

De las ediciones de los cuatro periódicos que se imprimían en la época solo ‘El Liberal’ recogió en su edición del 21 de febrero la entrevista en exclusiva a Emilia.

La mujer perjuraba que habían matado a su hermana. La razón era evidente. La fallecida, que era diestra, conservaba el lápiz en la mano derecha, de forma que no había podido dispararse. Hubo algún signo más. Por ejemplo, que la muerta le encargó a la hermana que pusiera «bacalao en remojo para hacerlo con alcaciles y patatas». Era viernes de vigilia.

Unos días después trascendió la declaración de Cayuela. El detenido admitió que en la noche de autos recibió una llamada de su jefe para que se pasara por el despacho. Lolita aprovechó que había puesto en comunicación a los dos hombres para pedirle a Cayuela que fuera a verla. «Allí fumé tres cigarros y allí me vio Emilia hablando con ella», aseguró.

En la investigación se supo también que el contable, aunque vivía con su esposa, ni siquiera se hablaba con ella. «Cuando necesitaba algo lo escribía en una pizarra», desveló ‘El Liberal’.

La mujer mantuvo ante la policía que al escuchar el sonido del teléfono la mañana siguiente ella evitó cogerlo, «pues mi marido me lo tenía prohibido». Sin embargo, en esa ocasión, la mujer asegura que incluso le habló para decirle: «¡Anda, cógelo, que anoche se mató la Lola».

Al detenido todo el pueblo lo llamaba Paco Cayuela. Como también todo el pueblo sabía que iba a ver a Lolita cuando se le antojaba. Más tarde encontrarían los guardias algunas cartas de la muchacha en poder del arrestado.

Pero, aparte de que ambos tenían una relación, poco más se pudo probar. Semana tras semana, los diarios murcianos fueron informando sobre el caso, a menudo con el antetítulo: «¿Crimen o suicidio?».

La hipótesis de que Lolita agarraba ya muerta con su mano derecha un lápiz fue sometida a pruebas. Y se concluyó que era imposible que pudiera dispararse sujetando el lápiz. Y aún menos que no lo soltara tras morir. Pero no convenció al fiscal. Como tampoco que se pusiera en tela de juicio que el disparo había sido a bocajarro. O que la hermana Emilia no oyera el disparo desde la habitación de al lado, algo que también se recreó disparando a un saco de arena.

Durante quince largos meses, hasta mayo de 1927, estuvo preso Cayuela. La acusación le pedía doce años de prisión por un delito de cooperación al suicidio. El fiscal pidió su absolución. Y así fue: lo declararon inocente de todos los cargos, salvo de tenencia ilícita de armas, por lo que le pidieron seis meses de cárcel.

La versión oficial fue que Lolita se suicidó. Sin embargo, no pocos dudaron del veredicto. Incluso cuentan que la sala de teléfonos de Molina solía oler a tabaco cada mañana cuando la abrían. Como si el fantasma de Lolita siguiera vagando entre cables y conversaciones.

FUENTE:https://www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/lamurciaquenovemos/volo-cabeza-bella-telefonista-lolita-20260315221743-nt.html

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