LA PASIÓN DEL NAZARENO.
POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ).
Año tras año, generación tras generación, siglo tras siglo, la figura portentosa del Nazareno se acerca fiel a la cita con los mayores, con los de ahora y con los del futuro, queriendo cimentar así la razón de ser de sus expresiones. Porque los unos y los otros, los antiguos y los que se incorporan, creen en Dios, a quién en su honor, rinden y tributan culto.
Llegada la hora, rito de la vieja usanza, los hermanos cofrades del Nazareno, dan público testimonio de su fe al traspasar el umbral del templo, saliendo fuera, a la calle, dentro de una de las más hermosas celebraciones que se conocen: la Semana Santa; que es mucho más que aquello a lo que tantas veces se la quiere reducir.
Porque las calles y los días han puesto carne de amistad y sangre de pertenencia a esta fiesta sagrada, trenzando a Dios con nosotros en un cordón que nada podrá romper. Mientras, el Nazareno avanza imperturbable en su andar costalero, clavándonos aún más su mirada, haciendo verdad la profecía, “caminaré entre vosotros, yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (Lev. 26,2).
(En la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, titular de la capilla y Hospital de Pobres de Montijo, atribuida al taller del escultor hispalense Pedro Roldán (1624-1699), que en su gubia barroca nos dejó reflejada la pasión que sufrió el Nazareno).
