POR JOSE LUIS ARAGON PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ).
El brote y contagio por hantavirus en el crucero «MV Hondius», que había zarpado de Ushuaia (Argentina) el 1 de abril para iniciar una travesía por el Atlántico Sur, ha puesto en alerta sanitaria al mundo entero. A finales de abril, tres pasajeros fallecieron y doce resultaron contagiados de los 150 que viajaban en el barco y sus 72 tripulantes. Descartada la hipótesis de que el contagio se había producido dentro del buque, todo señalaba que había sido en el exterior, como así se confirmó días después. El diagnóstico era claro: hantavirus de la cepa andina mordedura por una rata o roedor.
Los antecedentes epidemiológicos del Ébola, que continúa su mortífera carga en África, y la pandemia del coronavirus Covid-19 –tan reciente en la memoria– elevaron a primer nivel de alarma, el 2 de mayo, a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que puso en marcha un dispositivo de emergencia para combatir una posible epidemia. Entre el 6 y el 11 de mayo, la operación puesta en marcha entre la OMS y el Gobierno de España para trasladar a los pasajeros y al barco a Canarias y su posterior desembarco –los 13 españoles enviados al hospital militar de «Gómez Ulla» de Madrid y la repatriación para los extranjeros– concluyó con notable éxito. Asimismo, en los siguientes días, la OMS activó un protocolo de seguimiento en los diferentes países donde se hallaban otros pasajeros del crucero y permaneciendo en cuarentena, actualmente, el resto en sus lugares de origen.
En un tiempo donde los bulos, las «fakes new», las filfas y la desinformación interesada sobre la salud alertan a la población provocando el miedo, es más necesario que nunca contar con una institución que ponga orden y control a cuantos ignorantes son capaces de producir daños innecesarios a la población. La Organización Mundial de la Salud es la que vela para evitar estos desmanes y «poner pie en pared» de estos bulos contra la salud. Su eficacia está contrastada durante décadas, aunque los populismos quieran menospreciarla. Qué lejos quedan las grandes pandemias de siglos pasados sin un organismo internacional, sin apenas medios, sin vacunas tan imprescindibles para combatirlas. Por cierto, ¡cuánto debe la humanidad a las ratas de laboratorio! ¡Cuántas vidas han salvado!
Un ejemplo de ello y su eficacia, es la vacuna contra la rabia. En España hoy está prácticamente erradicada. Sin embargo, los Colegios Oficiales provinciales de Veterinarios de Andalucía y el Servicio Andaluz de Salud, vienen desarrollando una campaña de sensibilización a la ciudadanía para que se vacunen las mascotas de los hogares con el fin de evitar la tan temida enfermedad; una campaña bajo el lema: “Hazlo por él, hazlo por ti. Vacuna de rabia”.
Hace más de una centuria la rabia en nuestro país era endémica. Los perros, más que los gatos y los murciélagos, la transmitían y los niños eran su blanco favorito. Si alguno de esos perros rabiosos a los que se suponían hidrófobo, mordía a una persona, se les capturaba, se les cortaba la cabeza para enviarlas a Cádiz y allí se la examinaba. Si el perro tenía la rabia, al paciente se le inyectaba la vacuna creada por el doctor Pasteur en 1885, pero en una clínica de Barcelona: la del doctor Ferrán. No todos podían acudir allí, solo los más pudientes.
Tenemos conocimiento de que en Chiclana, en agosto de 1895, la Guardia Civil notificó al periódico «El Guadalete» un caso de perro hidrófobo en el coto «La Concepción», que mordía a cuantas personas pasaban por allí. Se puso un seguimiento para su captura, pero incluso estando la Benemérita en el coto atacó a la esposa del dueño, Juan González, y a una de las hijas del guarda, logrando uno de los guardias civiles, de un salto, salvar a la niña de los mordiscos del perro. Por la noche varios vecinos lo mataron y se procedió a las diligencias oportunas para su reconocimiento. No sería el primer caso.
Ese mismo año, en noviembre, sucedió otro, pero con mordedura. El hecho llegó a la sesión ordinaria de cabildo del día 22 mediante un oficio suscrito por los médicos titulares, Tenorio y Bommeaison: «Tenemos el honor de participar a V. S. que en el día de hoy á las cuatro y media de su tarde hemos reconocido á la niña de dos años Rosario Gandiaga Manzorro (…) con una pequeña erosión en la parte externa de la pierna izquierda, cuya lesión dicen ha sido producida por la mordedura de un perro hidrófobo desconociéndose si en efecto lo estaría, por no haber sido reconocido por perito alguno= estimando los que suscriben debe marchar al Instituto Ferrand en Barcelona por si fuese cierto está hidrófobo». En la siguiente sesión de Cabildo se trató de los gastos del viaje de la niña y sus padres a Barcelona. Felizmente la niña sobrevivió.
