POR MIGUEL ÁNGEL FUENTE CALLEJA, CRONISTA OFICIAL DE NOREÑA (ASTURIAS)
Dejó escrito Luis Antonio de Vega en su Guía Gastronómica de España “que los asturianos lo desconcertábamos porque éramos unos comilones magníficos, teníamos una cocina espléndida, disponíamos de unos productos vegetales y animales soberbios y luego, resulta, que éramos aficionados a la dulcería” No sé qué tiene que ver una cosa con la otra, por lo que no entiendo lo de su desconcierto, tampoco nos lo puede aclarar, pero los llambiones siempre existieron y existirán gracias a personajes como Esteban Fernández Cimadevilla, empecinado desde su profesión en endulzarnos la vida, fundador del Horno La Vallina en mi Hevia natal, y creador de las Minivallinas, unos dulces que gozan del título de exquisitos y que han alcanzado justa y merecida fama en toda la zona central asturiana y que dan tipismo como originarias del pueblo de El Berrón, donde son elaboradas en el obrador de La Carrera.
Esteban nació en el pueblo sierense de Meres, y de niño, con nueve años, ya tuvo que enfrentarse a la primera crisis de tu tiempo en plena postguerra, dedicándose a servir de criado en caserías cercanas a su lugar de origen para obtener su manutención, más tarde, estuvo de tejero en San Juan del Obispo y tras pasar por la cerámica Ruisánchez en El Berrón, entró de aprendiz en la desaparecida confitería Garal en la ovetense y castiza calle de Cimadevilla, pero al crearse la que sería afamada confitería Sta. Cristina en 1953, sus propietarios de entonces Senén Bobes y Mari Carmen García, contrataron al inquieto y prometedor aprendiz, para ponerse a las órdenes del pastelero catalán Jesús Garriga y dar modernidad al nuevo establecimiento ovetense. Los catalanes – nos dice Esteban- eran en aquel tiempo la flor y nata de la pastelería nacional, hoy quizás ya no lo sean tanto, nos asegura. Total, que nuestro personaje, terminó sustituyendo como maestro confitero al catalán y allí estuvo 28 años hasta que se independizó, montó su propia empresa en el año 81 arropado por esposa Basilisa y sus tres hijos Jorge, Aquilino y Marisa, creando elaboraciones que dan nombre y renombre a la marca; los pasteles miniatura al peso los popularizó en toda la zona, turrones de la casa y las minivallinas citadas.
Cuando le preguntamos si han cambiado los sabores de los pasteles en todos estos años de pastelero nos asegura que no, que utilizando los huevos, azúcares, harina, manteca y frutos secos de calidad que son los productos básicos en la profesión, no tienen porqué cambiar los sabores.
¿Y cómo son las minivallinas y de que se componen? Como son las vemos en la fotografía, y están elaboradas manualmente, una a una y a base de mantequilla, harina, avellana, azúcar, dulce de manzana y huevos. Primero forran unos moldes con pasta dulce, le añaden compota de manzana y se terminan de rellenar con el preparado de avellanas. Una vez cocido el preparado que también lleva azúcar y huevos, se rocía con licor de avellanas, luego una capa de gelatina de manzana y se termina con un baño de azúcar glass y agua, se hornean a alta temperatura y ya están listas para degustar. El resultado es una auténtica maravilla para el paladar y para la vista, y hay que saborearlas en pequeños bocados para no caer en la tentación de comer más de las debidas y salten por el aire las pruebas clínicas que luego estudia con minuciosidad el doctor Francis Vega.
Hablando con Esteban de mundo pastelero, me comentaba que los cambios generacionales también se notan en este gremio que nos ocupa y aquella costumbre de llevarse pasteles a casa los domingos o en otros días señalados fue desapareciendo. ¿Los motivos? Quizás sean causados porque las familias comen fuera de casa con más frecuencia, pero tampoco coinciden los datos referidos a esa disminución con el consumo de pasteles, que va en beneficio de las miniaturas, de las pastas, y por supuesto de las innovadoras miniVallinas.
Uno recuerda a aquellos chicos en artilugios rodantes de tres ruedas repartiendo por Oviedo las docenas de pasteles en cajas de madera con publicidad de la pastelería correspondiente. No eran los tiempos de La Regenta, pero tal lo parece, era el ayer. Efectivamente, la cosas han cambiado, continúan los gustos, no así las mismas costumbres, pero mientras contemos con maestros pasteleros como Esteban Fernández Cimadevilla, el futuro de le profesión está asegurado. Gracias Esteban por endulzarnos la vida en un mundo en ocasiones demasiado ácido. Pero las cosas no salen como uno pretende. A nuestro maestro pastelero le llegó el turno de la jubilación y el problema surge con la continuidad del negocio. Un impresionante obrador en La Carrera, cafetería pastelería en El Berrón y otra más en La Pola de Siero. Lo demás lo desconocemos y no nos atrevemos a plantear soluciones. Lo que decida la familia estará bien decidido pero ya se anuncia, que la Vallina cerrará sus puertas en el próximo mes de agosto.
FUENTE: M. A. F. C.