LA MURALLA SE MULTIPLICA.
May 31 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

                                               

Hacia 1889, en Alemania se imprimen seis fototipias o fotografías litografiadas de gran formato con vistas de Ávila y la muralla, y los templos de San Vicente y San Pedro, y la Academia de Administración Militar bajo la firma de Aufgen V.M. Junghaendel – Lichtdruck von Römmier un Jonas, K.S. Hol-photog destinadas a los viajeros adinerados que se entusiasmaban con la arquitectura y el arte españoles. La buena calidad de las imágenes y de las reproducciones contribuyó a revalorizar los monumentos abulenses en media Europa, de ahí que la muralla recobre especial renombre como concepción típica de lo que configura una ciudad medieval, y el mejor ejemplo es Ávila.
Otro de los mejores exponentes que tuvieron mayor difusión fueron las fototipias que en 1894 hicieron Hauser y Menet, entre las que sobresalen sendas vistas de la ciudad y su muralla. Igualmente, las vistas de Ávila se vendieron como láminas sueltas por entregas y agrupadas en el volumen titulado España ilustrada.
La sociedad Hauser y Menet, que entre 1897 y 1904 editó veinticinco vistas de la ciudad, responde al nombre de los empresarios suizos Adolfo Menet Kursteiner y Oscar Hauser Mueller, especialistas en imprenta y fotografía, quienes pronto popularizaron el nuevo producto fotográfico de la tarjeta postal con la que revolucionaron la difusión de las imágenes a finales del siglo XIX, convirtiéndose con ello en la más importante empresa editora de tarjetas de todos los tiempos, con una tirada mensual de quinientos mil ejemplares en 1902 .
Fijar la ciudad en imágenes y obsequiar las mismas al Presidente de Gobierno, quien veraneaba y tenía casa en Ávila, fue una forma de ofrecer esta tierra al resto de España. Y esto fue lo que debió pensar Rafael de Sierra, un fotógrafo “amateur”, allá por el año 1896.
A tal fin, reunió medio centenar de vistas de los monumentos y escenarios más importantes de Ávila, con las que confeccionó un álbum encuadernado en cuyas tapas mandó imprimir en letras doradas A Don Práxedes M. Sagasta. Álbum de fotografías de Ávila. Recuerdo de Rafael de Sierra. Entre los temas fotográficos incluidos en el álbum de Sierra destacamos aquí las vistas referidas a los Cuatro Postes y su entorno, rubricadas con los siguientes títulos:
“Vista panorámica de la población y de los cuatro postes”, “Muralla medio día y Puente sobre el Río Adaja”, “Muralla y Castillo de San Segundo”, “Iglesia de San Segundo, la primera que se construyó en Ávila”, y “Murallas, grupo de Castillos de Poniente y Mediodía”.
Como vemos, esta parte de Ávila, la que presenta la muralla, ocupa un lugar sobresaliente en la percepción de la ciudad que se quiere contagiar.
Siguiendo con el entorno gubernamental de la España de la época que en Ávila tenía cierto arraigo, sabemos por una tarjeta postal que el antiguo ministro de Hacienda y Fomento José Echegaray (1832-1916) visitó Ávila en 1903, un año antes de recibir el premio Nóbel de literatura. La postal que el político y escritor remitió como recuerdo fue una vista de la Basílica de San Vicente impresa a partir de una fotografía de Hauser y Menet. La imagen retratada sirve en esta ocasión de fiel testimonio del paso literario por la ciudad del dramaturgo, cuyas obras Lo sublime y lo vulgar, Mariana y La Duda, formaron parte del repertorio representado en el Teatro Principal en 1898 y 1899.
8. ORGULLOSA Y ALTIVA CON SU ABRIGO DE MURALLA.
En los albores del siglo XX, Ávila recibe la visita de un viajero ilustre que recorre la ciudad a medio día y a pleno sol cargado con su equipo fotográfico. Este singular personaje que retrata los monumentos y las gentes era Alois Beer, un fotógrafo austriaco autodidacta premiado en exposiciones internacionales, que trabaja para la corte real del imperio y viaje por el mundo para recoger imágenes de tipos y costumbres con los que ilustrar libros de arte y viaje. Entre las fotografías de Alois Beer en 1900 destaca una vista estereoscópica “desde la Cruz de Piedra sobre el Adaja, el sitio justo para admirar el panorama de la ciudad” amurallada, se apunta en la guía donde se incluyen por Augusto L. Mayer.
Otras vistas seleccionadas retratan el puente “romano”, el convento de La Santa, la basílica y la puerta de San Vicente. Ávila, “nacida en la desértica meseta castellana, protegiéndose de forma orgullosa y altiva con su abrigo de muralla, se encuentra en un trapecio oblongo en el lomo de una montaña plana que cae de forma abrupta hacia tres lados. Sólo el Adaja, que discurre por el oeste, lleva algo de vida a esta naturaleza rígida”, dice A. Mayer.
Siguiendo la estela viajera de tantos otros fotógrafos transeúntes, hacia 1900 llegó a la capital abulense Mariano Moreno García (1865-1925), un fotógrafo que había trabajado como jornalero hasta ingresar como aprendiz en el estudio del Laurent donde permaneció hasta la muerte de éste en 1893.
En la panorámica de la muralla que toma Moreno a finales de siglo se observa el lento devenir de la ciudad en estos treinta años pasado desde que Laurent retratara la misma vista, donde sólo se aprecia la construcción del nuevo puente sobre el Adaja y la modernización de la fábrica de harinas, en la que se ha instalado moderna maquinaria y una chimenea, y se ha eliminando del edificio el torreón que sobresalía de la cubierta, observándose también la restauración del cubo de la muralla que estaba desmochado. Por lo demás, la contemplación de la ciudad en esta vista ofrece toda su grandiosidad y espíritu ancestral, lo mismo que en esas otras tomas que hizo Moreno de la puerta del Alcázar, la iglesia de San Pedro o la de San Francisco.
En cuanto a la importante obra fotográfica que realizó Mariano Moreno, cabe decir que la misma constituyó el embrión del “Archivo Moreno”, fundamental para el estudio del patrimonio histórico español y cuyas imágenes de Ávila han sido utilizadas para ilustrar la ciudad en multitud de obras de arte, historia y arquitectura.
En el mismo año de 1900, la imprenta de El Diario de Ávila, sucesor de El Eco de la Verdad, publicó el libro Monumentos de Ávila. Guía para visitar la ciudad, escrito por Fabriciano Romanillos y Fernando Cid con la colaboración artística de Ángel Redondo de Zúñiga.
La colaboración de Ángel Redondo consistió en ocuparse de la reproducción de veinticuatro fotograbados de la ciudad encabezados por una vista general de Ávila y su muralla con los Cuatro Postes en primer plano, para lo cual utiliza copias hechas por él mismo, y otras de Laurent, Lévy y Lacoste. Algunos de los fotograbados incluidos en la guía de Romanillos ya habían sido reproducidos en el periódico local El Eco de la Verdad en el número extraordinario dedicado a Santa Teresa de 1896.
Ángel Redondo de Zúñiga fue un fotógrafo que eligió Ávila como escenario artístico de su actividad profesional y a quien vemos colaborando con frecuencia en las publicaciones abulenses desde principios de siglo, aunque tenía con estudio en la calle San Agustín, 3 de Madrid. Una fotografía suya, donde se ve un mendigo a la puerta del convento de Santo Tomás junto a un niño, comiendo ambos la “sopa boba”, fue “diploma medalla de oro” en el concurso organizado en 1901 por la Sociedad Fotográfica de Madrid que ganó Antonio Cánovas del Castillo y en el que otra fotografía de Ávila de Narciso Clavería obtuvo una medalla de oro por una imagen del coro del Monasterio de Santo Tomás.
Junto a José Lacoste, Ángel Redondo instaló en Madrid en 1903 un importante taller de fotografía y fototipia de tarjetas postales ilustradas en el que se anuncian interesantes vistas de Ávila, entre las que sobresalen espléndidas panorámicas de la ciudad amuralla y otras del cimorro de la catedral, el paseo del Rastro y de tipos y escenas populares. Las bellas y originales fotos de Ángel Redondo también fueron comercializadas con los sellos de la fototipia Laurent, Lacoste, Hauser y Menet, y Thomas, haciendo constar en dichas tarjetas “Cliché de Ángel Redondo de Zúñiga” o “Fotografía A. R. Z.”.
En 1904, Ángel Redondo ilustró con cuatro fotografías el número extraordinario de El Diario de Ávila dedicado a Santa Teresa, lo que le valió merecidos elogios de la redacción del periódico y, especialmente, de Valentín Picatoste, quien además alaba su participación en la Exposición de Arte Monumental Español.
Ya en 1914 la revista La Fotografía que dirigía Antonio Prast y presidía Ramón y Cajal publica una bella fotografía en color (autocromo) de personajes típicos abulenses de su redactor y secretario Ángel Redondo, quien también estuvo vinculado al movimiento pictorialista, pertenecía a la Sociedad Fotográfica Madrileña, y formaba parte de la colonia veraniega de Ávila.
9. INTERCAMBIO ESPIRITUAL.
Con el comienzo del siglo XX, la tarjeta postal ilustrada se convierte en la mejor forma de dar a conocer la ciudad y de universalizar su historia monumental. “La postal en nuestros días -escribía Adolfo Alegret en 1904- tiene un alcance y significación extraordinaria, populariza los monumentos, lo más notable de los pueblos, revela los gustos del individuo, su cultura y sus aficiones. Sintetiza todo lo grande de una comarca, de una ciudad o pueblo, estableciendo un intercambio espiritual por medio de la reproducción de la vida pasada y presente”.
Del éxito que tuvieron las postales, y por ende la fotografía, es buena muestra el texto publicado por El Diario de Ávila en 1905, donde se reseña que los dueños del local “Pepillo”, aprovechando la afluencia a sus famosos conciertos, “buscando siempre el gusto del público, y sabiendo que hoy día lo que más priva, entre la juventud, es la postalmanía, regaló a todos los concurrentes tarjetas postales muy de novedad y muy bonitas. Este regalo le agradecerán los muchachos y las muchachas porque, al fin y al cabo, siempre es un dato para comunicarse”.
Las vistas de Ávila y su muralla ocupan un lugar destacado en la producción de postales, al juzgar por la publicidad de la casa Lacoste que aparece en la revista España Cartófila de marzo de 1903, donde solamente figuran los conjuntos monumentales de Ávila, la Granja, el Monasterio de Piedra, Aranjuez, Segovia, Montserrat, Madrid, Sevilla, Zaragoza, Salamanca.
José Lacoste, fue un fotógrafo que recuperó y comercializó el archivo de Laurent desde 1893, especializado en reproducciones de obras de arte y fotógrafo oficial del Museo del Prado, también fue miembro de la Sociedad Fotográfica Madrileña y junto a Ángel Redondo de Zúñiga, instaló una moderna fototipia en la madrileña calle Cervantes.
De estos talleres salieron numerosas postales, en las que la muralla de Ávila ofrece una visión romántica en una sucesión de imágenes nostálgicas que reclama la mirada atenta del visitante. A Lacoste, en 1915 le sucedió en el negocio J. Roig, quien también comercializó con buen resultado las fotografías de Laurent y las postales que antes tenían el sello Lacoste, entre las cuales ocupa un lugar destacado las vistas de la muralla.
Es posible que muchas de las fotografías que venimos comentando ya nos resulten familiares, pues no en vano su valor histórico y cultural ha propiciado en los últimos años un especial interés.
Interés que coincide con el aprecio que la tarjeta postal antigua significó justamente en sus orígenes, ya que “satisface a todos los gustos y sentimientos; todo está comprendido y compendiado en ella; mediante la tarjeta postal ilustrada se estudia y se aprende geografía, historia, mitología, indumentaria, heráldica, etnografía y arte”, escribió Durán Borai en 1901.
10. COMO EN PLENA EDAD MEDIA.
El Porfolio Fotográfico de España fue una buena idea editorial y empresarial que utilizó el editor barcelonés Alberto Martín durante el periodo 1904-1911 para dar a conocer los pueblos de la península al socaire del éxito de la tarjeta postal.
De cada provincia coleccionable número 9, y la primera fotografía es una vista del río y sus puentes, la arboleda de chopos frente a la fábrica de harinas y al fondo la muralla que encierra la ciudad con puertas abiertas, como en plena Edad Media decía el pie de foto.
Relaciona este cuaderno todos los pueblos de la provincia con indicación de sus habitantes y las estaciones de ferrocarril de las distintas localidades, la capital cuenta entonces con 11.885 habitantes, población correspondiente al censo del año de 1900.
Alberto Martín editó también una serie de vistas estereoscópicas dentro de la serie titulada “El Turismo Práctico”, lo que venía a completar la visión de Ávila que se difundía entre los numerosos visitantes que acudían a la ciudad. Y la primera imagen con la que se abre la colección de “vistas estereoscópicas de España” es precisamente una panorámica del recinto amurallado.
Estas entrañables vistas todavía conservan su atractivo centenario, y con ellas las fotografías y postales antiguas que se agolpan en la memoria, ofrecen una nueva visión de la ciudad a través de sus monumentos impasibles en la lejanía, de la soledad de sus calles y plazas, de las gentes que se llegan en días de fiesta o de mercado, de las típicas escenas campesinas alegradas con animales y aperos de labranza, y del deambular y el bullicio cotidiano que produce vivir en Ávila.
Todo esto sucede en el recorrido visual que se presenta alrededor de la muralla, a través de la cual la ciudad quiere ser reconquistada de nuevo y recatada de cualquier olvido.
11. A SANTA TERESA DE JESÚS.
A Santa Teresa de Jesús, con esta dedicatoria se publicó el 15 de octubre de 1905 por El Diario de Ávila un número especial dedicado a Santa Teresa. La importancia de este número radica precisamente en la publicación en el mismo de varias imágenes, igual que ya había ocurrido en el extraordinario editado el año anterior, lo que seguía siendo algo excepcional.
En esta ocasión destacamos el acontecimiento periodístico porque entre las fotografías que se publican predominan las vistas de la ciudad y su muralla tomadas desde el entorno de los Cuatro Postes, con lo que de nuevo comprobamos como dichas panorámicas son las señas de su identidad, al igual que lo era Teresa de Jesús.
Así, se incluye una imagen de las murallas vistas desde el otro lado del río Adaja, en el poniente de la ciudad, firmada por Rajal; un segunda vista de Juan Fournier también recoge las murallas, esta vez desde el lado sudoeste; y una tercera fotografía, también de Juan Fournier, muestra los puentes nuevo y viejo sobre el Adaja.
Además de estas fotografías se incluyó otra de la imagen de Santa Teresa en la primera página, y una última firmada por Juan Aguirre de las enseñas históricas y llaves la ciudad que se conservan en el Ayuntamiento.
Homenaje a Santa Teresa es el título de la publicación editada con motivo el tercer centenario de la beatificación de Teresa de Jesús (1614-1914), donde se incluyen numerosas ilustraciones y fotografías, y como no podía ser menos las perspectiva de la ciudad encintada con la muralla es una de las imágenes que lo ilustran acompañando el texto de Blanca de los Ríos:
“Ávila no es una ciudad, es una época murada, es la Edad Media con almenas; la catedral con coraza; las casas estribando en el adarve, como para gentes que habían de defender el templo y el hogar con la almena y con el pecho, y que vivían sin desceñir la armadura”.
Las reproducciones fotográficas en la prensa diaria no eran frecuentes, por ello, ante la falta de medios técnicos que posibilitaran la incorporación de la fotografía a la prensa local, las imágenes que ilustraban las noticias que se producían en Ávila se exponían en los escaparates del Mercado Grande, tal y como cuenta el fotógrafo Antonio Mayoral:
“Hasta los años 30, para poder ver la imagen de un acontecimiento de cualquier índole, que venía impreso en las páginas del periódico, había que aproximarse hasta el comercio de los hermanos Hidalgo, en la Plaza de Santa Teresa, donde se exponían aquellos documentos gráficos que completaban el cuerpo literario de aquella noticia. Posteriormente, sería el establecimiento de ventas de zapatos de Eleuterio Sansegundo, en el que, en dos vitrinas situadas en los extremos de la fachada, se expusieran las fotografías”.
12. COMERCIALIZACIÓN DE LA MURALLA.
Continuando el recorrido por las distintas perspectivas que ofrece la contemplación de la muralla nos detenemos en la figura de Josep Thomas Bigas (1837-1921), fotograbador e impresor, introductor de las más avanzadas técnicas sobre artes gráficas.
Fundó el taller de fotograbado e impresión “Thomas” de donde salieron numerosas tarjetas postales, y fue proveedor de las principales editoriales de la época. En 1896 editó un curioso cuadernillo realizado en tipografía de catorce vistas desplegables de Ávila que se vendían en el establecimiento de Lucas Martín del Mercado Grande.
Años después, algunas de las tarjetas de Thomas fueron editadas y comercializadas en Ávila por Pedro Jiménez de la Cruz, quien regentaba un puesto de periódicos y revistas en el nº 9 de la misma plaza del Alcázar o Mercado Grande, donde vendía postales y toda clase de objetos de escritorio y publicaciones.
La casa Thomas fue también la impresora de cuatro series de la interesante colección de cuarenta fotografías de Ángel Redondo de Zúñiga tomadas a principios de siglo, en las que se muestran escenas de tipos pintorescos del gusto de los coleccionistas. De todas la fotografías reseñadas destacamos ahora estas viejas imágenes del río, el puente y las murallas, como referencia histórica y literaria que testimonian su valor cultural actualizado.
Con igual espíritu emprendedor que tuvo Joseph Thomas hay que destacar al francés Jules Nicolás Richard (1848-1930), por sus inventos de nuevas técnicas y aparatos estereoscópicos, como la cámara verascope o sofisticados modelos de visor múltiple, dirigidos a facilitar la contemplación tridimensional de la imagen estereoscópica. Buen ejemplo de ello son las fotos que hizo del Mercado Grande o de la muralla de Ávila a principios de siglo, igual que lo es la colección de Clemente Romeo que se conserva en el Ayuntamiento de Ávila.
La fotografía estereoscópica sobre Ávila tuvo sus máximos exponentes en las ediciones de Alberto Martín, que ya se reseñamos anteriormente, y en las colecciones de la casa Rellev que había fundado el fotógrafo catalán J. Codina Torrán. Las vistas abulenses estaban firmadas por el fotógrafo J. Nonell y en ellas encontramos variadas y representativas imágenes de la ciudad, la muralla y otros monumentos tomadas hacia 1925-1930.
El floreciente negocio que se desarrolló entorno a la producción y comercialización de postales ilustradas de Ávila, como de toda España, propició la inclusión de la ciudad en los catálogos de la mayoría de casas editoriales existentes en el sector. Y como no podía ser menos, también los comerciantes abulenses publicitaron y editaron ellos mismos las postales, este fue el caso por ejemplo de Lucas Martín que tenía tienda en la plaza del Alcázar, del librero Adrián Medrano y de Pedro Jiménez, y también de los impresores Senén Martín y de Hijo de Emilio Martín.
Otros puntos de venta de postales fueron el estanco de Pablo Jesús Estévez y la Librería Nacional en la plaza del Alcázar; la Librería Vda. de Sánchez de la Cueva en la calle San Segundo 2; el Palacio de Cristal en la calle del Comercio; y el estudio fotográfico de Julián Fuentetaja “Jautlat” en la calle de Tomás Luís de Victoria, 11 y después en la calle Estrada, 12.
Aunque las imágenes que se reproducían en tarjetas lo eran a una sola tinta, la reproducción de fotografías y postales en color siempre fue un reto para los investigadores de las nuevas técnicas, campo éste en el que los editores de postales querían ver también un negocio floreciente. Los primeros avances sobre la fotografía en color fueron objeto de numerosos ensayos a finales del siglo XIX, especialmente estudiados en España por Santiago Ramón y Cajal, quien en 1907 comenzó a trabajar en su libro La fotografía de los colores, mientras que la revista Blanco y Negro publicó la primera fotografía en color en 1911.
En este campo de la fotografía en color destacó Ángel Redondo de Zúñiga, quien publicó en La Fotografía una artística y bella escena de tipos populares abulenses tomada en el zaguán de una de las posadas de Ávila en 1914.
Parecidas a las primeras fotografías en color fueron las postales coloreadas, las cuales eran pintadas con anilinas especiales que “iluminaban” la imagen con colores inventados, y cuyo resultado gozaba de cierto atractivo. Esta técnica llamada “fhotocromo” fue introducida en la industria de las tarjetas postales por los impresores alemanes de la casa Püger & Co München hacia 1906, destacando Ávila y su muralla en una vista desde los arrabales del puente, y en otra del Arco del Alcázar. Posteriormente, las casas editoriales suelen comercializar distintas versiones de una misma tarjeta, una coloreada y otra no.

FUENTE:https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234

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