POR JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO, CRONISTA OFICIAL DE TRUJILLO (CÁCERES).
A dos kilómetros de Trujillo se encuentra una aldea, o arrabal, con el romántico nombre de Huertas de Ánimas. Desde la primera vez que entré en Trujillo por el norte, y vi el cartel que indicaba el desvío a Huertas, quedé prendado de su nombre. Al igual que con Cadalso, cualquier enredador que se precie debe sentirse intrigado por el mágico —en mi cabeza— origen de tales topónimos. Según José Antonio Ramos Rubio, cronista de Trujillo, se identifican unas tumbas antropomorfas del siglo VII después de Cristo. Si bien, a quien no le va a gustar una tumba antropomorfa del siglo VII, no responden a nuestro misterio.
En 1466 los dominicos fundaron un convento en los prados de Santa Catalina. Su labor espiritual marcó profundamente a los vecinos de Huertas. La devoción al Rosario y a las ánimas se fusionó en la identidad religiosa del lugar. Cuenta el cronista que los labriegos rezaban cada día a las benditas ánimas del purgatorio, quizá por devoción, quizá por obediencia a los frailes que les procuraban tarea y buen fin a sus hortalizas y matanzas. Ese es el origen de tan especial nombre, así como especiales son sus hijos, como un excelente, y atractivo, laboralista cacereño cuyo nombre, Valeriano, no diré por pudor profesional.
Hace varias semanas hacía referencia al Leviatán de Juan Manuel de Prada, como forma de describir el estado moderno. Mi nivel de ranciedad, aunque latente, no está aun en ese punto. Pero sí llamaré Leviatán a la enorme burocracia que nos esclaviza, y nos lleva a vagar errantes al albur del grupo de manos públicas por donde tiene que pasar nuestro papel o pdf. Manos que toman cafés eternos, que están de baja o que simplemente son manos blandas. También manos duras que por sus narices dicen “no puedes pasar”, como Gandalf al Balrog de Morgoth, o manos perezosas, que solo se despiertan si el papel o pdf es del sobrino de la mano de arriba.
¡Oh! misericordioso, que nos perdonas y quieres la salvación de todos los administrados, imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión del jefe de servicio y de todos los de negociado, concedas a las almas de nuestros vecinos, que han venido a este céntrico edificio, la gracia de llegar a su certificado, licencia o, simplemente, el perdón del Leviatán.
Siguen hablando los viejos del lugar de Anselmo, alma en pena. Autónomo de cincuenta y cinco años, cuarenta de ellos con la llana en la mano. Por primera vez, tras muchos años remozando las dependencias del ayuntamiento de su pueblo, le dicen que para seguir haciéndolo, o al menos intentarlo, debe aportar un certificado de estar al corriente con la Seguridad Social. Se lo solicita su sobrino telemáticamente. La página falla porque no tiene clave pin. El bueno de Anselmo debe acudir a un municipio mayor a que le hagan un certificado digital. Al llegar le dicen que vuelva porque debe pedirlo su sobrino desde el pueblo y ellos se lo activan. Al tercer intento no puede ser porque el funcionario que los activa está de baja y el de al lado no sabe no contesta. Entre tanto, el mantenimiento del ayuntamiento lo lleva ahora una SL que no conoce ni su prima. Cuenta la leyenda que, en la novena noche de noviembre, se oye el tintineo del cincel de Anselmo dando en la puerta del ayuntamiento, sin descanso, hasta el amanecer.
Santísima Concejala, reina del purgatorio: vengo a depositar en tu corazón inmaculado, una oración en favor del alma de Anselmo, que sufre ad infinitum en el lugar de expiación.
Precisamente cerca de Cadalso se oye hablar aun de Pilar y Emilio. Pasadas hace tiempo sus bodas de oro, y sin descendencia, deciden adaptar su baño porque Emilio casi no puede caminar. Solicitan una subvención a tal efecto. Presentan documentación. Se la requieren de nuevo porque falta una fotocopia compulsada de un informe médico ya aportado.
La subvención es de la Junta, como de la Junta es el SES, pero siempre es bueno pedir una copia compulsada de un informe médico no vaya a ser que estemos tratando con Bony and Clyde. La presentan. Tres meses después les solicitan un “anexo complementario”. Luego un certificado de convivencia. Después una acreditación bancaria. Luego una subsanación porque la acreditación bancaria tenía una firma escaneada. Antes de la resolución, Emilio fue afortunado y su alma subió a los cielos a reunirse con sus padres y hermanos, que fliparon con la historia. Sin embargo, La pobre Pilar sigue vagando cada noche por los pasillos de la quinta planta del edificio de usos múltiples, con una fotocopia de su dni buscando quien se la compulse.
Consejerísima con plaza propia en excedencia, altísima y aforada, te pido que, así como me acuerdo de las benditas ánimas del purgatorio, se acuerden de mí los demás, si he de ir allá a pagar mis expedientes sancionadores. En tí, Madre de todos, pongo toda mi confianza de administrado y sé que no he de quedar defraudado. Amén.