POR CATALINA URBANEJA, CRONISTA OFICIAL DE ISTÁN (MÁLAGA).
¿Qué hago con esto?, le pregunté al jefe de personal que me había llevado hasta el almacén de un sótano, para empezar allí mi trabajo de archivero municipal. Las cajas conservaban los nombres de los funcionarios que las habían bajado.“Usted sabrá, es quien ha sacado la plaza”, me respondió. Pasé doce años en los sótanos del Ayuntamiento, recuerda Francisco de Asís López, ya jubilado, tras 37 años de archivero de Marbella.
Antes de que yo llegara, la organización de gran parte del archivo histórico corrió a cargo de la historiadora Lucía Prieto. Con una beca de la delegación municipal de Cultura, se encargó de realizar trabajos archivísticos y una primera organización de los papeles municipales. El trabajo de catalogación que llevó a cabo lo contó en un artículo de la revista Cilniana. Entonces, el archivo municipal compartía local con el de los notarios, en el edificio San José de la calle Vázquez Clavel. Era un bajo, de 1,20 metros de alto, en el que no podías estar de pie. Lucía Prieto había estado trabajando allí con la documentación de la Guerra Civil. Cuando me enseñaba el archivo, le dije: ¡Hay qué ver la cantidad de gatos que hay aquí!. “Mira bien, que no son gatos”, me advirtió. Eran ratas.
En 1989 y 1990 fuimos desalojando el local, que se hallaba en un estado lamentable, lo que era susceptible de expurgo se quemó, y los documentos municipales de este archivo se fueron guardando en el sótano del Ayuntamiento. Una de las secciones más importante del archivo municipal es el Fondo Bazán, del que destacan las actas capitulares. Cuando en 1983 se desalojó a las familias que vivían en el hospital Bazán y se comenzó a rehabilitar el edificio, la documentación del hospital se dejó a la intemperie. Los fondos de Bazán, cuando pasaron al Ayuntamiento los guardábamos en tres armarios. En el primer inventario que se hizo de los fondos noté que faltaba bastante documentación, estudiarlos era difícil, no había muchos trabajos organizados y para hacerlo tienes que conocer la institución, su historia y su desarrollo.
Un día llegaron agentes de la sección de patrimonio de la Policía Nacional de Málaga, me enseñaron las fotocopias de unos 300 folios de un libro de censos de 1609 y me preguntaron si los reconocía. Pertenecían al fondo Bazán. Comentaron que estaban localizando alrededor de un centenar. Se había producido un robo masivo de la documentación. Se trataba de libros y de pre documentos encuadernados en pergamino, que se entendían que tenían mayor importancia. La policía me tomó declaración dos veces, mientras estaban investigando. Desde 2000 no supe más del tema. Antes de jubilarme, uno de esos libros se había puesto a la venta en internet por 1.500 euros. Le propuse al Ayuntamiento que lo comprara, pero en ese momento no se vio oportuno. Están en internet, irán saliendo de a poco, a nadie le puede interesar tener en su casa un libro del censo de 1680 del fondo Bazán. Todo lo anterior a la ley de Patrimonio de 1985 está fuera de la intervención legal, como las ánforas que se recogieron en el mar ante de esa fecha están exentas de pena.
En el archivo falta documentación, actas de periodos concretos de la Primera República, que es muy interesante para saber qué ocurrió en aquellos años. Las actas son los documentos estrella de cualquier archivo, donde se reflejan las actuaciones del Ayuntamiento en todas las materias. De la Guerra Civil hay lo que dejaron, quienes se encargan de escrutar esa época, como Lucia Prieto, han tenido que recurrir a otros lados, como los tribunales togados militares y archivos a los que les competía tener esa documentación.
Hay que reconocer que la documentación municipal no suele ser muy fidedigna, no es la documentación notarial, que es la más rica que existe en los archivos provinciales. Los alcaldes han sido siempre muy llorones, han exagerado mucho la mala situación de su municipio para pedir más dinero, más subvenciones. Hice un trabajo de 1898, casi todo con documentación municipal, y me equivoqué en un montón de cosas. Fue un artículo fallido que historiadores que trabajaron con otros archivos me pusieron en evidencia. La documentación municipal es la mayor fuente de información de una localidad, pero hay que tratarla con cautela.
Un profesor de paleografía decía: las grandes decisiones nunca aparecen por escrito. En el periodo de Jesús Gil el acceso a la documentación era anecdótica, los acuerdos importantes que tomaba y con quién lo hacía no estaban por escrito, al menos no llegaban al archivo municipal. El centro administrativo del Ayuntamiento estaba en el Club Financiero (la residencia de Gil). Cuando se pedía que devolvieran un documento no lo hacían. Solicitaban documentación de personal, de intervención, de todos los servicios, aunque el gran caballo de batalla siempre ha sido el urbanismo. En el archivo le hacíamos firmar la retirada del documento, después decían que no volvía y aquello era imperativo. Han tenido que quedarse con muchísimos.
Era curioso cómo Gil mezclaba la correspondencia del Ayuntamiento con la del Club Financiero y la del Atlético de Madrid (club del que era presidente). Igual que las cartas de particulares con las de organismos oficiales, era un reflejo de cómo funcionaba su Ayuntamiento. Yo no estudio la documentación, solo inventarío, catalogo, organizo, pero veía cartas de tres lugares distintos que estaban archivadas en un mismo sitio.
La documentación urbanística, a partir de los años setenta, incluso las de 1965 y 1966 son muy copiosa. El 70% del archivo lo ocupan cuestiones urbanísticas. El archivo de calle Portada es exclusivamente de urbanismo. Tiene muchos metros lineales de estantería compacta y todo es documentación de urbanismo, excepto una parte pequeña que está en el histórico. Allí se hace frente a las solicitudes del personal administrativo y de particulares. Hay mucha reglamentación en el acceso a la documentación y en los últimos años hubo conflictos por la aplicación de la ley de transparencia y de la protección de datos. El acceso a la documentación es un tema muy espinoso y hay que consultar a los técnicos.
En el archivo hay documentación de ministros, de famosos, como un expediente de Lola Flores solicitando una licencia de obras. La documentación se trata igual, sea la de un príncipe o cualquier vecino. Recuerdo el expediente de una solicitud de una licencia de obra mayor del palacio del rey Fahd para hacer un balcón. Normalmente, estos permisos son para una hacer una casa o un edificio. No se trataría de una reforma pequeña, sino de un balcón enorme del palacio, que es la réplica de la Casa Blanca de EEUU.
Son muy interesantes los actos de protocolo de visitas que se producen en la alcaldía. Hay un expediente del año 1958, cuando le concedieron a Francisco Franco la medalla de oro con carácter único y que hasta 1964 no pudieron entregársela, en una visita a El Pardo. La corporación tuvo que llevársela a Madrid seis años después, y eso que Franco venía a Marbella. [La medalla, tallada en oro reproducía el escudo de la ciudad, orlado por treinta brillantes montados sobre platino, rematada con una corona con cinco brillantes, rubíes y esmeraldas, que pagó el empresario local Salvador Guerrero porque el consistorio no tenía dinero].
En los años ochenta, la primera y la segunda corporación democrática, con José Manuel Vallés y Rafael García Conde, supuso un impulso a las letras. Y en 2008, a partir de la comisión gestora se empezó a mover un poco más la cultura en Marbella. La gestora se caracterizó por la defensa del patrimonio, con Paco Moreno al frente de la delegación municipal de Cultura, hubo un punto de inflexión con ciclos sobre patrimonio e historia.
Luego, he estado tres años al frente del Cortijo Miraflores, coordinando con Carmen Díaz la labor de organizar actos literarios históricos. Fueron años duros pero muy gratos por el conocimiento y el trato con escritores como Mario Vargas Llosa, Ana María Matute, Luis Landero o Javier Cercas. Pasaron todos los poetas, a excepción de Francisco Brines, porque estaba enfermo. Fue un momento glorioso, a partir de entonces, se fomentaron tertulias literarias; el público iba a ver a su escritor favorito. Uno de los más cercanos fue Landero, como también lo era Vargas Llosa, que tenía gran cariño por el Cortijo, se le dio un homenaje de tres días a cargo de Juan Jesús Armas Marcelo y José Manuel Caballero Bonald. En el hotel Vincci estaban alojados cuatro escritores y el último día dijeron que se quedaban otro más. Cuando presentamos la factura a la Fundación Banús, que patrocinaba la actividad, nos dijeron que no había presupuesto. Hay escritores que aguantaban y esperaban para cobrar. Eran tiempos de crisis, se tardaba en pagar, pero se hacía. Solo Fernando Aramburu apretó al Ayuntamiento porque quería el pago inmediato. Ana María Matute, que ya vino mayor, en 2010, el año que le dieron premio Cervantes, se quedaba dormida entre plato y plato. Alguien preguntó: “¿Qué hace esa mujer durmiendo?”, cuando en ese sueño había más literatura de lo que te puedes imaginar.
Me pudieron acusar de intrusismo por corregir textos, por los que nunca he cobrado. He trabajado en textos pergeñados por el autor. Es un trabajo proceloso en su desarrollo, que compensa cuando se presenta el libro y al autor lo ves feliz; es un mandamiento divino. He hecho cientos de presentaciones de libros. Algunos me han presionado más de lo debido y he llegado a la ruptura. Unos, cuando han visto la corrección la rechazaban y buscaban otro corrector. La corrección, la revisión de libros es muy interesante, los temas son tan variados que aprendes. He corregido sintaxis, gramática de psicología, de medicina, tesis, trabajos de fin de grado y de alguna editorial de amigos míos. Los autores son muy agradecidos; hay también quien te discute todo: “No sé leer lo que me has corregido”, me dijo uno. Yo solo hago recomendaciones, lo que considero más correcto desde mi punto de vista.
Esta labor ha dejado a mis trabajos aparcados en un segundo plano. Ahora quiero acabar cosas que empecé hace quince años, libros sobre Marbella desde un punto de vista antropológico, historia de los nacionalismos español, vasco y catalán, desde el punto de vista de los historiadores. Hubo una confrontación entre historiadores a mediados del siglo XX, donde quiero llegar. Lo contó muy bien el hispanista John Elliott, autor de Catalanes y escocés: unión y discordia; tuve la suerte de comer con él y su mujer.
A la asociación Cilniana, que ha cumplido treinta años y tiene en la revista uno de los puntales, me incorporé al poco tiempo de su creación y la he seguido de cerca. He estado con todos los presidentes, también yo lo he sido; ahora trabajo en lo poco que hacemos con Javier Soto, que es publicar la revista, organizar el ciclo de conferencias y adherirnos a toda iniciativa que se tome por la defensa del patrimonio.
Me siento muy orgulloso del trabajo de archivero, ¿pudo haberse hecho mucho mejor?. Siempre. Sufrimos la escasez de personal y de personal cualificado. Han quedado proyectos pendientes de concluir, como la implantación de un programa informático para el archivo, en el que estaba trabajando. Me queda el prurito de no haber podido concluir algunas cosas, pero en el archivo nunca se termina de organizar, siempre se puede profundizar. Hemos digitalizados miles de documentos, y todavía hay muchos pendientes de colgar en la red. El archivo ha sido siempre el patito feo. Tuvimos la suerte en 1999 de pasar del sótano al archivo de calle Portada y en 2006, con la gestora, pudimos segregar el archivo histórico del administrativo, pasamos al Cortijo de Miraflores, donde el archivo se ennobleció. La documentación, según la ley de archivos, a los 50 años de antigüedad pasa al archivo histórico. En algunos casos a los treinta años y en el de los archivos notariales a los cien.
El Ayuntamiento ya ha publicado las bases para el concurso de la plaza de archivero. Se amortizó la que ocupaba, es lo normal cuando se jubila el funcionario, y se vuelve a convocar. El archivo es un servicio administrativo, histórico, cultural, que tiene vocación pública. Normalmente, han sido los altos funcionarios los que han puesto más pegas, los que realmente disponen para que se invierta o dan forma a los presupuestos.
En 2022 me nombraron académico de Marbella de la Real Academia de Artes y Nobles Letras de Córdoba, me sentí muy agradecido de los tres académicos que me propusieron. Hace quince días el Ayuntamiento le nombró ciudadano honorario.
FUENTE:https://www.malagahoy.es/provincia/paco-lopez-archivero-marbella_0_2006835940.html#goog_rewarded
