POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Ayer, en otra época, era uno de esos jueves que relucían más que el sol, junto con el Jueves Santo y el día de la Ascensión. Pero, por razones litúrgicas y pastorales, e incluso laborales, desde hace años, se ha trasladado al domingo siguiente a de la festividad de la Santísima Trinidad, o sea el segundo domingo después de Pentecostés. Sin embargo, en algunas poblaciones españolas se sigue manteniendo y disfrutando de la fiesta del Corpus Christi, en dicho jueves que reluce más que el sol.
En Orihuela, desde el año 1400, la festividad del Corpus Christi se ha celebrado, casi sin interrupción durante su historia, salvo momentos en que las armas o algunas catástrofes han sido protagonistas en la misma. A lo largo de los 615 años transcurridos, si bien la celebración religiosa en el interior del templo y la procesión ha permanecido prácticamente sin variación, los elementos que han contribuido a su esplendor fueron surgiendo y desapareciendo, y, en algunos casos, han vuelto a resurgir a finales del siglo XX y primeros años de la siguiente centuria, como la presencia de las cofradías, los altares y las danzas.
Veintiocho años después de haberse consolidado la festividad del Corpus en Valencia, al rescatar, en 1372, el cardenal Jaime de Aragón la solemne procesión que diecisiete años antes, había propiciado su antecesor Hugo de Fenollet, y que tras su fallecimiento se había visto interrumpida, siendo efectuada alternativamente por las diferentes parroquias valencianas; el Consejo de la Villa de Oriola decretó y votó la festividad del Corpus, junto con la de las Santas Justa y Rufina, estimándose que es a partir de entonces cuando comienzan a ser fiestas fijas en el calendario litúrgico de Orihuela. Ello, no significa que, probablemente, con anterioridad no se celebrase, sin embargo consideramos como posible que lo fuera dentro del oficio divino particular del día del Breviario Romano, encargado por el Papa Urbano IV al dominico Tomás de Aquino.
Es por el contrario, en 1400, cuando el Consejo de la Villa votaba la fiesta del Santísimo Sacramento. Ante ello, el arcipreste Sancho de Mata y demás clérigos solicitaban que económicamente se les ayudase a fin de poder adquirir algunos ornamentos con tal fin. Se acordó entregarles 30 florines, por parte y por mitad del citado Consejo y de la fábrica. Dichos ornamentos se mercaron en la ciudad de Valencia, acordándose su pago el día 8 de junio del citado año. Por otro lado, se acordó que se contrataran juglares y se sacase la Señera de la Villa.
El interés mostrado por el arcipreste y los presbíteros en que la fiesta del Santísimo Sacramente fuera engrandeciéndose, les llevó a solicitar, de nuevo, al año siguiente apoyo del Consejo. Éste no dudó en darlo, y con objeto de lograr el mayor esplendor posible, se puso en contacto el 16 de abril de 1401 con los jurados de Valencia, anunciándoles la visita del presbítero Pedro Comí, con objeto de que se informara sobre cómo se celebraba en ella dicha festividad y cómo la tenían ordenada. Eran momentos, en los que se producía la paradoja de que mientras civilmente la Villa de Oriola dependía de la Corona de Aragón, eclesiásticamente dicha dependencia era de una Diócesis castellana, concretamente la de Cartagena en Murcia. Sin embargo, desde el principio y en todo momento, Orihuela ponía sus ojos en la celebración del Corpus valenciano, aunque, a la hora de recurrir a auxilio espiritual para la celebración se echaba mano del Cabildo cartagenero, tal como acaeció en 1402, en que se solicitó por parte del Consejo oriolano la presencia de algunos de sus miembros, para que con la misma, la fiesta se viera más honrada.
El analista Pedro Bellot, rector de Catral, refiere en los albores del siglo XVII, que era tal el nivel que había alcanzado la fiesta que desde “treinta leguas” acudían a verla y a participar en ella. Hasta el punto era masiva la asistencia de vecinos de la cercana Murcia que, al planteársele en ella si su celebración se llevaría a cabo por falta de medios económicos, en 1483, motivó la prohibición expresa de desplazamiento de los murcianos a Orihuela a presenciar la procesión del Corpus, bajo pena de 2.000 maravedíes. Así, al año siguiente, Sancho Manuel y Ruy García de Harronis se dirigían al Concejo murciano para que organizara la fiesta del Corpus, ya que, en caso contrario los vecinos se desplazarían a Orihuela, “con gran danno desta çibdat”.
Al margen de lo puramente religioso, debió contribuir de manera notable para el esplendor de la festividad y, por extensión, de la procesión algunos aditamentos. Así, la presencia de las rocas, los misterios, entremeses, las enramadas, los juglares, las danzas, los gigantes y enanos, la tarasca o cucafeta, los altares, los fuegos de artificio, la presencia de los gremios y oficios; han sido los complementos que fueron, y algunos, actualmente son, los que favorecieron y cooperaron a festejar la solemnidad del Corpus Christi, y en los que la contribución económica del poder civil ayudó a sufragarlos, bien directamente o empleando, a veces, el sistema de premios a aquellos que fabricaban altares o invenciones.
Han trascurrido más de seis siglos desde entonces, y eran momentos en que, la festividad del Corpus Christi se celebraba en uno de esos jueves que relucen más que el sol.
Fuente: Diario LA VERDAD. Orihuela, 5 de junio de 2015