POR PEPE MONTESERÍN, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS)
La hoguera en la noche de San Juan viene a ayudar al sol, que empieza su declive. Es el fuego agente de transformación, nacimos de las llamas y a ellas volveremos; unos integrados en las estrellas, otros condenados al infierno. Es el fuego mediador entre formas en desaparición y formas en creación, regenerador, demiurgo enviado por el Etna, ¿o por la fragua de Hefesto? Rayo y oro, ascua y ceniza, sustrato de mieses. ¡Ah, el fuego de Paracelso, Prometeo, Empédocles, Heráclito! ¡Ah, la hoguera de las Puranas, del Apocalipsis, de Vulcano, de Wikipedia! Magia imitativa destinada a asegurar la provisión de luz y calor, llama purificadora, sublimadora y destructora de las fuerzas del mal, espíritu luminoso que apaga las tinieblas y busca el final. Atravesar el fuego y trascender es todo uno. Pero préndase la hoguera de San Juan lejos de la Catedral, ¡son competencia!
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