POR LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN CRONISTA OFICIAL DE CARTAGENA (MURCIA) .
Hay momentos en la historia de Cartagena en los que el destino de la ciudad parece pender de un hilo. Instantes en los que una firma, una guerra o una negociación diplomática estuvieron a punto de cambiar para siempre nuestro futuro colectivo. Uno de esos episodios apenas es conocido por la mayoría de los cartageneros y, sin embargo, resulta fundamental para comprender lo que somos. Ocurrió en 1304, cuando el Tratado de Torrellas colocó a Cartagena dentro de la Corona de Aragón y la convirtió, durante un breve periodo, en la pieza más codiciada del tablero político del Sureste peninsular.
Aquella historia comenzó años antes. Tras la muerte de Sancho IV de Castilla en 1295, el reino castellano entró en una profunda crisis política provocada por la minoría de edad de Fernando IV. Jaime II de Aragón vio entonces una oportunidad excepcional para expandir sus dominios hacia el sur incluyendo Cartagena.
La invasión comenzó en 1296. Jaime II avanzó sobre el territorio del llamado Reino de Murcia apoyándose en parte de la población de origen catalano-aragonés asentada en aquellas tierras desde la intervención de Jaime I durante la revuelta mudéjar del siglo XIII. La conquista fue rápida. Alicante, Elche, Orihuela y Cartagena pasaron a reconocer la autoridad del rey aragonés. Durante ocho años el Reino de Murcia quedó incorporado a la Corona de Aragón.
Imagen secundaria 1 – 1. Orden de Jaime II al alcalde de Cartagena Romeu de Marimon sobre la batalla entre marineros castellanos y genoveses. 2. Frontera entre las coronas de Aragón y de Castilla.
Imagen secundaria 2 – 1. Orden de Jaime II al alcalde de Cartagena Romeu de Marimon sobre la batalla entre marineros castellanos y genoveses. 2. Frontera entre las coronas de Aragón y de Castilla.
1. Orden de Jaime II al alcalde de Cartagena Romeu de Marimon sobre la batalla entre marineros castellanos y genoveses. 2. Frontera entre las coronas de Aragón y de Castilla. .
Cartagena dejó de ser una ciudad castellana para convertirse en una ciudad aragonesa y no fue una simple ocupación militar. Jaime II se tituló oficialmente rey de Murcia, implantó nuevas estructuras administrativas, introdujo normas inspiradas en los fueros valencianos y trató de integrar plenamente el territorio dentro de su sistema político. Se concedieron privilegios, franquicias y ventajas económicas para ganar la fidelidad de la población. El objetivo era claro: consolidar definitivamente la incorporación del reino a la Corona de Aragón.
Sin embargo, la realidad fue mucho más compleja. La población castellana seguía considerando a Jaime II un monarca extranjero. El obispo de Cartagena y buena parte del clero mantuvieron una actitud claramente favorable a Castilla. Numerosos nobles y dirigentes locales sabotearon la administración aragonesa. La guerra se convirtió en un conflicto enquistado donde las armas ya no parecían suficientes para resolver la situación.
La solución llegó mediante la diplomacia. El 8 de agosto de 1304 se firmó la Sentencia Arbitral de Torrellas. Castilla y Aragón acordaban poner fin a ocho años de enfrentamiento mediante el reparto del Reino de Murcia. La nueva frontera seguiría aproximadamente el curso del río Segura. Pero el acuerdo incluía una cláusula que hoy resulta sorprendente: Cartagena quedaba para Aragón. También Guardamar, Alicante, Elche y Orihuela permanecían bajo dominio aragonés. La ciudad portuaria más importante del sureste peninsular pasaba oficialmente a formar parte de la expansión mediterránea de la corona aragonesa.
Durante mucho tiempo algunos historiadores pensaron que aquello había sido un error geográfico de los negociadores. Sin embargo, los estudios más recientes demuestran que Cartagena fue incluida deliberadamente dentro de los dominios aragoneses. No se trató de una equivocación. Aragón quería Cartagena. Y Castilla aceptó inicialmente perderla.
La razón resulta evidente, Cartagena poseía el mejor puerto natural de todo el sureste español. Para una potencia marítima como la Corona de Aragón, que controlaba Valencia, Mallorca, Sicilia y Cerdeña, disponer de Cartagena suponía cerrar prácticamente el dominio de toda la fachada mediterránea peninsular. No era una cuestión sentimental ni histórica. Era una cuestión estratégica.
Desde Cartagena podían controlarse las rutas hacia el norte de África. Desde Cartagena podían apoyarse futuras campañas sobre Granada o Almería. Desde Cartagena podía fortalecerse el comercio mediterráneo que constituía una de las principales fuentes de riqueza de la Corona aragonesa.
Pero apenas un año después todo volvió a cambiar, finalmente en 1305 se firmó el Tratado de Elche. Castilla recuperó Cartagena y Aragón consolidó definitivamente la posesión de Alicante, Elche y Orihuela. Las razones fueron diversas. Existían dificultades administrativas, problemas de continuidad territorial y compensaciones políticas entre ambas coronas. Jaime II aceptó finalmente desprenderse de Cartagena a cambio de asegurar otros territorios que consideraba más fáciles de integrar dentro de la estructura valenciana.
Redes mercantiles
¿Pero qué habría ocurrido si Cartagena hubiera permanecido bajo la Corona de Aragón? La hipótesis resulta fascinante, probablemente Cartagena habría acabado integrada dentro del Reino de Valencia desvinculándose de manera definitiva del de Murcia. Sus instituciones se habrían regido por los fueros valencianos. Sus élites comerciales se habrían conectado con Barcelona, Valencia, Mallorca, Sicilia y Nápoles. El puerto habría participado de manera mucho más intensa en las grandes redes mercantiles mediterráneas de los siglos XIV y XV.
No es descabellado imaginar una Cartagena convertida en una de las principales escalas marítimas de la Corona de Aragón. Una ciudad más orientada hacia el comercio internacional que hacia las dinámicas interiores de Castilla. Una Cartagena vinculada políticamente al Mediterráneo mucho antes de la llegada de los Borbones.
Incluso durante la Guerra de los Dos Pedros, en el siglo XIV, las referencias documentales demuestran que la cuestión murciana seguía viva en la memoria política aragonesa. El recuerdo de aquellas tierras perdidas nunca desapareció completamente.
Sin embargo, la historia siguió otro camino, Cartagena volvió a Castilla y, con el paso de los siglos, terminó convirtiéndose en la gran base naval del Mediterráneo español. Su destino quedó ligado a la construcción de la Monarquía Hispánica, a los Austrias y posteriormente a los Borbones.
Pero durante unos meses de 1304 la historia estuvo a punto de escribirse de otra manera. Cartagena fue aragonesa. No como una anécdota, sino como una decisión política plenamente consciente. Una decisión que pudo alterar para siempre la identidad, la economía y el papel estratégico de nuestra ciudad.
Quizá por eso el Tratado de Torrellas merece ocupar un lugar destacado en nuestra memoria colectiva. Porque pocas veces Cartagena estuvo tan cerca de convertirse en algo completamente distinto de lo que hoy conocemos.
FUENTE:https://www.laverdad.es/murcia/cartagena/fotohistorias/cartagena-pudo-aragon-20260613081706-nt.html
