LA DAMA DEL ALMUDÍ, PROTOTIPO DEL MURCIANO DE SIEMPRE
Jun 09 2015

POR JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO, CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA Y CARAVACA

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En la fachada sur del viejo edificio del Almudí, en el Plano de San Francisco capitalino, se muestra, a la vista de todos, un panel decorativo, labrado en piedra, que representa la virtud de la Piedad, o lo que es lo mismo, de la Caridad, la hospitalidad o la Generosidad, virtud principal que tradicionalmente ha adornado al murciano de todos los tiempos.

El soporte de la representación alegórica es uno de los pocos edificios públicos civiles erigidos en los primeros años del S. XVII en la capital de la Región, tras la destrucción del primitivo pósito del pan, de estilo renacentista, destruido por un rayo en 1612. Las obras de reconstrucción duraron hasta 1628 y en ellas intervinieron arquitectos y escultores como Pedro Milanés y Cristóbal de Salazar, aunque el relieve alegórico que nos ocupa se atribuye a Hernando de Torquemada y procede del viejo edificio de 1575, erigido siendo corregidor de Murcia Pedro de Ribera de Vargas, quien a su vez era regidor de Madrid.

En el panel decorativo en cuestión se muestra, sobre cornisa rectilínea, un escudo en cuyo campo figura una matrona joven, sin edad definida, que amamanta a un niño extraño mientras que otros dos aguardan en impaciente espera el alimento materno. La figura femenina se encuentra flanqueada por las seis coronas del emblema de la ciudad de Murcia (recuérdese que la séptima se otorgó por el rey Felipe V en 1709). El conjunto lo flanquean dos figuras aladas asexuadas tenentes, que portan una filacteria con inscripción epigráfica decorativa, de difícil lectura por faltar parte de la misma, en la que se alude a la virtud de la generosidad que debe asistir al buen gobernante.

La conocida en muchos ambientes como la ´Dama del Almudí´, o ´Dama de Murcia´, ha sido tomada por diversos colectivos regionales (como la Asociación de Cronistas Oficiales de la Región de Murcia), como alegoría para la composición de emblemas particulares por la carga de contenido simbólico que encierra en sí misma, y que no es otro que el de la personificación de la propia Región Murciana (o antiguo Reino de Murcia), identificada con la Caridad, que acoge y alimenta a todos, propios y extraños, sin importarle su procedencia u origen.

La Matrona Murciana se asienta sobre lecho de frutos, símbolo de la fecundidad de sus tierras. Se las arregla como puede para satisfacer las necesidades de unos y otros y, orgullosa de sí misma, es asistida y mostrada al resto de los pueblos de España por seres alados mitológicos que pregonan sus virtudes en mensaje impreso en la filacteria que airea la pareja de ángeles, atentos a la escena central del conjunto, el cual se corona por figura mitológica que bien podría ser un águila (considerada en la mitología clásica como mensajera de la voluntad de lo alto y, que de ser bicéfala, sería símbolo del poder supremo) o un pelícano, que representa la abundancia.

La dama no cabe duda que representa a Murcia. De ello dan cuenta las seis coronas de su escudo. Y de la generosidad que hace gala al alimentar al extraño antes que a los suyos, existen abundantes y elocuentes ejemplos, antiguos y modernos, en la historia de la Región.

En el semblante pétreo de la dama, se atisba la belleza serena de la mujer mediterránea, que derrocha su encanto y donaire en el gesto y en el ademán elegante de su propio movimiento. Las gentes de la Región de Murcia, además de alimentar con el fruto de nuestra tierra al resto de las gentes de España y de Europa, siempre hemos sido solidarios con las necesidades de otros lugares, como sucedió en tiempos recientes en las inundaciones de Valencia en octubre de 1957, así como de la aceptación de todos, sin importar su origen ni condición, de lo que pueden hablar y mucho tantos políticos, venidos de otros lares, a quienes confiamos el gobierno de nuestros pueblos y ciudades como alcaldes, concejales e incluso como diputados regionales.

Murcia, acostumbrada a recibir por sus costas, gentes llegadas de lejos, desde la remota época de los denominados Pueblos del Mar hasta nuestros días, ha sido y sigue siendo generosa, ostentando esa virtud de manera indeleble y grabada en piedra, en la Dama del Almudí, así como, desde otros puntos de vista en la fachada de la Catedral y en el interior de la misma.

Por todo ello, me atrevo a sugerir, en la fecha en que los murcianos celebramos nuestra propia identidad entre el resto de los pueblos y gentes de España, que la Dama del Almudí, sea tenida en adelante como el espejo en el que Murcia se contempla en su propia historia.

Fuente: http://www.laopiniondemurcia.es/

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