POR JOSÉ MARÍA FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)
Pasó la noche de San Juan, la más corta del año, con toda su carga de ritos, mitos, supersticiones y leyendas.
Una noche con historia de celebraciones festivas que se remontan a tiempos «de ni se sabe».
El fuego y el agua, como agentes de purificación, cobran un especial significado en esta noche-madrugada.
El fuego, materializado en la hoguera nocturna, reduce a cenizas nuestros malos momentos ya sufridos, nuestros miedos, nuestros rencores, nuestras venganzas, nuestros odios y malos quereres.
Purifica nuestro espíritu y lo limpia de pecado.
El agua, materializada en esas fuentes manantiales enramadas con flores, lava y limpia nuestros cuerpos cuando su fluir en la fuente es iluminado por los primeros rayos del amanecer.
Es la «flor del agua», mensajera de pureza.
El «espíritu de San Juan» revolotea cubriendo, a modo de nube, rocas, aguas, valles, arbolados, praderíos, animales, personas… Todo se supone bendecido por él y todo se considera bendito en esa noche.
En Asturias estimamos la bendición especial que el santo prodiga sobre el saúco (Sambucus nigra L.), al que llamamos «benitu», y sobre sus flores.
Estas, recolectadas durante la noche santa junto con unas nueces nacientes, maceradas en orujo, canela y azúcar durante nueve lunas, serán remedio eficaz contra dolencias gastrointestinales.
Es muy general la creencia en el «huevo de San Juan» como pronosticador de futuribles.
En esa noche, a las 24 horas, se dispone un huevo de gallina (clara y yema) en un vaso grande con agua manantial. Ha de colocarse cerca de una ventana entreabierta para que el espíritu del santo le de su bendición.
Si al día siguiente se observa que la clara, ascendiendo por el líquido, forma un velero con sus velas desplegadas, es signo de BUENA SUERTE; si queda «aplastada» sobre la yema, el pronóstico es de desgracia.
La foto es de mi reciente «huevo de San Juan».
Consuélenme: me esperan malas nuevas.
Decía Gonzalo de Berceo que:
«San Joan el Baptista
aluego en su niñez,
abrenunció del vino,
e carne, e sizra , e pez…»
Así que como estoy triste y de mal humor, no seguiré los consejos de don Gonzalo.
Yo, a por un centollín y una botellina de sidra… «p´abrir boca», después ya veremos.
