SEMINARIO METROPOLITANO DE SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN EN OVIEDO
Nov 28 2025
POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).
Traer a la memoria los años pasados en el Seminario Metropolitano de Oviedo con algunos de los compañeros con los que compartí estudios, amistad, valores, intereses, recreos, paseos y tantas otras cosas es lo que hacemos cada año en ese mismo seminario cuando finaliza el mes de noviembre.
Tras la misa en la Iglesia Mayor por los compañeros y profesores fallecidos desde la década de los años 60 del siglo pasado hasta hoy y -especialmente- los fallecidos en estos últimos doce meses, tuvo lugar la comida de fraternidad en el mismo seminario, compartiendo idéntico menú al que ese día se les sirve a los aproximadamente 20 seminaristas que hay en la actualidad (abonándolo por nuestra parte, como corresponde).
Algunos de esos seminaristas hicieron acto de presencia a los postres de la comida y atendieron las preguntas que se les hicieron, además de comentar de dónde proceden, qué curso estudian y cual es su edad, entre otras cosas.
Debo apuntar que -por ejemplo- en el curso 1962-1963 en este Seminario de Prado Picón de Oviedo residíamos 497 alumnos, y otros 156 estudiaban los dos primeros cursos de carrera eclesiástica en el Seminario Menor de Covadonga.
Cuento a continuación la historia de este edificio que acaba de cumplir 71 años desde su inauguración, puesto que haría muy extenso este artículo si relatase también la historia que -desde el siglo XVII- aparece en los archivos sobre los seminarios anteriores que hubo en Asturias, como ya hice en el libro digital “Patrimonio religioso de la ciudad de Oviedo” (Asturias Actual) presentado en Real Monasterio de San Pelayo de Oviedo el día 6 de este mismo mes de noviembre.
Historia del Seminario Metropolitano de Oviedo desde la colocación de la primera piedra en 1942 +++
En 1941 Manuel Arce y Ochotorena (obispo de Oviedo desde 1938 a 1944) nombró una junta pro construcción del nuevo seminario, encargando a los notables arquitectos don José María Mendoza y don Gabriel de la Torriente el proyecto inicial, así como la dirección de su desarrollo.
Quería un edificio modelo a la altura de las necesidades de la Diócesis de Asturias, en el que se pudiesen atender todas las exigencias de una piedad acendrada, sólida, iluminada, profunda e impregnada de espíritu sobrenatural, además de las correspondientes exigencias de la ciencia y de la higiene, en el que hasta sus paredes fuesen una lección viva de todo cuanto debe aprender un ministro de Dios.
Todo ello bajo un competente cuerpo de maestros de disciplina y espíritu que modelasen sabiamente a los alumnos, así como a los mejores profesores para cada una de las respectivas cátedras.
El 14 de mayo de 1942 se colocó la primera piedra del nuevo seminario, un edificio enorme con sabias distribuciones en diferentes cuerpos para aulas y salas de estudio y la separación correspondiente para los tres grados existentes en la carrera eclesiástica: Latinos,
Filósofos y Teólogos.
El eje principal del edificio se proyectó orientado en dirección sureste a noroeste.
La fachada principal -con la capilla mayor a su derecha y el salón de actos a su izquierda- mira hacia lo que era el centro de la ciudad en aquellos años, con unos jardines y un acceso para coches desde la calle que sigue conservando su nombre de “Sacramento”.
Los cerramientos perimetrales del complejo se hicieron principalmente con muros macizos. Las entradas porticadas se proyectaron para protegerlas del clima a veces adverso del norte, las tres con escalinatas, pero también con acceso desde el interior.
Cada uno de estos grupos ocupaba un cuerpo del edificio y disponía de sus propias comunicaciones verticales, servicios, recreos cubiertos y refectorios completamente independientes.
Una planta inferior albergaba las cocinas, bodegas y almacenes, con lavaderos en la parte más baja de la misma. El cuerpo del edificio central estaba formado por cinco plantas.
Los cuerpos laterales albergaban las correspondientes capillas, y en las plantas primera, segunda y tercera se disponían los dormitorios o celdas individuales con servicios higiénicos comunes.
Cada cuerpo del edificio se comunicaba verticalmente con los demás mediante la correspondiente escalera.
La monumental biblioteca se proyectó sobre el vestíbulo, desarrollándose en dos alturas.
En la publicación “El Seminario, proyecto del nuevo edificio” (Editorial F.E.T. Oviedo, 1944, 24 páginas) el arquitecto Gabriel de la Torriente nos informa de cómo habían finalizado las obras del nuevo edificio en el año 1944. Una explicación general de cómo están dispuestas las naves y bloques de edificios, la división de los pabellones, dónde se encuentran las principales instalaciones como aulas, salón de estudio, capilla, gimnasio, biblioteca, celdas individuales (con servicio de baños, duchas, inodoros y lavabos en proporción necesaria para todos los alumnos), dormitorio general, enfermería, etc. Todo ello acompañado de fotografías que ilustran las exposiciones.
Gabriel de la Torriente fue el arquitecto de la manzana de San Roque, ubicada en el ovetense barrio de San Lázaro, uno de los que más daños sufrieron tras los bombardeos de la Guerra Civil.
Fue proyectada en el año 1941 y se concluyó en 1945 con la colaboración de Francisco Saro. La construcción está compuesta de 16 casas con 138 viviendas y 12 locales comerciales. Torriente también se ocupó de reconstruir el edificio del Ayuntamiento de Oviedo en 1940, añadiendo la torre que actualmente tiene y organizándolo con gran eficacia.
Sin embargo, la obra que más impacto provocó en la época, por esperada, fue la del edificio del Seminario Metropolitano de Oviedo, que desde su fundación en 1851 no había encontrado una sede fija.
Proyectado en 1944, al año siguiente se inauguró la biblioteca en las instalaciones del Prado Picón, incorporándose los seminaristas teólogos, los filósofos y los de Humanidades. El 19 de marzo de 1949 quedaron concluidas las obras de la Iglesia Mayor, inaugurándose el edificio el 15 de noviembre de 1954.
Forjados, cimentación, escaleras, aleros, sillería, tabiques, aceras, batientes, todo estaba milimétricamente previsto, definiendo cómo debía utilizarse la piedra artificial -moldeada en taller, despiezada y asentada en la obra- para impostas, cornisas, ménsulas, frontones, huecos de la Iglesia Mayor y el Salón de Actos, así como los pináculos y remates de distintos cuerpos del edificio.
Para las escalinatas de los tres accesos de la fachada principal se dispuso que se utilizase piedra del monte Naranco, al igual que en el enlosado de los pórticos, utilizando losas de 50 x 50 cm.
Al famoso ingeniero de caminos Ildefonso Sánchez del Río -especialista en la construcción de cubiertas y grandes luces de hormigón armado- se le encargaron las estructuras de vigas y soportes.
Sánchez del Río era hijo de un juez asturiano y -entre otras muchas dedicaciones- fue ingeniero municipal del Ayuntamiento de Oviedo entre 1924 y 1941, dejando obras tan notables en Asturias como los depósitos de agua de Oviedo, el mercado de Pola de Siero y el famoso “paraguas” invertido como cubierta del antiguo mercado de ganado de la misma población (hoy es la estación de autobuses), la tribuna del antiguo Estadio Buenavista, o el Palacio de los Deportes de Oviedo (1961-1975) -considerado este último como su obra maestra- con su cúpula cerámica sin pilares, algo nunca visto antes; palacio recientemente restaurado cuando se escriben estas líneas en 2025.
Y allí -en el terreno propiedad de la diócesis conocido como Prado Picón- donde apenas siete años antes se abrían trincheras, minas y contraminas, en el mismo lugar donde se mataban amigos y enemigos del Cristianismo, entre luces y tinieblas, mártires y todo tipo de horrores, se levantó el Seminario Metropolitano.
Francisco Javier Lauzurica y Torralba fue obispo de Oviedo desde 1949 hasta 1954, año en que fue nombrado arzobispo y siguió en Oviedo hasta abril de 1964, de modo que el nuevo seminario fue tal vez el más importante de sus proyectos episcopales en Asturias, concluyendo las obras que encontró paralizadas, instalando en el mismo un moderno gabinete de Física y Química, el Salón de Actos -orgullo del Seminario Metropolitano- una dignísima enfermería, e hizo de la biblioteca un ejemplo de línea artística en su sala de lectura. Biblioteca en la que se acumularon miles de libros y documentos, tras haber sido arrasada la anterior en la Revolución de Octubre de 1934.
A Lauzurica y Torralba le debemos también la instalación en Covadonga del Seminario Menor, así como el apoyo a aquella incipiente Escolanía del Santuario y todo lo que supusiese el engrandecimiento de este Real Sitio tan querido por los asturianos.
Por fin llegó el día de la solemnísima bendición e inauguración del tan ansiado seminario en Prado Picón.
El Nuncio en Madrid de Su Santidad Pío XII -Monseñor Hildebrando Antoniutti- llegó a Asturias el 13 de noviembre de 1954.
Al día siguiente, el asturiano don Segundo García de Sierra y Méndez fue consagrado obispo, y el día 15 fue inaugurado solemnemente el nuevo Seminario Metropolitano.
Habían pasado 103 años desde que en 1851 don Ignacio Díaz Caneja había fundado un Seminario en Oviedo por el que tantas generaciones aguardaron.
Desde ese año 1954 hasta hoy se calcula que unos 3.000 jóvenes han pasado por dicho Seminario (como es el caso de quien redactó estas líneas que usted está leyendo, primero en el Seminario Menor en Covadonga y, después, en el de Oviedo, apenas diez años después de su inauguración).
Como comenté al principio de este artículo éramos centenares el número de alumnos y -pasados 71 años de la inauguración del edificio- apenas hoy son dos decenas los seminaristas que habitan en el mismo.
No es de extrañar que por las grandes naves del antiguo seminario podamos encontrarnos -entre otros- con otro tipo de estudiantes que nada tienen que ver con los pocos que allí buscan su crecimiento interior, mientras se adentran en la que están seguros que es su vocación de entrega a Dios y a los demás.
El Seminario de Prado Picón alberga hoy también otras actividades relacionadas con la vida diocesana: cursos, conferencias, retiros, encuentros de todo tipo, o colaboraciones como en el caso del Seminario de Santander.
Seminaristas que a lo largo de estas siete décadas -como todos los que los antecedieron- acabaron entregando su vida a la Iglesia en la absoluta seguridad de que aquello en lo que creyeron y por lo que trabajaron -al final- hará certera memoria de las palabras de san Pablo a los corintios:
“En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la trompeta, los muertos despertarán”. Amén.

Calendario

mayo 2026
L M X J V S D
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Archivos

UN PORTAL QUE CONTINÚA ABIERTO A TODO EL MUNDO