POR ALFREDO PASTOR UGENA. CRONISTA DE LA VILLA DE YEPES (TOLEDO).
La conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI motivó que los dirigentes de las taifas peninsulares llamaran en su ayuda a los almorávides. La zona de Yepes y gran parte de la hoy conocida como Mesa de Ocaña, adquirió un cierto hálito de liberación de la presión musulmana, conviviendo los pobladores con más libertad,en lo posible, en su espacio geográfico, formado entonces por diversas aldeas sin unificar administrativamente, cuya cohesión como Villa Arzobispal de Yepes aparece a partir de 1213 y se configura de forma definitiva en 1217.
Los almorávides eran unos grupos de origen bereber, que, en ese momento, dominaban el norte de África. Practicaban una variante del islam más rigurosa que sus hermanos de fe peninsulares, de tal modo que, movidos por el ideal religioso, entraron en la Península al año siguiente (1086). Parece ser que la acción represiva de estos pueblos se dirigió esencialmente hacia el sur y este, suprimiendo las taifas en al-Ándalus y unificando el territorio andalusí. Entre 1090 y 1145 vencieron a Alfonso VI en Sagrajas, Consuegra, donde muere el único hijo varón del Cid y posteriormente en Uclés así como en otros enfrentamientos.
Posteriormente llegaron a la Península los almohades, a partir de 1146. Un afán reformador llevó a estos grupos de bereberes— cuyos caladeros de enganche se situaban preferentemente en el Atlas marroquí— a invadir los territorios peninsulares y sustituir en el poder a los almorávides.
Esta división de poderes y conflictos entre los gobernantes (almorávides) y aspirantes a gobernar al-Ándalus (almohades) supondría el final del control musulmán de la Península Ibérica por estos últimos: movimiento político plural e imperialista, religiosamente más ortodoxos.
Las comunidades mozárabes y judías, que habían florecido bajo los taifas, sufrieron una reducción de libertades debido a la estricta visión religiosa de los almohades.
Es probable que Yepes, como La Guardia y otros lugares cercanos,así como la zona de Calatrava y aledaños, sufrieran el asedio de las razias almohades cuyo objetivo era fundamentalmente la posesión de cautivos y esclavos que posteriormente eran llevados a Sevilla, la capital almohade , a través del importante camino califal existente entre Toledo y Córdoba, donde se vendían en los mercados preparados para ello. La ciudad hispalense se convirtió en un gran centro de negocios con los esclavos y cautivos apresados. Los califas almohades embellecieron la ciudad (la Giralda, Torre del Oro, el Alcázar, etc) con las importantes sumas de dinero obtenidas con la esclavitud preferentemente castellana.
Yepes, el 22 de agosto del 1213, se convirtió en señorío eclesiástico del Arzobispado de Toledo, ocupando la mitra el prelado Raimundo Jiménez de Rada quien levantó las murallas sobre la antigua cerca árabe y judía y le otorgó Fuero el 31 de diciembre de 1223 (“estatuto jurídico de una población que otorgaba a los habitantes de esa localidad ciertos privilegios para favorecer el asentamiento en el lugar”) adquiriendo desde entonces el título de Villa e intentando con ello atraer población, cercándose toda la zona poblada y utilizando como atractivo repoblador, por ejemplo, la exención de tributación durante tres años a los nuevos habitantes .
Pero no será hasta 1217 cuando el papa Honorio III—sucesor de Inocencio III quien concedió la bula para la cruzada peninsular contra los almohades que terminó en 1212 con la batalla de las Navas de Tolosa— cuando se confirma esta situación de Yepes como Villa administrativamente estructurada, bajo la autoridad del prelado anteriormente citado.
Este amurallamiento de la Villa, lo inició el arzobispo Jiménez de Rada (1213-1247), como parte de la línea defensiva fortificada, organizada contra las avanzadillas almohades que campeaban por algunas zonas de Toledo. Posteriormente, al ser Yepes una Villa eclesiástica arzobispal de Toledo, continuaron interesándose por el cerramiento otros arzobispos como don Pedro Tenorio (1356-1399), el cardenal Francisco de Cisneros (1495-1517) y el cardenal Guillermo de Croy (1518-1521) entre otros.
Se conserva hoy en día con cuatro de sus puertas y dos torres de arte mudéjar, constituyéndose como un recinto murado sólido y uniforme de matiz militar, con sillares y aparejos irregulares, acorde con las características de las construcciones del momento, apareciendo hoy entre nosotros como una huella histórica muy relevante del devenir histórico de nuestro pueblo.
FUENTE: A.P.U.