393 FIESTAS DE SANTA QUITERIA, PATRONA DE LA NAVA DE SANTIAGO.
May 20 2026

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ).

                                                                 

Han vuelto las fiestas de Santa Quiteria bajo estos soles de mayo. Han vuelto las tardes de quinario y rezo, de revuelo y repique gozoso de campanas. Ha vuelto el olor a ropa tendida, oreada por un sol roto, rajando la cal rizada de las fachadas de las casas y la pintura de sus zócalos. Ha regresado el perfume limpio que se escapa ondeado por el aire, pretendiendo detener el tiempo y el manantial de las nostalgias. Ha vuelto lo más querido y lo más sagrado. Ha vuelto el paisaje y el paisanaje, personas y vidas. Generaciones jóvenes y viejas. Sabores nuevos y antiguos.
Porque está aquí, porque ha llegado lo más querido y lo más sagrado. Ha regresado esta convocatoria anual que no siente apenas necesidad de anuncio, porque el pueblo lo intuye en su sexto sentido, bajo la sintonía de sentimientos renovados, que desea que juguemos sabiamente a ser nosotros mismos. Quien es origen, principio y fin, Santa Quiteria, os desea que tengáis buena compañía, ganas de diversión y una mirada puesta en el futuro.
Rendida la víspera de Santa Quiteria, tras los fuegos y la resaca de la verbena, aguardaban dos palos en las manos de Alonso Sánchez, “el churrero”, faenando sobre la espiral de una rueda de churros, friéndose sobre el aceite de la nafre, que ahora hacen borbotear las nostalgias, junto a un trago de aguardiente que reinventaba la vida. Levantando acta de todo ello cuatro fieles fedatarios públicos, Pajuelo, Hilaria, Piporro y Miguel Moreno, propietarios de aquellos templos para la bebienda, donde oficiaban académicos y notables en el culto al vino, bajo una voz solemne que invitaba al consumo, “Apura que te llene”.
Con la amanecida, sin apenas lugar para el descanso, con sabor a café de puchero, poco después que los panaderos diesen la bienvenida a las claras del alba, se descorrían cerrojos y se abrían las puertas, aireando salas y alcobas. Se ponían las mejores colgaduras sobre los balcones, proclamando bajo la sabiduría de las canas y el tacto áspero de manos grandes, trabajadas y trabajadoras, de los abuelos y padres, de cuantos nos precedieron, que había llegado el día en el que la devoción antigua transmitida y conservada, iba a ser manifestada ante una imagen sagrada como la más valiosa de las herencias mejor guardadas.
Los músicos tocaban el penetrante “chinda, tachinda, chinda, chín… chero-tachero-tachero-tachán…”, y el aplauso se generalizaba cuando la imagen traspasaba el umbral del templo, dando así comienzo a una mañana de azul y plata, en los corazones de sus hijos y devotos.
Sencillo el ornato. Ajuar impecable. En las andas flores de este mayo que se entregan a porfía, porque desde siglos madre siempre ha sido y nuestra es. Ropa de estreno, de domingo, de día de fiesta. Olor a colonia. Coloretes en las caras de las jovencitas. Rojo intenso en los labios de las señoras. Collares y abanicos. Las ballenas dando fortaleza y elegancia en los cuellos de las camisas. Gente que se santigua. Hombres que respetuosamente se quitan gorras y sombreros. Aquellas imágenes, prodigiosamente, han quedado guardadas en la caja de la vieja cómoda. Tribuna de santos, donde una mariposa navegando en el aceite alumbraba día y noche una capillita y varias estampas. Allí, en el ángulo izquierdo, en la caja de latón, en el paraíso donde habitó antes el dulce de membrillo, están ahora las fotografías antiguas.
Allí, paisaje, actores y actrices de un tiempo. Las entrañas de aquella “España que pasó y no ha sido” que recita el verso machadiano. Allí, los quehaceres, las alegrías, las fiestas, la familia y el tiempo del buen gobierno de nuestros bisabuelos, abuelos y parientes lejanos. Allí, en las fotografías, en ellas, la historia que trajo el tiempo.
Gracias a Agustín, el de los pelos rizados, fotógrafo de Mérida; y a la pareja en el arte de guardar la luz del tiempo formada por Belmonte -sí, con apellido de matador de toros- y Sevilla, su ayudante, que era de Puebla de Obando. Gracias a estos fotógrafos por habernos transmitido las imágenes con las que ahora entendemos aún más y mejor la vida. (Fragmentos del Pregón de las Fiestas de Santa Quiteria, que pronuncié el 21 de mayo de 2012, invitado por el Ayuntamiento, siendo alcaldesa María Ángeles Cortés Sánchez).

FUENTE:https://www.facebook.com/manuel.garciacienfuegos

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