POR ANTONIO BRAVO NIETO, CRONISTA OFICIAL DE MELILLA.
A principios del siglo XX y muy en relación con las diferentes campañas militares, se hizo necesario habilitar varios hospitales militares en Melilla. El más importante fue el Hospital Docker, que recibía su nombre del modelo de pabellones utilizados en su construcción, sistema muy utilizado en este tipo de instalaciones sanitarias y patentado con el nombre «Docker».
Los pabellones se distribuían por un amplio espacio en leve pendiente, con arbolado, y su entrada principal estaba situada junto a la vía del ferrocarril que conectaba con el Protectorado Marroquí, hecho que facilitaba el traslado de los heridos en tren hasta las mismas puertas del hospital.
Algunos de los más prestigiosos ingenieros militares del momento trabajaron en su construcción. Uno de los primeros proyectos que conocemos data del 29 de mayo de 1910, y aparece firmado por Droctoveo Castañón Reguera; en 1915, Francisco Carcaño Más construiría la sala de operaciones (donde llegaría a operar el doctor Fidel Pagés) y una magnífica portada hecha de sillería. Cinco años después, el mismo ingeniero, ya proyectaba nuevos pabellones y en 1922, otro ingeniero militar, Mariano del Pozo Vázquez, continuaría completando nuevas instalaciones.
El proceso constructivo del hospital demuestra que se trataba más de un conjunto de edificaciones estructuradas en torno a una finalidad, que un edificio concebido de una manera unitaria. Las instalaciones, levantadas en diferentes épocas, comprendían por supuesto las salas para enfermos, distribuidas según las especialidades, laboratorios, sala de operaciones, cocinas, lavaderos, depósito de agua, oficinas, el alojamiento y capilla para las Hermanas de la Caridad que trabajaban en él, e incluso una monumental iglesia que aún se conserva ya restaurada.
Con el paso de los años, este conjunto fue perdiendo su funcionalidad, lo que motivó su demolición y finalmente el espacio fue empleado para construir el actual Hospital Universitario de Melilla.
