ENCUENTROS CON PRÁXEDES MATEO SAGASTA, EL ESTADISTA DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL (I) EN ÁVILA
Feb 15 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

2025 ha sido el año Sagasta, coincidente con la celebración del bicentenario de su nacimiento. El político liberal Práxedes Mateo-Sagasta (Torrecilla en Cameros, La Rioja, el 21 de julio de 1825-Madrid, 1903) fue uno de los principales artífices de la formación del Estado español contemporáneo, y lo que ahora nos llama la atención es su rica relación con Ávila, la cual se produce al fijar en la ciudad, junto a su esposa Ángela Vidal Herrero, la residencia familiar veraniega desde 1887 hasta su muerte en 1903.

Entre los vínculos de Sagasta con la capital abulense destacamos: En 1855 intervino decisivamente para que Ávila figurara en el trazado ferroviario de la Línea del Norte. En 1882 presidió la Junta Nacional organizadora del III Centenario de Santa Teresa de Jesús celebrado en Ávila. De Ávila atesoró un hermoso álbum de los monumentos de Ávila regalo de Rafael de Sierra, y aquí convirtió su casa en el despacho estival como presidente del Consejo de Ministros o como jefe del partido liberal, allí recibía a personalidades, autoridades, amigos y correligionarios, convirtiendo la ciudad en un escenario privilegiado de la política española.

Igualmente, la presencia de Sagasta en Ávila sirvió para atraer a turistas de balneario, y a ilustres y ricos visitantes que formaron parte de la colonia veraniega; además de ser motivo de divulgación de su rico patrimonio histórico. Así mismo, es destacable que Sagasta fue distinguido en 1902 por el Ayuntamiento abulense con la nominación de una calle y una placa en la casa consistorial, por la aprobación del proyecto de abastecimiento de aguas, al tiempo que la ciudad agradecida colocó colgaduras en los balcones, hubo repique general de campanas y disparos de cohetes, y actuó la banda municipal recorriendo las calles de la ciudad

Por último, Sagasta, junto con su esposa Ángela Vidal Herrero (1827-1897), siempre mantuvo relaciones afectivas de vecindad, y también de cordialidad con la corporación municipal y viceversa, lo mismo que con los militantes liberales de Ávila, recordando todos el día de sus fallecimientos, aparte de contribuir para la construcción de un mausoleo en su honor. Y no olvidamos que las imágenes de su estancia en la casa abulense se convirtieron en el icono de la representación gráfica de su biografía divulgada multitudinariamente por toda la prensa de la época antes y después de su muerte.

Aproximándonos a la biografía de Sagasta diremos que fue Ingeniero de Caminos, que ejerció en la provincia de Zamora en 1849, donde conoció a Ángela Vidal, con quien convivió y tuvo dos hijos, José (nac. 1851) y Esperanza (nac. 1875), debiendo esperar a que ella enviudara en 1885 de su anterior marido para casarse.
En 1854 inicia la carrera política como diputado a Cortes en las filas del liberalismo progresista y ejerce el periodismo en el diario La Iberia. En total, a lo largo de casi cincuenta años, fue diputado en treinta y cuatro legislaturas de dieciséis Cortes diferentes.

Fue conspirador revolucionario en una primera etapa de su vida, en la que también fue condenado a muerte y sufrió destierro. Presidió la cámara en dos ocasiones. Fue capaz de aglutinar en torno a su liderazgo las dispersas facciones liberales, de ahí el apodo de “viejo pastor”.

Colaboró activamente para que se asentara un sistema monárquico constitucional en el que los liberales progresista y conservadores se alternasen pacíficamente en el poder, sin los tradicionales y recurrentes pronunciamientos militares.

A lo largo de su larga trayectoria ocupó las carteras ministeriales de Gobernación, de Fomento y de Estado. Y desempeñó la presidencia del Consejo de Ministros en siete legislaturas discontínuas sumando unos trece años en el cargo, la primera vez con Amadeo de Saboya y la última con Alfonso XIII, turnándose, principalmente, con Manuel Cánovas del Castillo.

Algunas de las leyes aprobadas durante sus mandatos fueron la Ley de Prensa (1882), la Ley de asociaciones (1887), El Código Civil (1889), o la Ley del Sufragio universal masculino (1890), las cuales representaron serios avances para la modernización del país, situándolo a la altura de las democracias europeas más avanzadas.

Finalmente, su entierro en Madrid congregó a multitudes de todas las clases sociales y las más altas autoridades del Estado encabezadas por el rey Alfonso XIII, en una sincera manifestación de duelo y admiración por el político desaparecido que en Ávila tuvo también fue objeto honras fúnebres.

Desde entonces, descansa en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid en el mausoleo que esculpió Benlliure con aportaciones de los liberales abulenses.

Hace veinticinco años que España se anticipó a la celebración del centenario de la muerte de Sagasta en una magna exposición en la Fundación BBVA de Madrid (2000-2001) titulada ‘Sagasta y el liberalismo español’ comisariada por Carlos Doré, quien escribe:

«La trayectoria de Sagasta es plenamente representativa del ‘progresismo’, la izquierda del liberalismo español del siglo XIX, que inicialmente impulsó la revolución política social y, más tarde, moderó sus planteamientos contribuyendo a la formación de un estado, una economía, una sociedad y una cultura liberales y modernas».

También en vísperas del centenario de su muerte, durante 2002-2003, tiene lugar en La Rioja la exposición ‘Sagasta y el liberalismo progresista en España’, comisariada por José Luis Ollero Vallés, de lo que se hizo eco El Diario de Ávila:

«Ávila tiene mucho que decir al respecto, puesto que fue Sagasta un enamorado de nuestra ciudad» (DAV, J. Ruiz-Ayúcar, 11/11/2002). De la misma manera, Adolfo Yáñez, también quiso dedicar unas líneas a Mateo Sagasta y reivindicar su figura, personaje que eligió Ávila «para esbozar proyectos y madurar ideas» (Revista Cultural, 43/2003, pp.20-21; ídem Heterodoxos y olvidados, 2010, pp. 199-212).

En 2025, el bicentenario del nacimiento de Sagasta se ha celebrado en La Rioja con multitud de actividades culturales coordinadas por la Fundación Sagasta, depositaria de su extraordinario legado. Entre ellas figura la publicación ‘Sagasta y la imagen fotográfica de la revolución liberal (Planeta, eds. J. Luis Ollero y Bernardo Riego, 2025), con la que colaboramos, y la exposición ‘Sagasta (1825-1903), un ingeniero de caminos por la senda del progreso’ que pudo verse en el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid.

Otros títulos interesantes son: ‘Sagasta o el político’ (Espasa Calpe, Conde Romanones, 1930); Sagasta o el arte de hacer política’ (Biblioteca Nueva, José Ramón Milán, 2001); ‘Sagasta: de conspirador a gobernante’ (Ed. M. Pons, José L. Ollero, 2006); y ‘Práxedes Mateo Sagasta. Presidente del Consejo de Ministros de España: Política y Cuestión Social. 1874-1902’ (Biblioteca de Historia Social, 2017).

Ahora, por nuestra parte, solo nos detendremos en aquellos aspectos históricos de la vida de Sagasta en los que Ávila aparece como referente escenográfico de su intensa biografía. Así, en esta primera oportunidad trataremos sobre temas abulenses en los que intervino, relacionados con ferrocarril, el periódico La Iberia, el III Centenario de Santa Teresa, y su casa de reposo en el centro de la ciudad.

FERROCARRIL.

Ávila y el ferrocarril tuvieron en Sagasta un férreo defensor en tiempos en los que debía aprobarse en las Cortes el trazado de la línea del Norte. Dicha línea era bien conocida por Sagasta como encargado de la sección Valladolid a Burgos del proyecto.

En 1853 fue ascendido a ingeniero primero en el distrito de Salamanca, al que también quedaron adscritas Zamora y Ávila, puesto al que renunció en 1854 para dedicarse a la política en el parlamento, desde donde trabajó por la provincia abulense

Sobre la importancia de la línea del Ferrocarril del Norte, el diputado Sagasta dijo en el Congreso que «es la esencia, es la vida de todos los demás ferrocarriles que se construyen en España» (Diario de sesiones, 31/10/1855). Y ante la disyuntiva del trazado que se disputaban Ávila y Segovia, y después de arduas discusiones, informes y contrainformes, las Cortes, en la sesión del Congreso, celebrada el 6 de diciembre de 1955, se aprobó la enmienda del diputado abulense Sr. Hernández de la Rúa al artículo 4º del proyecto de Ley del ferro-carril del Norte, según la cual el trazado de la línea iría «de Madrid a Valladolid por Ávila y Medina del Campo» (Gaceta, 7/11/1855).

En su defensa, entre las decisivas intervenciones producidas, reseñamos la de Sagasta, que sabía bien de los condicionantes técnicos que exigían la ejecución de las obras y de la morfología geográfica del territorio abulense:
«Once años hace que se anda trabajando para llevar a cabo esta obra; sin embargo, en los once años la cuestión de Ávila y Segovia ha presentado una muralla insuperable. Ya manifesté aquí ayer los estudios que se habían hecho; ya dije que no ha habido una línea más estudiada, y que jamás para elegir entre dos líneas posibles ha habido estudios más concienzudos ni opiniones más unánimes que en la cuestión de Ávila y Segovia… La ciencia ha resuelto siempre lo mismo, siempre, la preferencia de la línea de Ávila a la línea de Segovia… Queda, pues, demostrado palmariamente que el trazado por Ávila es más conveniente que el de Segovia» (Diario de sesiones, 6/11/1855).

Finalmente, como referencia de estrechamiento de lazos de Ávila con Sagasta, citamos que sus intervenciones en el Congreso fueron recogidas, junto con el resto de trámites, discursos y debates que tuvieron lugar, en un lujoso libro editado por la Diputación y el Ayuntamiento de Ávila titulado Álbum del Ferro-carril del Norte, donde ambas instituciones agradecen a las Cortes Constituyentes la aprobación del trazado por Ávila del ferrocarril del Norte que recoge Ley de 14 de noviembre de 1855 por la que se autoriza al gobierno para subastar la concesión del ferrocarril del Norte desde Madrid por Ávila, Medina del Campo a Valladolid y Miranda del Ebro (Gaceta, 16/11/1855).
‘LA IBERIA’.

«La Iberia. Diario Liberal» es el periódico de Sagasta, y en él encontramos algunos rastros de Ávila en los que queremos ver pequeñas referencias y vinculaciones de la ciudad con el diputado y estadista.
El joven Sagasta, siendo ya diputado, se formó como reportero en este diario, uno de los más leídos, primero como columnista y luego como redactor jefe a partir de 1857. Años después, Sagasta se convierte en copropietario y en 1863 asume su dirección hasta 1866. La Iberia es el prototipo del nuevo e influyente periodismo político fundado por Pedro Calvo en 1854.

En su presentación se proclama como “campeón de las doctrinas liberales” y que “la imparcialidad” era “su divisa; la legalidad, su escudo” y “la libertad, su grito de guerra”, y aunque exprese también que “no nos hemos afiliado a ningún partido”, se convertirá en órgano efectivo del Partido Progresista. Incluso se ha llegado a decir que este diario de los progresistas liderados por Sagasta fue el que más contribuyó al desencadenamiento de la Revolución Democrática de 1868.

Ávila, por su parte, es noticia en las páginas de La Iberia a propósito del nacimiento de un periódico abulense: «Hemos recibido en nuestra redacción el primer número de Faro de Castilla, periódico que ve la luz en Ávila, y que se consagrará exclusivamente a defender los intereses materiales de aquella rica provincia» (La Iberia, 9/09/1858). Al Faro también le da la bienvenida el Ayuntamiento abulense, dado que «ha de reportar beneficios a la Capital», se dijo en la sesión del 28 de septiembre de 1858.

La nueva cabecera recuerda al diario Faro de Ávila, su aparente antecesor y título que también se reseña en las actas municipales en 1857.

En otro momento, Ávila aparece en La Iberia del 5 de julio de 1863 como uno de los destinos veraniegos a los que emigran los madrileños en los meses de julio y agosto, circunstancia esta que parecía una premonición de los veraneos de Sagasta en la ciudad, los cuales van a ser continuos y frecuentes desde su matrimonio con Ángela Vidal en 1885 hasta su muerte en 1903.

El escritor de costumbres de La Iberia relató entonces el viaje desde Madrid a Ávila describiendo la belleza del abrupto paisaje, el palacio y la ciudad ducal de Medinaceli en las Navas del Marqués.

Ya en Ávila, el periodista, acompañado del señor don José del Río, que hizo de Cicerone, descubre la catedral, donde puede admirarse el sepulcro del Tostado y la custodia de plata de Juan de Arce; la basílica de San Vicente y la cueva donde apareció la Virgen del ‘Soterraño’ [Soterraña]; la capilla de Mosén Rubí; la iglesia de Santa Teresa de Jesús y la capilla que ocupó su alcoba; la ermita de San Segundo levantada a orillas del Adaja y frente a la muralla; la antiquísima y magnífica muralla; el paisaje montañoso que cierra el espacioso horizonte; el mirador del paseo del Rastro desde donde se atisba el castillo de Aunque te pese [Aunqueospese] y se rememora la leyenda que semeja una versión de Romeo y Julieta; y el sitio donde tuvo lugar la Farsa de Ávila situado a los pies de la muralla.

El reportaje termina invitando al lector, quien «si es de Madrid, con deseos de pasar un día el puerto y darse una vuelta por la antigua ciudad de Ávila, le debemos dejar en disposición de que examine y descubra por sí mismo lo que nosotros le callamos. Así, tendrá el placer de la sorpresa» (La Iberia, 5/07/1863).

Por último, el liberalismo abulense, que en la ciudad choca con el conservadurismo mayoritario, alcanza eco en la La Iberia de la mano del Comité progresista de Ávila a través de la carta firmada el 31 de mayo de 1864 por Alejandro Gutiérrez, Calixto Benito, Pablo Jiménez de Manresa y Celedonio Sastre:

«Los progresistas de Ávila creen que nuestros jefes son la ideas liberales, nuestro guía la soberanía nacional, nuestro fin la práctica sincera del Gobierno representativo; y escudados con estos principios… esperan tranquilamente el fallo del país, que al comparar al partido progresista con todos los demás de nuestra patria, sabrá, a no dudar, hacer justicia» (La Iberia, 8/06/1864).

CENTENARIO DE SANTA TERESA.

Con motivo de la celebración del III Centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús (1515-1582), el año de 1882 fue todo un acontecimiento para Ávila. La ciudad vivió entonces una eclosión de actividades culturales, sociales y religiosas que atrajeron a multitud de visitantes, peregrinos, personalidades y diversos personajes ilustres.

Sin embargo, lo que ahora viene al caso es que para el desarrollo del ambicioso programa se constituyó la Junta organizadora del Centenario de Santa Teresa de Jesús, cuya Junta Nacional fue presidida por Práxedes Mateo Sagasta en su condición de Presidente del Consejo de Ministros, aparte de otros miembros de raigambre abulense, como Francisco y Manuel Silvela (La Iberia, 06/06/1882; Boletín del Centenario, 5/1882).

Sagasta conocía bien a Santa Teresa y solía dirigir las reuniones de la Junta Nacional del Centenario que tenían lugar en el Palacio presidencial de Madrid, y también estaba al corriente de las visitas de personalidades que peregrinaban a Ávila con tal motivo, según información telegráfica que recibía del gobernador abulense (La Iberia, 6 y 15/06/1882).

No obstante, el nombramiento de Sagasta como presidente de la Junta Nacional del Centenario provocó una furibunda oposición por parte del diario católico El Siglo Futuro. En sus páginas se criticaba que Sagasta era un enemigo de la Iglesia por ser masón y que «firmaba poco tiempo atrás circulares masónicas con el título de Gran Oriente de la francmasonería española» (26/06/1882).

En contestación a dichas protestas, la Junta Organizadora de Ávila, a través del Boletín del Centenario que dirigía Tomás Pérez González (1838-1883), uno de sus miembros más influyentes, responde que la presidencia de la Junta no es nominal, sino representativa, en este caso del gobierno de la nación por serlo del Consejo de Ministros, añadiendo:

«No nos importa poco averiguar si el Sr. Sagasta pertenece o no a esa Sociedad, ni creemos que conduce al caso». Y sobre la composición de la Junta Nacional, apunta:

«Todo fue exclusivamente obra e iniciativa de la Junta Organizadora de Ávila, que, deseosa de dar ensanche y magnitud a la idea del Centenario, tuvo ese espontáneo pensamiento, guiada de la más completa buena fe y de los impulsos más nobles y levantados. Como se trataba de crear una Junta nacional, la Organizadora procuró que en ella tuvieran participación las grandes representaciones del país» pertenecientes al Gobierno, la Iglesia, la milicia, las universidades, las Academias, las Cortes, las Corporaciones provincial y local, y la prensa (Boletín del Centenario, 14/1882).

Abundando sobre la cuestión masónica, cabe indicar que la respuesta de Tomás Pérez, un prestigioso periodista, editor, abogado y filántropo, además de fundador de la Casa de Misericordia (1867) y de la Caja de Ahorros de Ávila (1878), no era de extrañar, sobre todo si consideramos que él también estaba vinculado con la masonería, y más concretamente con la logia abulense de ‘La Entereza’, la cual tenía su sede en el Palacio de Los Serrano, quel también lo fue de la Caja de Ahorros.

En cuanto a la militancia masónica de Sagasta, es sabido que fue elegido ‘Gran Maestro’ y ‘Gran Comendador’ de la masonería en España en 1876, con el nombre de ‘Hermano Paz’, y ‘Gran Oriente’ cinco años después. Pronto asumió los ideales masones de libertad, fraternidad, amor y respeto, dada su conexión con los del liberalismo que profesaba en el partido progresista que lideraba.

Posteriormente, en 1881, al acceder a la presidencia del Consejo de Ministros, Sagasta dimite de sus cargos masónicos para no involucrar a las logias en su nueva responsabilidad política. Desde entonces, poco a poco se fue alejando de la organización, influido, quizás, por su amistad con el obispo Ciriaco Sancha y Hervás, quien había sido obispo de Ávila entre 1882-1886, y cuya participación en el Centenario de Santa Teresa fue también decisiva.
El distanciamiento de Sagasta de la masonería fue total en 1886, al ingresar en la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, cuyos estatutos prohibían pertenecer a tal sociedad. Más aún, en 1894, Sagasta, siendo presidente de Consejo de Ministros, abjura públicamente de su pertenencia a aquella hermandad en una de sus intervenciones en el Congreso de Diputados:

«Yo he creído que atribuir a una persona que pertenece a la masonería no era injuria hasta el punto que yo he pertenecido a la masonería porque he creído que no era delito. Después, cuando he visto que los Papas insistían en su condena, yo que me precio de buen católico apostólico romano, tan católico apostólico romano como su señoría [Sr. Vázquez de Mella, diputado carlista], no me he querido poner en frente de la Iglesia y me he separado de la secta. Si yo hubiera considerado que pertenecer a la masonería era delito, yo no hubiera pertenecido nunca, porque no ha entrado nunca en mis ideas y aun en mi corazón, ni en mis sentimientos ser jamás delincuente a sabiendas» (Diario de Sesiones, 3/11/1894).

Por otro lado, respecto a la vinculación teresiana de la familia Sagasta, reseñamos que la esposa Ángela Vidal Herrero de Sagasta, ilustre vecina estival de Ávila, era muy devota de la imagen de Santa Teresa, y cuando murió el partido liberal abulense quiso venerar su memoria celebrando las honras fúnebres en el convento de los carmelitas. Y casualidades de la historia, resulta que en la ciudad de Murcia, la calle donde en el siglo XVIII se levantó el convento de la Encarnación de Carmelitas Descalzas, popularmente conocidas como ‘Las Teresas’, hoy desaparecido, se llama desde el siglo pasado «Calle Sagasta».

HOGAR ABULENSE.

El hogar de la familia Sagasta en Ávila estuvo en las distintas casas que construyó la esposa Ángela Vidal, en las cuales pasaba la temporada veraniega desde 1887. «Primeramente mandó levantar una hermosa finca adosada a la muralla en los números 19 y 21 de la calle de San Segundo», lo que provocó un incidente con el Ayuntamiento que reclamaba la presentación de los planos correspondientes. En este edificio, «se reservó el principal, alquilando los bajos y los segundos para oficinas de Correos y Telégrafos. Más tarde [en 1891] edificó [por el maestro de obras Cuadrillero] otra en el Mercado Grande o Plaza del Alcázar, como si dijéramos la Puerta del Sol avilense, y vendió la primera a la sucursal del Banco de España.

La nueva vivienda consta igualmente de bajos, donde se encuentras instalados, a la derecha el Correo, y a la izquierda el Telégrafo; piso principal que ocupa su distinguida propietaria y segundo, destinados para los jefes de las mencionadas dependencias» (La Época, 26/07/1894).

La privilegiada situación de la vivienda, «construida por iniciativa y bajo la dirección de la señora de Sagasta», nos la describe Ballesteros, corresponsal de la Época: «Desde las galerías de cristales que se extienden por la fachada posterior se domina un vasto panorama, propio para esparcir el ánimo, sustrayéndole a las pequeñeces y miserias de la vida humana: el hermosísimo y frondoso valle de Amblés, tan renombrado, se dilata hasta perderse en la lontananza desde las última casas de un barrio bajo que forma un arrabal de la ciudad, dominado enteramente por la elevación de estas en que se halla enclavada.

Al frente limitan el valle las escarpadas y pintorescas sierra de Ávila, de las que, se desprenden dos corrientes de agua: el arroyo Grajal que, serpenteando entre prados, tierras de labor, huertas y alguna que otra alamedilla, corre a unir sus aguas con las del Adaja» (La Época, 01/09/1894).

Nuevos, minuciosos y reveladores detalles de la vivienda fueron publicados por el periodista y político Gabriel Ricardo España y Amenábar en La Ilustración Española y Americana de 22 de septiembre de 1897: «Basta entrar en el recibidor del piso que ocupa Sagasta, para que se note desde luego la amplitud y claridad de toda la vivienda, así como las buenas condiciones de su emplazamiento.

Da la fachada al lugar más céntrico de la población, y sólo hay que salir á las galerías laterales y del fondo para ver el campo y respirar los aires puros de los alrededores. Desde allí se domina el valle de Amblé, precioso y pintoresco paisaje de tonos grises; se ve el convento de la Concepción, situado á cortísima distancia, y se divisa, casi en último término, la espesa arboleda que, á modo de oasis en inmenso desierto, circunda al santuario de Sonsoles, célebre por los milagros que ha realizado la Virgen que se adora en aquel piadoso recinto».

Continúa Gabriel R. España su relato describiendo el interior y la decoración de la vivienda: «El vestíbulo es bien sencillo. Al frente de la puerta y en lo alto de la pared hay una cabeza de venado. Debajo un dibujo de la fachada de la casa, hecho por el arquitecto que la construyó, D. Enrique María Repullés y Vargas. A ambos lados, los retratos de los monarcas Carlos I y II, uno de ellos excelente copia de interpretación del Tiziano.

Una pequeña antesala con balcón á la calle, conduce por la derecha á la sala de recibo, y por la izquierda al comedor. Hay en esta especie de pasillo varios cuadros interesantes. En uno de ellos se encuentran los retratos de los prohombres de la Revolución. Reunidos en artística orla, y con el título Regeneradores de la nación, española’, figuran allí Serrano, Prim, Dulce, Olózaga, Topete, Sagasta, Pierrad, Madoz, Latorre y Rivero.

En un grupo fotográfico está la minoría parlamentaria del partido de la unión liberal. Preside el tribuno Olózaga, y tiene al lado, como secretarios, á Ruiz Zorrilla y a Sagasta, ambos con la clásica perilla que por entonces se usaba. Otro cuadro, también de mucho valor histórico, es el que representa el Juramento del rey D. Amadeo en el Congreso de los Diputados».

«El comedor no puede ser más modesto. Un sofá y sillones verdes alrededor, para recibir á las personas de confianza. En las paredes variados adornos, entre ellos un Almanaque anunciador del anís Sagasta, algunas panderetas con dibujitos, platos de la casa Martlnho y una caricatura del mismo Sagasta, hecha en la Granja sobre porcelana.
Aquí es donde escribe D. Práxedes su correspondencia numerosísima, y en esta habitación es donde el hábil fotógrafo Sr. Franzen ha hecho el magnífico retrato, cuyo grabado publicamos en la primera página del presente número. La mesa del comedor se convierte en mesa de despacho, los manteles, platos y vasos se sustituyen por la carpeta, las plumas y el tintero, y en lugar de alimentos se llena aquello de cartas, telegramas, periódicos é impresos de todas clases.

La sala de recibo es la pieza de mayor tamaño y mejor decorada de todas. Tiene dos balcones a la calle, y en medio de éstos un gran espejo y columnas que sostienen preciosos jarrones japoneses. El juego de sala, de peluche azul, es sencillísimo.

Constituyen el principal adorno de la habitación los retratos al óleo, de gran tamaño, del dueño de la casa y de su señora. Ambos son de fecha remota, y parecen pintados cuando el Sr. Sagasta ocupaba el Ministerio de la Gobernación á raíz de la Revolución de Septiembre.

Sobre el piano se encuentran colocadas numerosas fotografías, y en medio de todas, ocupando lugar preferente, la de una señora a la que el jefe del partido liberal guardaba particular afecto: doña María Saint-Aubin de Canalejas».
La paz que disfrutaba Sagasta en su hogar abulense fue interrumpida el 24 de octubre de 1892, cuando a las tres y media de la madrugada, se produjo un violento incendio que destruyó las casas colindantes nº 16 y 18, propiedad del maestro compositor Sr. Nieto y del abogado y ex gobernador González Serrano, causado por la chimenea del despacho de este. En la extinción del incendio trabajaron eficazmente los obreros de la Academia de Administración militar y cuatro religiosos dominicos del convento de Santo Tomás.

Al ser despertado Sagasta por el incendio, dando media vuelta en la cama, contestó con su mayor flema: -«Bueno; avisadme cuando haya peligro», por lo que fue necesario sacarle a la fuerza.

Esta reseña periodística fue reproducida en todos los medios, si bien no dejaba de ser una exageración y sin visos de realidad, pero los oponentes políticos conservadores la utilizaron como ‘leyenda urbana’ para desprestigiarle por incumplir el deber de auxilio en una situación tan dramática (La Época, 25 y 29/10/1892).

Aquel suceso, también lo contó el periodista y político Teodoro Baró y Sureda: «En octubre del 1892 se pegó fuego en la casa del lado de la de Sagasta en Ávila, quedando aquélla destruida. Entró el criado á despertarle, y volviéndose al otro lado D. Práxedes dijo: -Avisen cuando haya peligro; pero como el peligro ya existiera, fue necesario convencerle para que se levantase.

Más tarde le preguntó un periodista: – «Pero, ¿es verdad, D. Práxedes, que tuvo usted la calma de seguir en la cama a pesar del incendio?» -« ¿Y qué había de hacer si el peligro no era inminente y me despertaron a lo mejor del sueño?», respondió» (La Ilustración Artística, 18/10/1897). Tiempo después, Ángela Vidal de Sagasta compró el edificio incendiado con el propósito de reedificarlo.

FUENTE:https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234

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