LA CIUDAD EN EL CENTRO DE LOS VAIVENES DEL PODER
Mar 01 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.


Hubo un tiempo en el que Ávila estuvo en el centro de los vaivenes del poder, coincidiendo con la estancia en la ciudad del gobernante y hombre de estado Práxedes Mateo Sagasta, quien fijó aquí su residencia veraniega a lo largo de quince años.
Durante este periodo, su casa del Mercado Grande fue el epicentro de referencia de cuanto sucedía en la alternación gubernativa del ‘turno de partidos’ en el gobierno de la nación. Fue por ello que Ávila se convirtió entonces en un hervidero de gentes del mundo de la prensa y la política.
Parecía como si en esta época, Ávila ejerciera algún tipo de influjo en la carrera política de su más ilustre vecino al convertirse en el escenario referencial de relevantes acontecimientos.
Nada pudo evitar la gran repercusión mediática que producía el vivir diario de Sagasta en Ávila, sus declaraciones y entrevistas, así como los encuentros con los políticos que aquí tenían lugar, bien cuando era jefe del partido liberal o bien cuando desempeñaba el cargo de presidente del Consejo de Ministros.
Y ello, aún a pesar de la intención de no tratar sobre política, como anotó el escritor y farmacéutico de Navaluenga, José Luis Urreiztieta Bacigalupe:
«Recibía en Ávila a los periodistas de Madrid… Solían visitarle también las personalidades más salientes de la ciudad, dando lugar a animadas reuniones, en las que se procuraba olvidar los temas que tuvieran alguna relación con la política» (DAV, 2/03/1976).
Un testimonio gráfico de aquellas visitas de fotógrafos y reporteros fueron los retratos que el “amateur” Francisco Atard, oficial segundo del Gobierno civil, hizo a Sagasta en su retiro de Ávila, donde su esposa Ángela Vidal, delicada de salud, disfrutaba del beneficioso clima. Le acompañaban en la escena de la imagen el antiguo diputado republicano, Eduardo Gómez Sigura, el doctor Llenderozas y el diputado a Cortes Nicolás Sánchez-Albornoz Hurtado.
Dicha circunstancia sirvió entonces para trazar la siguiente semblanza del personaje por parte de Salvador Canals y Vilaro, periodista y diputado conservador por Ávila en 1907 en sustitución del Conde de Crecente, Gabriel Alcázar y Guzmán:
«Con fidelidad asombrosa reproducen esos retratos la bondadosa y simpática fisonomía del viejo estadista, que menos escondido que Carlos V en Yuste y menos amargado que Ruiz Zorrilla en Tablada, da desde Ávila motivo a más conversaciones que las que produjeran desde monasterio cacereño o desde el cortijo burgalés aquellas retiradas históricas.
No pienso, no quiero escribir nada, por lo menos, acerca de los pareceres que desde Ávila envía a sus amigos el Sr. Sagasta; pero cuando lo veo en esa fotografía, con su modesto pelaje de empleado de ahorros, en estrecho jardín de modesta casa, me dan ganas de reír los periódicos que presentan al jefe liberal poco menos que vendido a las empresas de ferrocarriles… ¿Qué barato se venden nuestros estadista, o qué malas pagadoras son nuestras empresas…, o qué inocentes nuestros periódicos!» (Nuevo mundo, 27/08/1896).
ASESINATO DE CÁNOVAS.
A raíz del asesinato del presidente conservador, Antonio Cánovas del Castillo, magnicidio ocurrido el 8 de agosto de 1897, Ávila ocupa un protagonismo inusitado como espacio y lugar de referencia de las entrevistas y declaraciones que hace Sagasta sobre su reacción a la noticia del crimen, su repercusión en la política nacional y la crisis de gobierno producida.
Sobre la reacción al asesinato, en Ávila, existe la leyenda urbana según la cual «estaba Sagasta tomando café en ‘Pepillo’ cuando alguien entró para anunciarle que acababan de asesinar a Cánovas, y que Sagasta le había dicho al mensajero: -‘No me he enterado. Dígamelo usted después de la siesta’ (J. Arribas, Ávila de memoria. Conversaciones con José Belmonte, 2009, p. 209).
Por el contrario, resulta que la respuesta de Sagasta a tan desgraciada y trágica muerte se produjo al momento de recibir la noticia:
«El Sr. Sagasta ha contestado al telegrama del señor [Fernando] Cos-Gayón [ministro de la Gobernación] inmediatamente, enviándole desde Ávila el despacho siguiente: ‘con profunda pena me entero en este momento de su telegrama. Estamos todos de pésame. Me pongo incondicionalmente a las órdenes del Gobiernos de S.M.’» (La Época, 8/08/1897).
Por su parte, el político y redactor de El Heraldo, Tesifonte Gallego García, natural de Montejo de Arévalo, visita Ávila y nos lo cuenta con más detalle en el diario del 9 de agosto de 1897:
«Eran las doce [de la noche del 8 de agosto) cuando llegué al domicilio del Sr. Sagasta. Ya estaba retirado a sus habitaciones; saludé a sus distinguidos y cariñosos hijos, y me despedí hasta la mañana. [Al día siguiente] Acabo de verle. He hablado hora y media con el jefe del partido liberal, a quien debo una atención más y una manifestación de cariño. He aquí el resultado de la entrevista:
«Encontrábase descansando el Sr. Sagasta, y eran las cuatro de la tarde cuando se presentó el jefe de Telégrafos manifestando deseos de verle. Como se le dijera que no podía ser, insistió diciendo que era para caso urgente y grave.
Ante esta actitud se resolvieron a llamar al Sr. Sagasta, y ordenó que pasara dicho jefe. El diálogo fue breve. -Me he atrevido a interrumpir su descanso, porque tengo que entregarle un despacho que contiene una grave noticia. -¿Qué sucede, pronto? El señor presidente del Consejo [Sr. Cánovas del Castillo] ha sido víctima de un infame atentado, y acto continuo le entregó el despacho del ministro de la Gobernación».
«La emoción que produjo la noticia en el jefe del partido liberal fue inmensa. Rogó al de Telégrafos le dejara solo mientras se reponía de impresión tan violenta, y rodaron las lágrimas por sus mejillas.
Algunos momentos después puso el despacho de contestación al Gobierno, y acto continuo expresó a S. M. el testimonio de honda pena, reiterándola su adhesión… [Entonces] Llegaron a la casa del ilustre jefe del partido liberal varios amigos, entre ellos el general Hidaldo [Baltasar Hidalgo de Quintana], el diputado Sr. [Nicolás] Sánchez Albornoz y el conde Belascoáin [Juan Bautista Bernardino García de Aguiar y del Castillo], quienes al enterarse del suceso manifestaron su protesta más enérgica y el pesar que la noticia les producía… La noticia empezó a conocerse en la población al comenzar la noche.
Como era domingo, había música en el Mercado Grande; pero se retiró en señal de duelo por la muerte del presidente del Consejo».
«Hablando de las probabilidades de que sea llamado al poder su partido, insistió en lo que ya nos había manifestado, pero reiterando su pensamiento de siempre. -Que está a toda hora al servicio de la Patria y de la Reina. No son estos momentos para grandes reflexiones, sino para sentir e indignarse. Y al decir esto reflejaba el ilustre hombre público la honda pena que le ha producido el trágico fin del Sr. Cánovas, con quien ha compartido tantos años la gobernación del país.
Ni a Madrid, ni a San Sebastián, ni a parte alguna piensa ir el Sr. Sagasta, como no fuera preciso. Permanecerá en Ávila, desde donde en cualquier momento puede dirigirse al punto que las circunstancias lo exijan» (El Heraldo de Madrid, 9/08/1897).
Igualmente, el periodista, Ricardo Hernández Bermúdez, escribe también sobre el trágico asesinato. «He conferenciado en Ávila durante hora y media con el Sr. Sagasta. Díjome que en los primeros momentos de estupor no podía dar crédito a la noticia del asesinato de Cánovas.
Para convencerme de la verdad del horrible suceso fue preciso que se lo comunicara el gobernador y una telegrama ddel Sr. Cos-Gayón… -No he podido dormir en en toda la noche -añadió. –La impresión que he recibido es tan profunda que se borrará fácilmente. El Sr. Sagasta se levantó hoy a las seis de la mañana sin poder conciliar el sueño. Hállase, realmente, muy preocupado» (El Imparcial, 9/08/1897).
La preocupación de Sagasta se acrecenta entonces por las divisiones internas del partido conservador que amenazan con su descomposición, las difíciles relaciones con Estados Unidos y la grave situación de Cuba y Filipinas, si bien,
«en los momentos actuales el Sr. Sagasta considera que no es de buen gusto que los liberales celebren ‘meetings’ ni realizan otros actos de propaganda política. [No obstante] Conservadores que han pasado por aquí hoy en los trenes ascendentes y descendentes expresaron la creencia de que dentro de pocos días será llamado al poder el señor Sagasta» (El Imparcial, 9/08/1897).
Por lo demás, en Ávila «con grandísima rapidez se propagó en esta capital la noticia del infame atentado cometido contra el señor Cánovas. El gobernador civil y el militar, el Comité conservador y todas las personas de importancia, sin excepciones políticas de ninguna clase, han experimentado profundísima pena, que no ocultan a nadie.
Todos ellos consideran el suceso como una gran desgracia naciona… La muerte del insigne estadista produce en todos los ánimos impresión dolorosísisma. No se oye otra conversación. Todo el mundo tiene una frase de admiración para el señor Cánovas y de execración para el el asesino.
El Señor Sagasta ha conceptuado la desgracia como un gran duelo nacional… El acalde, don Dionisio Ibarreta, mandó suspender el concierto que, como todos los domingos, daba la música en la plaza del Alcázar» (El Nacional, 9/08/1897)
VISITAS.
En los días sucesivos al asesinato de Cánovas, cobraron especial relevancia las visitas de periodistas y políticos que acudían a entrevistarse con Sagasta en su casa de Ávila en busca de una solución a la crisis de gobierno abierta, aunque este motivo no siempre era reconocido.
Entre estos encuentros, reseñamos la llegada del político liberal José Canalejas Méndez (1854-1912), ministro que fue en los gobiernos de Sagasta y que murió asesinado quince años después cuando era presidente del Consejo de Ministros. Para despejar dudas sobre negociaciones y gestiones políticas, la prensa dijo sobre su estancia en la capital abulense:
«En el tren del Norte ha llegado el Sr. Canalejas. Le esperaban en la estación los señores Sagasta, Cruz [Pablo Cruz y Orgaz] y otros. Desde la estación se dirigieron a casa del expresidente del Consejo, donde el Sr. Canalejas se hospedará durante su permanencia en la ciudad…
El viaje del exministro liberal a Ávila no tiene, según nuestras noticias, relación alguna con la política, como suponen algunos periódicos.
Se trata únicamente de cumplir el ofrecimiento que hizo el Sr. Canalejas, poco después del fallecimiento de su esposa, de pasar unos días al lado del Sr. Sagasta, el cual le había invitado al efecto con el noble fin de procurarle algún consuelo en sus justificadas tristezas» (El Correo, 22/08/1897).
En medio de la inestabilidad política provocada por el asesinato de Cánovas, toda la prensa se hace eco de las declaraciones que Sagasta hizo desde su retiro en Ávila a un redactor de El Liberal:
«Cuando estuve en Madrid para asistir al entierro de Cánovas, ya pude enterarme de que los conservadores está profundamente divididos y son incapaces de constituir una situación estable. No hay dos ministros que se entiendan. Por lo que al partido liberal afecta, ni ha variado ni variará su actitud parlamentaria» (El Liberal, 25/08/1897).
Y lo mismo ocurre respecto a otras visitas de antiguos ministros y correligionarios: «Ayer llegó a Ávila el general [Eduardo] Bermúdez Reina, que se hallaba en su finca del inmediato pueblo de Mingorría. En la estación lo esperaban el Sr. Sagasta, el general Salcedo [Juan Salcedo y Mantilla de los Ríos] y el Dr. Merino [Fernando Merino Villarino, su yerno].
Desde la estación se dirigieron todos a casa del Sr. Sagasta. También ha llegado el general Pando [Luis Manuel Pando y Sánchez], que acompañado del Sr. Bermúdez Reina, ha conferenciado esta tarde con Sagasta.
El Sr. Bermúdez Reina ha regresado a su finca» (El Día, 3/09/1897).
Dice José Francos Rodríguez, director de El Globo, sobre su visita a la ciudad:
«Puestos en el camino de hablar de las visitas que el Sr. Sagasta recibe [en Ávila], debemos decir que las de los generales Bermúdez Reina, Salcedo y Pando, de que han tratado en los últimos días los periódicos, no tienen el menor alcance político y solo han obedecido al afecto particular.
Hoy conferenciará con el Sr. Sagasta el ilustre exministro D. Segismundo Moret, quien llegará a Ávila en el tren de la una de la tarde, regresando por la noche a Madrid. Tenía el señor Sagasta pensado pasar el domingo en la finca que tiene en Mingorría el general Bermúdez Reina [exministro de Guerra]; pero desistió ayer de su excursión, aguardando para hoy la visita del elocuentísimo orador liberal» (El Globo, 5/09/1897).
Sobre la situación política del momento, José Francos apunta por boca de Sagasta que «declarada imposible la concordia conservadora; agravado el problema de Filipinas, que puede ser más abrumador que el de la grande Antilla; sin resultados satisfactorios la campaña de Cuba, se impone un cambio de política…
Vive el Gobierno en una interinidad no atenuada por la confirmación de los poderes al general Azcárraga. Se ha probado que ahora no se puede conseguir la unión de los elementos conservadores. Esta unión será obra del tiempo, que decidirá a los más para sumarse a quien haya de ser jefe del partido, que sustituya al que dirigiera Cánovas del Castillo».
Y añade: «El partido liberal ha hecho sus afirmaciones. Comprende que está en un paréntesis y se encuentra apercibido para cumplir con sus obligaciones, en cuanto el regreso a Madrid de S. M. la Reina Regente cierre el paréntesis que abrió la nunca bastantemente lamentable muerte del señor Cánovas. Ni los cabildeos, ni las intrigas, pueden hacer que no ocurra lo que de un modo indefectible ha de ocurrir. Entra el partido liberal en el periodo de ahorrar palabras para preparar obras que redunden en beneficio de la patrio y de la Monarquía» (El Globo, 5/09/1897).
Un mes después, y tras el parentesis de la presidencia de Marcelo Azcárraga, el 4 de octubre, Sagasta es designado por la reina para formar gobierno.
La rabiosa actualidad que imponía la interinidad del gobierno supuso entonces que Ávila se convirtiera en el epicentro noticioso de cuanto se cocía en la trastienda de la política. Y es que «Sagasta en Ávila es Sagasta en Madrid, es el Sagasta de todas partes», rubricó el periodista Gabriel Ricardo España en la entrevista que le hizo en Ávila para la Ilustración Española y Americana, publicada el 22 de septiembre de 1897 con hermosas fotografías Christian Franzen, quince días antes de asumir un nuevo mandato como presidente de gobierno.
De aquel artículo extraemos las siguientes impresiones sobre el carácter del jefe de los liberales: «Preocupado, caviloso, absorbido el intelecto en su análisis de las cuestiones palpitantes que llegan a su noticia adulteradas por los juicios apasionados de la prensa, forjando planes para el mañana, trazando proyectos para lo por venir, temerosos de futuras desdichas para la patria, templando constantemente sus nervios excitados por el trabajo penoso de toda la vida, lleno el espíritu del frío escepticismo que traen los años cuando la realidad se conoce y, perdido el pudor de la inexperiencia, se han palpado sus desnudeces.
Es Sagasta el marino muy conocedor de las prácticas de abordo, de corazón de hielo ante el peligro, y de entendimiento razonador y sereno, victorioso é imperturbable ante las imponentes amenazas de la terrible tempestad».
Gabriel Ricardo España, que vino a Ávila para rendir a Sagasta el más sincero tributo de consideración y cariño, cuenta así su actividad y el despacho de asuntos: «Cuando llegamos á la histórica ciudad, creímos hallar al jefe ilustre de los liberales haciendo una vida campestre, muelle, cómoda, descansada. Pero no; Sagasta ni abandona sus hábitos de trabajo, ni deja tampoco de recibir el visiteo de sus numerosos amigos y correligionarios.
Las personalidades más salientes de la población, en su mayoría funcionarios de la Audiencia o dignidades del Cabildo catedral, le proporcionan en los ratos de ocio animada tertulia, y alejan bastante la conversación de los temas políticos; pero como van expresamente á Ávila muchos exministros, senadores y diputados con el ánimo de ofrecer sus respetos al insigne jefe, tiene éste que cambiar con ellos impresiones sobre los hechos de actualidad, y emitir su atinada opinión sobre los graves problemas que hoy embarazan la vida nacional» (La Ilustración Española y Americana, 22/09/1897).
Pocos días después, y en vísperas de asumir otra vez la presidencia del Consejo de ministros, El Globo del 2 de octubre de 1897 reseña el viaje que hizo Sagasta desde Ávila a Madrid dispuesto a tomar posesión del cargo:
«El viaje lo hizo nuestro ilustre jefe acompañado de sus hijos los Sres. De Merino [Fernado Merino y su esposa Esperanza Sagasta], del duque de Abrantes [Ángel Luis de Carvajal y Fernández de Córdoba y Téllez-Girón], del diputado por Ávila D. Nicolás [Sánchez] Albornoz, del diputado por Arévalo Sr. Amat [Pascual Amat y Esteve], de nuestros queridos amigos el exsubsecretario de la presidencia, D. Pablo Cruz [y Orgaz], y el concejal de Ávila D. Félix Sánchez Albornoz.
A la estación de Ávila para despedir al señor Sagasta fueron una infinidad de personas. Lo más distinguido de la ciudad castellana estaba en el andén con objeto de saludar al jefe del partido liberal. Entre la multitud se veía muchas señoras.
No se recuerda que Ávila haya hecho nunca despedida tan afectuosa como la tributada ayer a nuestro ilustre amigo».
Más adelante, camino de la capital de España, «en la estación de Villalba subieron al carruaje ocupado por el Sr. Sagasta nuestro ilustre correligionario [exministro] D. Segismundo Moret y nuestro no menos distinguido amigo [y senador] Sr. [Eduardo] León y Llerena. Ambos acompañaron al jefe hasta Madrid.
A las seis y cuarto de la tarde llegó ayer nuestro ilustre jefe. A dicha hora estaban en el andén de la estación del Norte todos los exministros, senadores, diputados a Cortes, diputados provinciales, concejales del partido residentes en Madrid [incluídos los abulenses].
También vimos á muchos periodistas y varios correligionarios. En el Círculo del partido se advirtió que era necesario abstenerse de manifestaciones. De otra suerte, a recibir al Sr. Sagasta hubieran ido muchos miles de personas.
Al pasar el tren resonó un gran aplauso; al aparecer el Sr. Sagasta en la puerta del coche­salón oyóse ‘un viva’ calurosamente contestado. Nuestro jefe, que ha llegado en perfecto estado de salud, saludó a sus amigos y enseguida se encaminó á Palacio» (El Globo, 2/10/1897).
Sobre lo que ocurrió el miércoles 4 de octubre de 1897, día en el que Sagasta recibió el encargo de formar gobierno después de hablar con la reina regente en la estación de Ávila, el periodista y político Manuel Troyano y Riscos lo cuenta así:
«El miércoles por la mañana, los ministeriales parecían más contentos que nunca. [No obstante] Algo había alarmado al duque de Tetuán [Carlos Manuel O’Donnell y Álvarez Abreu, hasta ese día ministro de Estado], quien había acompañado en el viaje a la corte, la breve conversación sostenida en la estación de Ávila entre la Reina Regente y el Sr. Sagasta. El miércoles por la noche la consternación imperaba en el campo conservador» (Nuevo Mundo, 6/10/1897).
El ascenso al poder de Sagasta, cuando España se desangraba en guerras coloniales que perdió, se explicó, pasado el tiempo, por el senador Pío Gullón Iglesias en la sesión del Senado del 10 de julio de 1901, cuando los liberales ocupaban de nuevo la presidencia: «Ha dicho el señor duque [de Tetuán] que la guerra dependió en gran parte de las impaciencias del partido liberal.
No se comprende que se digan ciertas cosas, cuando es notorio que el Sr. Sagasta se encontraba en Ávila más deseoso del descanso que de cargar con las tremendas responsabilidades de gobierno; cuando el general Martínez Campos decía que ya no podía seguirse la guerra por la guerra; cuando el general Azcárraga no quiso continuar en el poder; cuando, como ha sucedido ahora, el señor duque de Tetuán y el Sr. Silvela no pudieron entenderse para formar gobierno, consintiendo únicamente que se formara un gabinete interino, para que después de tantas conferencia, de tantas idas y venidas y de estar el poder cuatro o cinco días en la calle, hubiera necesidad de recurrir a un prestigio como del Sr. Sagasta» (El Imparcial, 11/07/1901).
Años después, perdidas las colonias de Cuba y Filipinas, Sagasta abandonara el gobierno el 4 de marzo de 1899, fecha en la que alternó la presidencia con el diputado por Ávila y también asiduo visitante de la ciudad, Francisco Silvela y Le Vielleuze. A partir de entonces, se abrió para el huésped abulense un nuevo periodo de cesantía en la cúspide de los poderes del estado, si bien continuó con su actividad en las Cortes como diputado, al mismo tiempo que Ávila continuaba siendo el epicentro social y político de encuentros veraniegos, y también lugar de descanso y, a la vez, de reposo en el balneario de Santa Teresa (DAV, 11/08/1899), dejandose entonces de hacer o hablar de política desde la caida de la tarde y al regreso del paseo (Blanco y Negro, 9/09/1899).
En esta línea, a finales de agosto de 1899, la prensa anuncia que «han visitado al señor Sagasta en Ávila varios amigos suyos de Madrid, entre ellos algunos periodista, y le han interrogado sobre los asuntos políticos de actualidad.
Pero el Sr. Sagasta se ha negado en absoluto a hacer declaraciones de ningún género, limitándose a decir que espera conocer los actos de gobierno para atemperar a ellos la conducta de la minoría liberal al reanudarse las sesiones a Cortes. Según afirman las persona a que nos referimos, el Sr. Sagasta goza de excelente salud, dedicando una parte de la mañana a contestar de su puño y letra buen número de cartas que diariamente recibe y dado por la tarde largos paseos a pie por el balneario de Santa Teresa, y por otros sitios próximos a aquella capital» (La Correspondencia, 3/09/1899).
También por esas fechas, Sagasta recibe la visita de Vicente Nieto Pérez, marqués de Guadalerzas, lo que fue motivo de remembranza de las obras de restauración de la basílica de San Vicente auspiciadas por su gobierno en el periodo 1885-1890, las cuales fueron llevadas a cabo por el arquitecto Enrique María Repullés:
«De regreso del Norte, se detuvo anteayer en Ávila, para saludar a su jefe y amigo el Sr. Sagasta, el diputado a Cortes por Daimiel, D. Emilio Nieto. Por la mañana visitó la Basílica de San Vicente, a cuya restauración contribuyó siendo Director general de Instrucción pública, y por la tarde fue invitado a comer por el jefe del partido liberal. Hoy saldrá para Madrid, después de visitar otros monumentos» (DAV, 11/09/1899).
La espera y despedida de Sagasta en la estación del ferrocarril es una prueba más de la hospitalidad abulense brindada por sus gentes y correligionarios: «En el tren mixto de ayer, [5 de octubre], que por cierto llegó a Ávila con más de una hora de retraso, salió para Madrid el ilustre jefe del partido liberal, huésped nuestro durante los meses de verano, D. Práxedes Mateo Sagasta.
En la estación fue despedido por la plana mayor del partido liberal de esta provincia y no citados nombres, porque conocido es el de los liberales que siguen en Ávila la política del Sr. Sagasta» (DAV, 6/10/1899). Y al día siguiente se anuncia el regreso familiar: «A las siete de la tarde llegó ayer el Sr. Sagasta acompañado de su familia» (DAV, 7/10/1899).
Sobre los seguidores de Sagasta en Ávila, estos son los nombres de los dirigentes: «En la reunión que el domingo se celebró en casa del Sr. Soriano por los individuos que pertenecen en esta capital al partido liberal sagastino, quedó constituido el Comité de este en la forma siguientes: Ramón Castillo García y Soriano, Emeterio Martínez de Tejada, Joaquín García Ocaña, Félix Sánchez Albornoz, José Álvarez Portal ‘Pepillo’, Pablo Jiménez de Muñana, Eugenio Martín, Alejandro Ramos Busquet, José García, Juan Carmona Pérez, Fabriciano Romanillos y Pablo Martín.
El Sr. Soriano y algunos más salieron ayer para Madrid con objeto de saludar al señor Sagasta y recibir sus instrucciones». Por otra parte, también se unió al partido liberal, el diputado provincial por el distrito de Cebreros, D. Isidoro Jesús Martín (DAV, 21/03/1899).
En otras ocasiones, se anuncia incluso la llegada a Madrid procedente de Ávila: «Los liberales sagastinos y los amigos particulares del expresidente del Consejo acuden esta noche a la estación del norte a dispensar una entusiasta y cariñosa recepción al jefe del partido fusionista, cuya llegada a Madrid, de regreso de Ávila, está anunciada para las ocho» (DAV, 10/10/1899).
Meses antes de volver a ocupar por última vez la presidencia del Consejo de ministros en el periodo que va del 6 de marzo de 1901 al 6 de diciembre de 1902, Ávila vuelve a ser el lugar de las especulaciones respecto a la alternancia en el poder que se avecina y la inestabilidad del ‘turno de partidos’ que marca la crisis del sistema de la Restauración, aparte del caciquismo generalizado y el avance del regeneracionismo liderado por Joaquín Costa que proponía profundas reformas educativas, sociales y económicas.
Sagasta, que está entonces en su residencia de verano de Ávila, marca así su posición:
«Personas que han hablado estos días con el señor Sagasta, aseguran haberle oído que todavía no considera oportuno manifestar sus juicios acerca de la presente situación política». Y como quiera que ha recibido al exministro Segismundo Moret, se apresura a decir que se trata de una visita amistosa de cortesía, de ahí su declaración:
«El Sr. Sagasta desmiente en absoluto que tuviera importancia alguna la visita que hace poco le hizo en su residencia de verano el Sr. Moret, quien solo fue a enterarse del estado de la salud de su jefe y para ver, de paso, a los amigos que tiene en Ávila… El Sr. Sagasta regresará probablemente a Madrid en la primera decena de octubre, y entonces, según los que le han oído, hará manifestaciones políticas de trascendencia, aplazada ahora por razones que el jefe del partido liberal reserva cuidadosamente» (El Día, 21/09/1900).
Finalmente, en 1901, siendo de nuevo presidente de gobierno, se anuncia:
«El Sr. Sagasta pasará, como de costumbre la temporada de verano en Ávila. Probablemente saldrá de Madrid a fines de de la semana próxima. Durante su estancia en aquella capital visitárenle con frecuencia los ministros, y si los asuntos públicos reclamaran su presencia en San Sebastián [donde veraneaba la reina regente], el presidente del Consejo irá a la capital de Guipúzcoa, regresando después a Ávila» (El Globo, 20/07/1901).
Además, también se dice: «Es probable que el Sr. Sagasta pase el verano en Ávila, donde despachará los asuntos de gobierno. La empresa del Norte establecerá un tren diario que saldrá de Madrid por la mañana y regresará por la noche de Ávila, mientras permanezca allí el presidente del Consejo» (El Imparcial, 30/06/1901).

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