LA CARRACA DE CARAVACA, DE NUEVO
Mar 23 2026

POR JOSE ANTONIO MELGARES, CRONISTA OFICIAL DE CRAVACA DE LA CRUZ (MURCIA).

Tenía que llegar él. Era necesario que llegara a la presidencia de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Caravaca Juan Esteban Piernas Marín, para que se produjera el acontecimiento tanto tiempo esperado entre la población amante de nuestras tradiciones, de poder escuchar, de nuevo, el sonido de la CARRACA (en otros sitios la llaman Matraca).

Para que se recuperara del olvido de decenios, un sonido ancestral que durante muchos años formó parte del patrimonio inmaterial caravaqueño, que fue habitual escucharlo durante los días de la Semana Santa a los abuelos y padres de los de mi generación, y que a penas lo recordamos los de la mía, casi oculto ya por las telas de araña del tiempo.

El 22 de marzo de 2026 no será un día como los demás en la ciudad, ni un Domingo de Pasión como otros a lo largo de la historia local. Además del “día del Pregón” de la Semana Santa, también será el día en que se consume la ocasión esperada, que tantos hemos aguardado durante mucho tiempo, pues a la voz del pregonero, seguirá la voz ronca y apagada de la “Carraca”, que durante el triduo sacro sonará como sonó en los oídos de nuestros padres y abuelos.

Recuerdo en mi niñez más remota, cómo en los días previos a la Semana Santa, se hacían presentes en El Salvador, frente a mi casa, los integrantes de la familia “Firlaque” y sus empleados (que tenían su empresa de carpintería en la C. “Nueva”), dispuestos, como siempre, a la colaboración desinteresada en el culto parroquial.

Montaban con habilidad y destreza, en la torre, en la parte que mira a la Plaza del Arco, un artilugio de madera, compuesto de tablas y mazos, que al golpear la superficie plana de ésta producían un ruido seco y apagado. Aquello era LA CARRACA, cuya voz sustituía a la de las campanas a partir del momento del “Gloria” en la misa del Jueves Santo y hasta el mismo momento del “Sábado de Resurrección”.

Y es que, en un otrora no tan lejano, los oficios de la Semana Santa tenían lugar por la mañana el jueves y viernes santo, así como el sábado. La tradición popular proponía al mundo cristiano un silencio respetuoso durante esos días. Las emisoras de radio sólo emitían música clásica. La TV no ponía anuncios publicitarios, e incluía en su programación películas de tema bíblico. La empresa “Orrico” propietaria de los cines de la ciudad, cerraba sus puertas y Caravaca, (como todos los demás lugares de España), se sumía en el silencio que pocos ruidos urbanos lo interrumpían. Las gentes visitaban los monumentos eucarísticos montados en los diversos templos (que rivalizaban entre ellos por el lujo y esplendor con que se disponían). La alimentación era la propia de ese esas fechas, y el día de Viernes Santo todos cumplíamos con el ayuno y la abstinencia prescritos. Sólo la Carraca, convocando desde la torre a los fieles que quisieran asistir a los oficios religiosos en el templo mayor, rompía, con su sonido afónico y poderoso (que entonces se escuchaba en toda la ciudad), el silencio que, respetuosamente, se adueñaba del ambiente.

El sábado (entonces llamado de “Gloria”), las gentes disfrutaban del momento de la “Resurrección”, en el que, en todos los templos, se descubrían las imágenes de los paños morados que las cubrían desde el Sábado de Pasión. Volvía a sonar el órgano (o el “armonium”), acompañando los cánticos del coro. Tocaban de nuevo las campanas en el interior del templo y en la torre, uniéndose a ellas las del resto de las torres y espadañas de la ciudad.

A la salida del “los Oficios” del Sábado, tenía lugar “el Aleluya”, momento prolongado al que me he referido en otras ocasiones, y en las casas se preparaba la comida en el campo que todos celebraban al día siguiente: Domingo de Pascua. Esa comida campestre se prolongaba, como merienda, los días lunes y martes siguientes, en una celebración pascual comunal, en la que se olvidaban las prohibiciones cuaresmales de ayunos y abstinencias y se daba buena cuenta del “conejo frito con tomate” (la tradicional “fritá”), la tortilla de patatas y como postre la típica “Mona de Pascua”

La “Carraca” enmudecía a partir de ese momento, días más tarde se desmontaba de la torre del Salvador por los miembros de la misma familia “Firlaque”, dejándose en una de las habitaciones que sirven de almacén en la misma torre, donde permanecía, como en un sueño invernal, hasta las vísperas inmediatas de la Semana Santa siguiente.

Decían que fue “el Concilio” el que acabó con el sonido de la “Carraca”, pues el Concilio Vaticano Segundo, que convocó el papa Juan XXIII en 1962 y clausuró Pablo VI en 1965, fue para muchos una especie de “cajón de sastre” donde los curas “de misa y olla” introdujeron todo lo que no les apetecía hacer, sin que el dicho Concilio entrase a disponer ni quitar nada de lo que se le culpó. El caso es que, como tantas otras cosas, la Carraca no volvió a montarse en la torre, un año que no sabría concretar, apagándose su voz durante la Semana Santa. A quienes la echamos de menos (que no fuimos muchos por cierto), se nos dijo que se había roto…que ya no se escuchaba su voz en una ciudad más grande donde competían otros ruidos más poderosos…o que la había prohibido el Concilio.

En algunos lugares de nuestra geografía regional, no se llegó a desmontar de la torre, donde por cierto permanecía todo el año y donde tras unos años de abandono volvió a recuperar su sonido; y en otros, como el nuestro, nos cruzamos de brazos y aceptamos, sumisos, su silencio, no dejando por ello de añorarlo.

Hoy, muchos años después, ni me atrevo a aventurar cuantos, el equipo que lidera la organización de la Semana Santa Caravaqueña, y que preside con audacia e ilusión Juan Esteban Piernas Marín, devuelve a la ciudad, y a sus gentes, un sonido que dejó de escucharse mucho tiempo atrás, como he dicho, tanto que los de sesenta años o menos nunca lo escucharon aunque hubieran oído a alguien hablar de él.

En representación de nadie, felicito al equipo de Juan Esteban, a la vez que le animo a seguir trabajando por recuperar tradiciones perdidas, como la PROCESIÓN DEL RESUCITADO, que también este año vuelve tras siglos de ausencia en el escenario pasional local, o el Vía-Crucis al Calvario. Afirma el dicho popular que “de los cobardes nunca se ha escrito nada”. Vosotros, a los que reitero mi agradecimiento, seréis recordados, como tantos otros que como vosotros ahora, se empeñaron y consiguieron la recuperación de viejas tradiciones, en ese libro de oro virtual, que nunca se abrió ni nunca tampoco se cierra, donde están escritos los nombres de quienes soñaron, con ilusión y entrega, la Caravaca de siempre.

FUENTE:https://elnoroestedigital.com/la-carraca-de-nuevo/

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