POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)
La Revista La Voz de San Antonio, fundada en 1895 por la Provincia Bética Franciscana, publica un artículo que he escrito en el núm. 1.904 (noviembre-diciembre 2024). Con éste son veinticinco los artículos publicados. Comparto una parte del texto del último artículo: El carisma franciscano fue propagado, documentalmente hablando, en Montijo en el siglo XVI, año 1548, debido a la presencia de seguidoras de la Orden Tercera en una casa de recogidas en la calle Badajoz, en la que llevaban vida de piedad y oración. Comunidad formada por Inés Domínguez, María de la Cruz y Mencía de los Ángeles. Aquella pequeña comunidad de beatas terciarias heredó, en 1583, casa y propiedades de Marina Sánchez, beata que vivía en la calle Santa Ana, junto a la capilla de Ntra. Señora de los Remedios. Al poseer una casa con mayores proporciones decidieron trasladarse a ella, construyendo en 1617 un nuevo beaterio en el que organizaron su vida de comunidad, teniendo la capilla como iglesia propia.
Al entrar en el beaterio una hija y sobrina de don Cristóbal Portocarrero y Guzmán de Luna, IV conde Montijo, lo reedificó adaptándolo a monasterio, siendo erigido el 7 de octubre de 1703, bajo la advocación del Santo Cristo del Pasmo (imagen labrada por el escultor Juan de Juni en Valladolid, mediados del s. XVI). Así, veintidós mujeres beatas, pasaron a ser hijas de Santa Clara, siendo instruidas por dos monjas del convento de Barcarrota. Desde su vida retirada propagaron el carisma propuesto por San Francisco de Asís, iniciador de un impulso múltiple, pero bien definido: prontitud alegre y suelta al imperio del amor, para seguir a Cristo y, por Él, experimentar el misterio de la hermandad con los hombres y con la creación bajo la paternidad de Dios. Mujeres beatas que fueron ayudadas por los frailes descalzos del convento de San Isidro de Loriana, enclave de relevancia, pues en él se celebraron dos definitorios provinciales, siendo elegido comisario provincial San Pedro de Alcántara.
CONVENTO DE SAN ANTONIO
Si fue el IV conde, don Cristóbal Portocarrero y Guzmán de Luna (1638-1704), devoto de San Francisco de Asís y bienhechor de los franciscanos y de las clarisas de Montijo, su hijo, Cristóbal Gregorio Portocarrero y Funes de Villalpando (1693-1763), V conde Montijo, continuó similares desvelos y afanes que su padre por el carisma franciscano. Así surge el convento y casa enfermería de San Antonio de Padua, con la finalidad de auxiliar en el socorro a las necesidades de los hermanos del convento de San Isidro de Loriana, junto con la asistencia espiritual al convento de las clarisas de la villa.
Fundación que se vio acrecentada con el nacimiento del primogénito y heredero del conde, don Cristóbal Pedro Portocarrero y Córdoba, VI marqués de Valderrábanos, bautizado el 13 de marzo de 1728 en la madrileña iglesia de Santiago. Acontecimiento por el que el conde manifestó su amor a Dios, deseando ver el hospicio franciscano de la villa de Montijo transformado en convento, porque decía que la población de la villa, cada día más populosa, adolecía de alimento religioso
Veinticinco años después, es el Catastro de Ensenada el que informa, en 1753, que el hospicio de Nuestro Padre San Francisco, observante, era asistido por cuatro religiosos, uno lego y tres sacerdotes con un donado. Las noticias sobre los franciscanos en Montijo vuelven a aflorar con la presencia en la villa, durante 1805-1806, de la VI condesa, doña María Francisca de Sales Portocarrero y Zúñiga, desterrada de la corte por Godoy, en los que hizo algunas visitas al convento-hospicio, del que era asiduo a sus tertulias en su casa palacio, el franciscano observante, Antonio Calvo.
Mendizábal trajo la exclaustración de los religiosos, aunque no se perdió la devoción al santo paduano, imagen del siglo XVII, de mérito artístico, que continúa presidiendo el retablo de la capilla, junto a San Diego de Alcalá y San Pascual Bailón. Hay, en la actualidad, imágenes procedentes del convento en la parroquia de San Pedro, entre los que se encuentran las de San Francisco y San Antonio, junto con dos tablas que efigian a San Francisco y Santo Domingo, en el retablo que preside Ntra. Señora del Rosario, junto con el Niño Jesús del Dulce Nombre, en el ático del mismo.
A pesar de los tiempos de revoluciones y contra revoluciones que faenaron en la centuria del diecinueve, fue con la Restauración, en 1880, la fecha en la que la familia Thomas Carbonell, se hizo cargo de la mayordomía de San Antonio. Ocho años después de fundaba la Venerable Orden Tercera de San Francisco, bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús. Firmaba el certificado de su fundación don Santiago Delgado, párroco de San Pedro Apóstol, con licencia del Obispo de Badajoz, don Fernando Ramírez Vázquez. La Orden Tercera Franciscana contaba con treinta y tres componentes siendo doña Sinforosa Piñero, la Hermana Ministra. Documentación facilitada por la que fuera ministra, doña Amalia Torres Cabezas.
REGRESO DE LOS FRANCISCANOS, 1943-1967
Cuando fenecía el siglo XIX, en 1894, la crónica recoge que en ese año comenzaron a celebrarse con esplendor la novena y fiesta del Ramo de San Antonio (puja de los donativos). La nueva mayordomía reforma la capilla, siendo Ruperto Thomas García el que lleva a cabo mejoras en la casa y en la huerta, fomentando la devoción al santo paduano. En 1943, la familia Thomas entregó a los franciscanos, casa para vivir y huerta para trabajar. Abriendo bienes y hacienda a los hijos de San Francisco, para que éstos asistieran espiritualmente a la población e impartieran formación religiosa y cultura para el pueblo, propagando la devoción a San Antonio.
Los franciscanos inauguraron el colegio, uno de los principales fines de la fundación, en el que puso empeño el Padre Claudio López, quedando en una ilusión al ser zozobrada por intereses contrapuestos. También puso celo y entusiasmo el Padre Plácido Pérez de San Román, que fundó y fue el primer director de la Juventud Antoniana. A finales de los años cincuenta del siglo pasado el Ministro General de los franciscanos, Padre Luis de Parma concedió la erección de la Pía Unión de San Antonio que estableció luego el Padre Bernardino Puig.
La comunidad franciscana impulsó la novena al santo paduano, celebrándose el ramo o puja al santo con verbena en la plazuela e iluminación. Participando la Banda de Música, quema de muñecos alegóricos y ruedas de fuegos artificiales, que los montijanos llamaban de antiguo Velá de San Antonio. Fueron varios los franciscanos que predicaron la novena de la Virgen de Barbaño, Patrona de Montijo, entre ellos fray Valentín Pérez Cantero, fray Luis Jurado Malpica, fray Carlos Gracia Villacampa, fray Gabriel de la Dolorosa y fray Alfonso María Muñiz, entre otros.
Los franciscanos se marcharon de Montijo en 1967. La Velá desapareció hasta que fue recuperada con la llegada de los Ayuntamientos democráticos, pero distinta de la que hacían los franciscanos. Sin embargo, son las hermanas pobres de Santa Clara del convento del Santo Cristo del Pasmo, las que ahora nos endulzan el día de San Antonio, repartiendo, con la generosidad que les caracteriza, el Pan de San Antonio a los asistentes de la Eucaristía en honor del santo.
FUENTE: M.G.C.
