LOS ÚLTIMOS HORTELANOS ENTRE LOS RÍOS GUADALQUIVIR Y GUADALIMAR (II)

POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN).

Francisco López

Francisco López Pérez, o como se le conoce aquí, “Paco el Mogonero”; es uno de los últimos hortelanos que siguen vendiendo sus productos en nuestra localidad.Su padre, Juan López, tenía una huerta en el Condado, junto al río Guadalimar, desde donde traía con dos mulos cargados (que, con el paso de los años, acabaría sustituyendo por una vieja furgoneta Renault) sus verduras, frutas y hortalizas al mercado villanovense. Tras largos años de trabajo, acabaría por trasladarse a la población de Mogón, junto al cauce del Guadalquivir.

Al jubilarse su padre, Francisco “heredó” el trabajo de hortelano de este, el cual ha continuado ininterrumpidamente durante los últimos 42 años (con la ayuda de su mujer e hijos, cuando se lo han permitido sus estudios y trabajos), desplazándose todos los años hasta el Mercado de Villanueva, durante todas las mañanas desde el mes de mayo hasta el mes de septiembre, a excepción de los jueves, cuando “Paco” se desplaza hasta la cercana localidad de Beas de Segura para vender sus productos, quedándose uno de sus hijos o familiares en el mercado de Villanueva.

Esta continuidad le ha permitido obtener una fiel clientela con la que se siente muy feliz y agradecida, y que le ha permitido continuar disfrutando de su profesión, más y cuando se produjo la remodelación del Mercado de Abastos de Villanueva, en la que no se tuvo en cuenta a los hortelanos, debiendo de adecuar su lugar de venta como pudo.

Los productos que cultiva en su huerta son variados, desde patatas, ajos, cebollas, pimientos, judías verdes, pepinos y algunas frutas; hasta sus tomates, apreciados por muchos vecinos de la localidad. Tras la jornada de mañana, al regresar a su hogar, debe recoger y preparar las mercancías para el día siguiente.

Largos son los días de preparar la tierra, sembrar la cosecha y curarla de forma ecológica, además de preparar la mercancía para vender durante la siguiente mañana, manteniendo una jornada laboral que se extiende de sol a sol.

Sus manos llenas de surcos, su sonrisa permanente y su agradable personalidad son las marcas que han dejado en el trabajo bien hecho, el cual esperemos que pueda seguir ejerciendo durante muchos años más, apremiando a nuestra localidad con sus productos.

Cuando llegue el momento de su jubilación quedará un nuevo hueco en estos pueblos, en los que la agricultura va encontrando cada año menos personas preparadas para el cultivo de los campos y huertas.

FUENTE: CRONISTA

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