«MUERTE, GLORIA Y OLVIDO. EL EMPRESARIO RAFAEL ROS TEJEDOR»

POR FRANCISCO JAVIER GARCÍA CARRETERO, CRONISTA OFICIAL DE ARROYO DE LA LUZ (CÁCERES).

Fabrica de corcho de los Tato. Década de los 50 siglo XX (Archivo Martín Panadero)

Un difunto no se marcha definitivamente hasta cuando el olvido lo sepulta de manera irreversible. Y eso es lo que ha ocurrido ya hace muchos años con el empresario “arroyano”, tan conocido en vida como hoy completamente olvidado, totalmente “sepultado” por tanto, y donde la memoria de la población ya no llega. Siempre hemos escuchado y leído que mientras alguien te recuerde nunca habrás muerto del todo. No es el caso de Rafael Ros Tejedor, un empresario que, aunque no había nacido en nuestra localidad, llegó a tener una gran ascendencia en la villa durante todos los años en los que residió, trabajó y murió en lo que entonces era Arroyo del Puerco.

Con seguridad no nos equivocamos si afirmamos que probablemente sea el “forastero” que más arroyanos congregó el día de su funeral y en su entierro, y con gran diferencia sobre el segundo. Todo un gentío de más de mil personas estuvo presente en unas exequias que llegaron hasta la prensa regional por la “teatralidad” con la que se desarrollaron las mismas, y donde la “gloria” a Rafael Ros parecía que le iba a acompañar para toda la “eternidad”.

A pesar de esas cifras elevadas de acompañantes, y del impacto que aquella muerte causó entre los vecinos de la localidad, hoy día me salta la duda que sean muchos, o alguno incluso, los que logren ubicar cronológicamente al personaje en su contexto vital o sepa describir algo de su existencia en la villa.

Rafael Ros Tejedor pertenece a esa larga estirpe de empresarios que llegaron desde Cataluña, que arribaron a la población en la segunda mitad del siglo XIX, y que estuvieron relacionados con la fabricación corchera, una industria arroyana que llegó a tener gran importancia a nivel regional. Poniendo incluso a Arroyo en el escaparate nacional e internacional.

Los orígenes de la fabricación y manipulación del corcho en nuestra región se encuentran en Jerez de los Caballeros y Alburquerque, y en principios relacionados con el empresario e industrial inglés Thomas Reynolds Hunter. Muy pronto, desde 1845 esta modalidad industrial se extendió por otras localidades de la región como fueron San Vicente de Alcántara, Cañaveral, Barcarrota, Fregenal de la Sierra, Cáceres y Arroyo del Puerco en los que algunos apellidos catalanes tuvieron un gran predicamento. Tan es así que Arroyo se convirtió en las dos últimas décadas del siglo XIX y los dos primeros tercios del siglo XX en todo un “emporio” de la industria corcho-taponera en las que nombres como Tato Hernández, Fernando Marín, Martínez, Tauler y Macías, Maldonado, Suitino, José Hernández, Gubert y Ros Tejedor fueron todo un ejemplo del buen hacer industrial en la localidad de Arroyo del Puerco.

Sus pretensiones por la mejora en la calidad de vida de los arroyanos no pudieron completarse en su totalidad, ya que pocos años después de arribar a nuestro pueblo se produjo su defunción. Concretamente el 14 de noviembre de 1895 Ros Tejedor falleció en Arroyo del Puerco cuando contaba 69 años de edad, ya que había nacido en el ya lejano 1826. Su muerte causó un gran impacto en toda la sociedad arroyana y especialmente entre sus trabajadores. Conocida su muerte una comisión de los mismos se acercó hasta Cáceres para comprar entre todos sus empleados una gran corona de flores que depositaron sobre el féretro del finado.El catalán Rafael Ros Tejedor había sido alcalde de la localidad de Palamós (Gerona) en 1885. Poco después con su familia decidió abandonar Cataluña y montar en Arroyo una fábrica de corcho que comenzó a reportarle grandes beneficios económicos. En 1892 siendo Manuel Collado Jabato el alcalde, Ros Tejedor, fue elegido por elección popular concejal de nuestro consistorio. En el Ayuntamiento, y ligado a los postulados de la Unión Republicana, partido político del que formaba parte, mostró sus pretensiones para el pueblo en la que destacó, además de ofrecer mucho trabajo a la población con un sueldo decente para la época, su amor por la enseñanza para los niños más necesitados y por abastecer de agua potable a la localidad.

Además de ellos, se presentaron varias comisiones del partido republicano a nivel provincial y regional entre los que destacaron Vicente González Pozo, Aquilino Jiménez Orozco y Eduardo González Nieves, entre otros nombres. Junto a ellos, también llegaron hasta Arroyo representantes de la industria corchera a nivel regional y nacional y otros acompañantes en representación del comercio, la cultura y las artes. Todos ellos, que superaban ampliamente el número de mil personas, todos ellos ansiosos por ofrecer el último adiós al hombre al que debían “el sostenimiento de más de cien familias arroyanas y fabricante modelo”, se diría con gran pesar.Del féretro salían por ambas partes una serie de cintas mortuorias que eran sostenidas por Germán Petit Ulloa, antiguo y futuro alcalde de la población y en ese año diputado en la Diputación Provincial de Cáceres; Manuel Collado Jabato, alcalde de Arroyo del Puerco en ese instante; Fernando Martínez Camargo, futuro alcalde arroyano entre 1899 y 1902; Ruperto Hernández García, otro alcalde, en este caso el antecesor a Manuel Collado; y Cipriano Rodríguez, este último en representación del partido republicano de Navas del Madroño y amigo del finado.

Un día después, 15 de noviembre, y a las dos y media de la tarde tuvieron lugar las exequias fúnebres. Para el traslado del cadáver hasta el cementerio arroyano, un recinto que llevaba solo seis años en funcionamiento, se dispuso en primer lugar dos extensas filas de arroyanos que se colocaron a lo largo de toda la calle Corredera. Es decir, más de un centenar de sus trabajadores, en un acto muy teatral, iluminaron con antorchas encendidas todo el recorrido del cadáver hasta su última morada. A continuación, y sobre una diligencia iba el féretro con los restos mortales de Rafel Ros, una caja mortuoria sobre el que se dispusieron tres grandes coronas con tres inscripciones diferentes. La primera que más sobresalía era la de su mujer, “A mi amante esposo” rezaba la misma; la segunda había sido donada por sus hijos, “A nuestro queridísimo padre”, se podía leer; y una tercera donada por sus empleados y que llevaba la inscripción de “La industria taponera dedica este recuerdo a Don Rafael Ros”.

Rafael Ros Tejedor dejó tres hijos varones, Baldomero, Rafael y Francisco y cuatro hijas, Visitación, Aurora, Laura y Julia. Su empresa taponera siguió su curso durante algunos años más y especialmente ligada a su hijo mayor Baldomero que ya no despertó el mismo grado de adhesión que el que tenía su padre. También continuó con la actividad corchera su otro hijo Rafael que fue nombrado ese mismo año vicepresidente de Unión Republicana y que vivió en la Plaza Nueva. No obstante, este último es conocido especialmente por su ligazón a la masonería.

De hecho, fue el secretario de la logia masónica arroyana Estrella Flamígera y posteriormente fundador del triángulo masónico arroyano Caridad nº 48, masonería que tuvo un gran enfrentamiento dialéctico en la prensa regional con el cura párroco de la población Antonio Etreros López, y con denuncias judiciales incluidas, aunque todo eso, y como decimos en tantas ocasiones en anteriores artículos, es ya otra e interesante historia.

FUENTE: https://arroyodelaluzpaisajesyfiestas.blogspot.com/2021/09/52-el-cronista-muerte-gloria-y-olvido.html?fbclid=IwAR2KjoYhVhlSvACFvvOO8ej-DwVBojVt-Waggj1L5X2k2toWm031CWddd5s

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