LIBRO SOBRE “LAS AGUAS DE ALGAR DE PALANCIA “.

POR  JOSEP CATALUNYA ALBERT, CRONISTA OFICIAL DE ALGAR DE PALÀNCIA (VALENCIA)

El libro ha sido impulsado y patrocinado por la Comunidad de Regantes Nuestra Señora de la Merced de Algar de Palància y consiste en la descripción del largo recorrido histórico de este pequeño municipio valenciano del Camp de Morvedre, en el que el autor nos habla de las vicisitudes y esfuerzos de sus pobladores para poder conseguir un elemento tan preciado y esencial para sus vidas como el agua para atender sus necesidades agropecuarias y para el consumo humano.

El libro queda estructurado en los siguientes capítulos:

  1. La importancia del agua en el planeta.
  2. Algar en la época premusulmana.

III. Algar en la época musulmana.

  1. Algar en la época cristiana bajo dominio mercedario.
  2. Algar independiente.
  3. Algar moderno.

VII. Los pantanos y embalses del Palancia.

VIII. La Acequia Mayor de Sagunt.

En este libro de doscientas páginas, Catalunya Albert refiere una serie de hechos históricos, según las épocas citadas, entre los que merece destacarse algunos de ellos:

Algar (en árabe Al-gar, con el significado de gruta o refugio) fue fundado por gentes musulmanas, posiblemente bereberes, tiempo después de la invasión y conquista por los musulmanes de la Península Ibérica y se ubicó en una ladera a orillas del río Palancia y próximo a la Acequia de Murviedro (Sagunt). Dada su situación y las diferencias de nivel y las dificultades para obtener agua del río y de la acequia, aunque en la medida de lo posible la utilizaron, se vieron obligados sus habitantes a buscarla en lugares más accesibles, logrando hacerlo en un barranco cercano denominado barranco de Árguinas o barranco de la Soma, recogiendo, a través de una pequeña presa o azud, las aguas sobrantes de unas fuentes próximas (“las aguas sobrantes de Árguinas”) y las escorrentías del propio barranco, canalizándolas hasta la incipiente huerta de Algar, siendo estas gentes musulmanas las que construyeron las primeras obras hidráulicas, tales como algunas balsas y una pequeña red de acequias para posibilitar el riego de sus campos y atender las necesidades humanas de la población. Durante este período, los musulmanes de Algar introdujeron algunos nuevos cultivos, destacando el de moreras para la cría del gusano de seda,  lo que hizo que pronto contara el pueblo con una importante artesanía de la seda.

Merece destacarse que el lugar de Árguinas `pasó muy pronto, tras la conquista de las tierras valencianas por Jaime I, a ser del dominio económico y administrativo de la Orden de la Merced, convirtiéndose en convento y encomienda de esta última. Esta institución religiosa recibió este lugar como legado testamentario del señor del lugar Ramón Morelló, el cual era a su vez señor de Algar, que otorgó testamento el 2 de noviembre de 1251, poniendo este último también bajo dominio económico y administrativo de la Orden de la Merced, reservándose en principio los reyes de la Corona de Aragón la plena jurisdicción. La totalidad de los pobladores de Algar, todos ellos musulmanes, en cumplimiento del real decreto del rey de España Felipe III de Austria, que ordenó la expulsión de los moriscos del reino de Valencia, abandonaron el pueblo el 28 de octubre de 1609, siendo repoblado casi un año después por familias de cristianos viejos, los cuales fueron vasallos de la Orden de la Merced hasta el año 1836, en que se produce la desamortización de los bienes eclesiásticos. Hay que decir que el Maestre General de la Merced obtuvo el pleno dominio y la plena jurisdicción de Algar en el año 1471, con población todavía musulmana, ostentando el título de Barón de Algar y Escales hasta la citada desamortización de los bienes eclesiásticos.

Los nuevos pobladores cristianos heredaron todo lo que habían dejado los moriscos, continuando con sus actividades agropecuarias, entre ellas la artesanía de la seda, que llegó a su cenit en el siglo XVIII. Asimismo, continuaron sirviéndose de las aguas de la Acequia Mayor de Murviedro y de las “aguas sobrantes” de la masía y convento de Árguinas, ampliando sustancialmente el regadío, para lo cual llevaron a cabo en 1796 la construcción de la llamada “Bassa Gran”(Balsa Grande), con una cabida de 17.000 metros cúbicos, de la que se regaba una gran parte de la huerta. Además, en 1666, los nuevos pobladores habían construido una cisterna para el abastecimiento de la población, con agua procedente de la Acequia Mayor de Murviedro y también en ocasiones de las “aguas sobrantes” de Árguinas.

Tras la desamortización de los bienes eclesiásticos, Algar pasa a ser un municipio independiente y el convento y masía de Árguinas, tras pública subasta, pasó a manos privadas, teniendo lugar un sinfín de conflictos entre Algar y los nuevos propietarios de dicho lugar por la disputa de las “aguas sobrantes”  cuyo uso los algarins consideraban un derecho inmemorial, siendo la causa de un largo litigio que finalizó con sentencia del Tribunal Supremo de 20 de abril de 1934, totalmente desfavorable a los intereses de Algar, dando lugar a unos años muy difíciles para las huertas de Algar ante la carestía de agua para su riego.

FUENTE:  J.C.A.                                                

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