POR MARTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE GETAFE (MADRID).

Fue el 18 de marzo de 1920, víspera del día de San José, cuando la «Gazeta» de Madrid, publicó la creación de las cuatro primeras bases aéreas de España, correspondientes a las cuatro zonas y capitalidades de Madrid, Zaragoza, Sevilla y León respectivamente. Realmente, cada base aérea abarcaba el territorio de varias regiones militares.
Madrid (B.A. de Getafe) se correspondía con las regiones militares primera, tercera, y séptima, menos la provincia de Zaragoza. Así, a la base aérea de Zaragoza, se les asignaban las regiones militares cuarta, quinta y sexta exceptuando las provincias de Palencia y Santander. A la base aérea de Sevilla, se le asignaba íntegramente la región militar segunda. A la base aérea de León, fue asignada íntegramente, la octava región militar, más las provincias de Palencia, Santander y Zamora.
Antes de ser creada la base aérea de Getafe, en mayo de 1911, tras haber sido elegida la Dehesa de Santa Quiteria, de Getafe como meta de la primera carrera aérea internacional que se celebraba en el mundo, conocida popularmente como la París-Madrid (Issy les Moulineaux-Getafe) ganada por el aviador francés Jules Vedrines, Getafe quedó señalado en el mapa aéreo mundial, como un lugar de referencia a tener en cuenta para futuros eventos aéreos, debido a sus características físicas y topográficas que facilitaban el despegue y aterrizaje de seroplanos y por tratarse además, de un pueblo con excelentes vías de comunicación: dos líneas de ferrocarril, una hacia el sur y otra hacia el oeste, que permitían la llegada de miles de personas para asistir a las pruebas aéreas que después de la carrera aérea, se irían a realizar en Getafe.
Aquella insignia carrera tuvo lugar entre el 21 y 26 de mayo de 1911, aunque estaba previsto que llegase el día 25, pero imprevistos y accidentes ocurridos de mucha gravedad, hicieron que la llegada se retrasase hasta el día 26 (día de la Ascensión y fiesta en Getafe, al bajar ser ese día cuando traemos a la Virgen de los Ángeles, desde el Cerro de su nombre a la iglesia de Santa María Magdalena, hoy catedral).
Después, el 26 de noviembre de 1911, llegó la primera Escuela de aviación, de carácter civil y privada, fundada por el capitán de caballería y piloto, don José González Camó. Esta Escuela tuvo una vida muy efímera y desapareció al poco tiempo, tras haber formado a varios pilotos durante el funcionamiento de la misma. El 3 de enero de 1913, el Ministerio de Fomento, por Real Orden, publicada el cuatro de enero de 1913 en la Gaceta de Madrid, siendo ministro don Rafael Gasset y Chinchilla, aprobó la creación de la Escuela Nacional de Aviación (ENA) en Getafe, Madrid. Esta escuela fue inaugurada el veinte de setiembre de mil novecientos trece y organizó su enseñanza en tres ámbitos: la formación de ingenieros aerotécnicos. Sin embargo, lo que podríamos denominar inauguración oficial, se produjo dos meses más tarde, con motivo de la visita que Su Majestad el Rey Alfonso XIII, realizó a la Escuela, el 19 de diciembre de 1915. La escuela y el pequeño aeródromo de Getafe donde aterrizó el piloto francés Vedrines, tras ganar la carrera aérea a París Madrid.
Como ya he explicado, después de la llegada de la carrera aérea París-Madrid, a Getafe, hasta la creación de su Base Aérea, el 18 de marzo de 1920, sucedieron muchos acontecimientos para bien del futuro desarrollo de Getafe al haberse instalado en nuestro pueblo, la primera Escuela Nacional de Aviación, y el aeródromo de Santa Quiteria, que después sería, aeródromo militar y posteriormente fuese, aprobado el Real Decreto la creación del aeródromo militar, como base aérea.
Getafe en aquellos tiempos era un pueblo de unos 4.800 habitantes, que comparados con los 200.000 que tiene ahora, nos da una importante diferencia. Como son muchos los acontecimientos importantes acaecidos en el pueblo, en esa década de 1911 a 1920, es decir, entre el tiempo transcurrido desde aquel vuelo de Issy les Moulineaux a Getafe y la creación de la base aérea, evitaré extenderme más de lo debido para no hacer excesivamente larga esta crónica aeronáutica.