LA ERMITA DE SAN BLAS (CÁCERES).

POR JOSÉ ANTONIO RAMOS RUBIO, CRONISTA OFICIAL DE TRUJILLO (CÁCERES), Y OSCAR DE SAN MACARIO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE CASAS DE DON ANTONIO (CÁCERES).

Iglesia de San Blas

Cáceres celebra en febrero, la romería más antigua de la ciudad, la Romería o Fiesta de San Blas. Existen datos documentales que apoyan la existencia en la capital de dos imágenes de San Blas, cada una con su correspondiente cofradía, una conocida como Cofradía de San Blas “El Viejo”, y la otra “El Mozo”. Encontrándose la más antigua conocida como “El Viejo” en la actual ermita de Nuestra Señora de la Consolación o de Las Candelas (conocida entonces como ermita de San Pedro de los Caballeros y San Blas) cuya primera referencia corresponde al año 1458, fecha a la que corresponde un documento existente en el Archivo de la Diócesis de Coria-Cáceres, correspondiente a la parroquia de San Mateo (leg. 5) en el cual encontramos la primera referencia a la Cofradía de San Pedro y San Blas. Por entonces, ambas advocaciones se hallaban unidas en una misma cofradía y gozaban de los bienes y rentas conjuntamente.

Con respecto a la otra Cofradía, establecida en la actual iglesia de San Blas, las primeras referencias encontradas corresponden al año 1541, en una carta de venta de censo otorgada por Pedro de Osma haciendo referencia a la calle donde está ubicada la ermita de San Blas (documento existente en el Archivo Histórico Provincial, caja 3.626, Protocolos de Cristóbal de Cabrera) con el transcurrir de los siglos, ambas cofradías se unieron en una sola.

El profesor Martín Nieto, en un trabajo que realizó sobre la ermita nos dio a conocer el culto y devoción a San Blas en Cáceres, con un estudio importantísimo sobre las Cofradías encargadas del culto de las imágenes

Nos interesa en este estudio la iglesia parroquial de San Blas, concretamente en la que se daba culto, cuando era ermita, a la imagen de San Blas de Abajo o “El Mozo”

La actual ermita de San Blas está ubicada en el antiguo camino “Iter ab Emerita Caesaraugustam” (Camino nº 24 de Antonino Pío desde Mérida a Zaragoza) cita a CASTRA CAECILIA a XX M.P. de la Mansio AD SORORES, o lo que es lo mismo a XLVI millas de EMERITA AUGUSTA. Estas XLVI millas se cumplen al norte de la actual ciudad de Cáceres, concretamente en el barrio donde se ubica la ermita de San Blas, lugar con numerosos vestigios romanos imperiales, aún hoy podemos observar un tramo empedrado. El núcleo de la ciudad surgió con el asentamiento romano que fundó una colonia llamada Norba Caesarina por Lucio Cornelio Balbo, hacia el año 24 a. C. Años antes, se asentó la población romana en el lugar conocido como Cáceres «el Viejo»; de la cual todavía se conservan diversas inscripciones. Igualmente, la Vía de la Plata salía de Norba Caesarina, en dirección norte por detrás de la actual ermita de San Blas, pasaba por el vértice sureste del recinto del cementerio de Cáceres y se dirigía en línea recta hacia el cementerio del Casar de Cáceres. Según el profesor Cerrillo y Martín de Cáceres, en las inmediaciones de San Blas se hallaba una propiedad denominada “La Luciana” (según consta en un documento del Archivo Histórico Provincial, Protocolos, Ladrón de Guevara, leg. 3104), posiblemente, en el lugar que hoy ocupa la Fundación Valhondo, localizándose restos arqueológicos igualmente en una de las huertas denominada “El Torreón”, próximo a la Rivera, áreas cercanas a la ermita de San Blas, correspondientes a restos de columnas,  inscripciones romanas (Iulia Secunda Silonis F; “Veterrima Inter Norbensia), ladrillos y tégulas, habiéndose localizado incluso restos de un mosaico de la época de los Antoninos que llegó a describir Martín Gil en el informe enviado a la Academia de la Historia. Restos localizados en el área de la ermita de San Blas, siguiendo al prof. Cerrillo y Martín de Cáceres, donde se localizaba un paisaje rural periurbano formado por un asentamiento rural romano tipo villa

En la primera mitad del siglo XIX se realizará un camino empedrado que bordeaba la ermita de San Blas, construyéndose por encima el cementerio a finales del siglo XIX, enlazando un camino que hacia el N. conectaba con el camino Real de Castilla. Hacia el E. de la ermita circulaba el camino que iba a Monroy. También, en el siglo XIX se construyó frente a la ermita el Matadero Municipal, era una zona de importante actividad en el período decimonónico y, más abajo, estaba el puente Vadillo que le atravesaba el camino de Trujillo, por medio del cual se cruzaba la Rivera. 

Retablo Mayor

La parroquia de San Blas fue en sus orígenes una ermita. Es un edificio construido en el siglo XV a base de mampostería, sillarejo y sillería, de una nave en cuatro tramos y cabecera semicircular. Se cierra la nave cubierta a dos aguas y la capilla mayor con bóveda de cuarto de esfera irregular. Los arcos son apuntados y descansan sobre pilares adosados de cantería. Se accede al interior por medio de dos puertas, una adintelada en el lado de la epístola, y otra de medio punto, con pórtico de triple arquería. Remata una espadaña en la fachada, de sencilla estructura y un sólo vano. En el año 1749 se colocó en una hornacina una imagen de San Blas, expuesta a veneración de los fieles. La imagen antigua de San Blas se encuentra en la iglesia de Santiago, obra del siglo XVI. En el muro de la Epístola se encuentra la actual sacristía, construida en el año 1779, aunque existía otra anterior que databa del año 1636.

La actual iglesia ha sido restaurada en varias ocasiones, pero en su nave quedan restos de un gótico del siglo XV. Los primeros datos documentales sobre reformas realizadas corresponden al año 1547. Entre los años 1556 y 1560 se acometieron nuevamente reformas en el portal y en la capilla. En el presbiterio se realizaron reformas, de carácter popular, en el año 1779; se ha cerrado el pórtico para prolongar la nave.

La ermita de San Blas tenía su pórtico, sustituyéndose en el año 1930 por unas artísticas rejas, para impedir el fácil acceso a esta zona de mendigos, incluso se utilizaba guardar animales. Según fotografías de finales del siglo XIX y primer decenio del siglo XX, existentes en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres, en el Legado del arquitecto don Vicente Paredes, la entonces ermita tenía un pórtico por la puerta principal con cubierta a dos aguas, con tres arcos de medio punto, solo el central facilitaba el acceso al portal, pues los dos arcos laterales tenían un pretil o muro pequeño de piedra a la misma altura que el estado actual de los dos arcos que están a ambos lados del central. No existía el rosetón que actualmente se abre sobre el arco central y la espadaña estaba ubicada en una disposición más central de la ermita, en la actualidad se encuentra rematando la fachada central ofreciendo un aspecto más airoso al templo, según las obras realizadas en 1961. El aparejo constructivo a base de sillería y sillarejo estaba cubierto con cal. En la ermita primitiva no existía la portada practicada en el muro de la Epístola. 

El 8 de Noviembre de 1958, por Decreto del Obispo de la Diócesis D. Manuel Llopis Iborra, es convertida esta ermita en Parroquia. El 16 de Agosto de 1961, se inician unas importantes obras de restauración en la  parroquia, llevándose a cabo la demolición de la antigua cubierta que estaba prácticamente en ruinas, eliminándose el soportal y aumentando el interior de la parroquia con la profundidad de la nave reaprovechando el espacio que antes ocupaba el soportal, como ya hemos explicado.

La iglesia cuenta con algunos bienes muebles de estimable valor artístico. En el lado del Evangelio se conserva una imagen de Santa Lucía, del siglo XIX, e imágenes modernas del siglo XX, San Antonio con el Niño, Sagrado Corazón de Jesús y Santa Gema. En el lado de la Epístola destaca una imagen moderna de San José y un Crucificado del siglo XVIII, obra delicada y perfecta, tanto en la calidad de su estudio anatómico como por la fina ejecución, los brazos del Cristo no están horizontales sino en uve tendiendo a la verticalidad. Con negra cabellera, la cabeza ligeramente ladeada hacia su derecha, se alza para mirar al cielo en diálogo con el Padre. El estudio anatómico es de gran calidad, sin dramatismos ni violentas contorsiones, con noble serenidad. El velo de pureza está pegado, se anuda a la derecha y cuelga con elegancia. Una cartela con el INRI en letras, figura en lo alto del palo vertical. La Cruz ocupa el primer lugar entre las imágenes sagradas, ya que es el símbolo del misterio pascual. Por ella se representa la pasión de Cristo y su triunfo sobre la muerte, al tiempo que se anuncia su segunda venida, ya gloriosa. La liturgia prescribe que para la celebración de la Eucaristía –memorial vivo que actualiza el misterio de Cristo-, se coloque bien visible para la asamblea, la Cruz en el altar o junto a él, por eso su ubicación en la iglesia de San Blas es acorde con el rito.  

En el presbiterio destaca un retablo mayor de finales del siglo XVII (1698), que vino a sustituir a otro que se había ejecutado y colocado a principios del siglo XVII, con arquitectura de un cuerpo articulado en tres calles y ático; el cuerpo tiene cuatro columnas salomónicas adornadas con racimos y pámpanos; en el intercolumnio del lado derecho, ahí un lienzo que representa al traslado de San Blas; en el izquierdo, el martirio de San Blas y curación del niño ahogado; en el remate, óleo sobre lienzo con el Calvario,  la Virgen y San Juan, y un crucificado de bulto redondo en madera policromada, obras de finales del siglo XVII. La figura del Crucificado está muy contorsionada hacia su izquierda, con una fuerte torsión y ondulación corporal, un ritmo curvilíneo y vibrante, la sensación general es de una mayor esbeltez de la que realmente tiene, adoptando un modelado mórbido. El paño de pureza cuelga anudado a su derecha. La indumentaria de María consta de velo o toca de bordes ondulados, uno de cuyos extremos cruza por delante del cuello, fino plegado del vestido y se cubre con manto de color azul. San Juan que se lleva la mano al pecho en gesto de dolor y con la mano izquierda se sujeta el manto que presenta un fino plegado, dispuesto sobre la túnica y acusa el volumen del cuerpo, consiguiendo un naturalismo incipiente que se deja ver en los pequeños detalles.

En el centro del retablo, hay una hornacina con marco rococó, añadido en el siglo XVIII, cobijando una escultura de San Blas, bien estofado y dorada, realizada en un taller madrileño en el año 1767, muy al estilo de las obras de Salvador Carmona, estando de acuerdo con el profesor Martín Nieto, ya que un año antes había estado el maestro en Cáceres asistiendo a la colocación del Cristo de la Salud en la ermita de la Virgen de la Montaña. La imagen del santo titular viste con la indumentaria episcopal: casulla ancha o capa, sobre el alba, y mitra. Lleva el báculo, como obispo. Aún se conserva la antigua imagen de San Blas que presidía el altar de la ermita, está en una capilla del muro del Evangelio de la iglesia de Santiago de Cáceres, obra del siglo XVI. Los primeros testimonios documentales sobre la existencia de esta imagen del santo titular datan de 1594 (Libro de Cuentas de Fábrica), fecha en la cual se restauró (Hernández Mostazo) y policromó la escultura (Nicolás de Ribero).

En la iglesia de San Blas, hemos de destacar la imagen de Ntra. Sra. del Rosario y del Amor Hermoso, en el lado del Evangelio, de vestir, obra del siglo XVIII, procedente de la iglesia de Santiago. Según el estudio de investigación del prof. Martín Nieto, existió otro retablo del siglo XVI, y la entonces ermita contó con dos altares colaterales, de estilo clasicista. Uno de ellos estuvo dedicado a la Virgen de la Guía, que actualmente se conserva en los salones parroquiales, obra de bastidor, conservando las manos y el rostro. También, en los salones parroquiales se conserva la imagen de San Vito, procedente de la ermita de su nombre que se alzaba sobre un promontorio cercano al Puente de Vadillo (destruida tras la guerra de la Independencia) y cuyos datos documentales más antiguos corresponden al siglo XVI. La imagen, de madera policromada, es obra de la primera mitad del siglo XVII, representa al santo que fue martirizado en Lucania (Italia), como un jovencito, en la época medieval que tuvo mucho culto contra la enfermedad “baile de San Vito”. El baile de San Vito es como se le llamaba en la Edad Media comúnmente a la enfermedad de Corea de Sydenham, una patología neurológica en la que el sistema nervioso central se degenera a causa de una inflamación que provoca fiebres reumáticas. Esta rara enfermedad se caracteriza por trastornos en los movimientos corporales, que pasa por estados de coordinación bruscos e involuntarios de forma ilimitada. Incluso puede darse de una forma tan leve, que el enfermo solo note irritabilidad y nerviosismo. El baile de San Vito estaba mal visto en la Edad Media, pues se creía que el enfermo estaba poseído e incluso se le quemaba en la hoguera. Normalmente en esos casos, intentaban encomendarle a San Vito, un santo salvador y auxiliador para que curara el enfermo de la posesión.

En la sacristía, se conservan dos óleos sobre tabla manieristas con representaciones del Evangelista San Mateo y San Juan Evangelista, procedentes de la predela de un retablo colateral; y un Crucificado, recientemente restaurado, obra de hacia 1600, presentando un esmerado tratamiento del paño de pureza, observamos su clara tendencia hacia el movimiento y a la ruptura de la simetría, en el hecho de que presenta su pierna derecha avanzada, quedando el cuerpo ligeramente girado y la cabeza levemente ladeada, tratamiento de los cabellos a base de mechones individualizados, boca entreabierta y ojos casi cerrados, lo dotan de una clara sensación de dolor. 

Se conserva en la iglesia de San Blas una reliquia del santo titular guarnecida en un relicario de plata en cuya peana se lee literalmente “RELICIA DE Sº R. S. N BLAS”, correspondiente al año 1733, la cual es sacada a exposición pública todos los años en su celebración, dada a conocer por el prof. Martín Nieto en su interesante estudio de investigación. Fue regalada a la cofradía por unos benefactores en el año 1733, para la cual el mayordomo Domingo Jiménez encargó al platero Lucas Mogollón un relicario en metal noble. Se conserva otro relicario, también del siglo XVIII, pero sin reliquia.

Las fiestas de los santos se intercalan a lo largo del año celebrándose generalmente en la fecha de su muerte, su dies natalis. El culto a los mártires fue el primero que históricamente se conoce, comenzando por una veneración a sus restos mortales reuniéndose los fieles en torno a su sepulcro. La jerarquía en las diversas clases de santos (dejando a María su lugar privilegiado) los ha clasificado por su importancia litúrgica celebrando primero a los apóstoles, mártires, pastores, doctores de la Iglesia, vírgenes, santos varones, santas mujeres, religiosos, personas caritativas y educadores. Hoy día el culto a los santos a nivel de calendario universal tiene como criterio el que sean santos de importancia mundial dejando a los calendarios particulares las celebraciones y memorias de aquellos santos que sean de devoción más localistas o de familias religiosas. Solamente comentamos a continuación aquellas celebraciones de santos que son consideradas como solemnidades a escala universal.

Los santos inscritos en el martiriologio romano son los declarados por la Iglesia Católica como indudablemente presentes en el Cielo y, por tanto, pueden ser objetos del culto público, el llamado culto de dulia, a diferencia del culto de latria, que no debe dirigirse más que a Dios.

El papel de los santos en la Iglesia y entre los creyentes ha evolucionado mucho durante la segunda mitad del siglo XX. El culto que se les solía rendir se ha ido matizando y sus imágenes son más utilizadas como ejemplos que como agentes de intercesión, papel que desempeñaron con fuerza durante siglos. El Papa Benedicto XVI afirma:

«El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado al prójimo»

En la iglesia de San Blas se practica el culto de dulia, que es el propio debido a los santos, personas que por su probada heroicidad en el ejercicio de las virtudes cristianas la Iglesia nos los pone como ejemplo a seguir subiéndolos a los altares. A partir del S. V se componen los primeros martirologios, que son unas relaciones de los santos. El primero conocido es el llamado jeronimiano, posterior al año 431. Las reliquias de los santos empiezan a ser veneradas y se construyen templos en los lugares donde sufrieron martirio así como se instaura la costumbre de colocar sus reliquias debajo del altar. Más adelante se suman los confesores, las vírgenes, los monjes y las personas que el pueblo, por aclamación, consideran santos. No es hasta el año 993 en que es canonizado el primer santo por el papa Juan XV (se trata de san Ulrico, Obispo de Augsburgo) iniciándose desde entonces una centralización vaticana en este asunto que culmina cuando Sixto V crea en 1588 la Congregación de Ritos. Pablo VI dividió la Congregación de Ritos en dos: la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Sagrada Constitución para la causa de los Santos, que tiene a su cargo actualmente los expedientes para las beatificaciones y canonizaciones. No obstante, también hoy en día el pueblo sigue dando aureola de santidad a personas a las que considera santas. El Martirologio Romano es donde se hallan catalogados todos los santos que la Iglesia reconoce.

Como ya hemos indicado, Cáceres celebra en febrero, la romería más antigua de la ciudad, la Romería o Fiesta de San Blas (santo protector de enfermedades de la garganta) que se remonta a finales del siglo XVI, concretamente, los primeros datos documentales con los que contamos datan del año 1594, cuando se solicita licencia para decir misa fuera de la ermita, según un Libro de Cuentas de Fábrica.  San Blas fue médico y obispo de Sebaste, Armenia. Hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus. San Blas era conocido por su don de curación milagrosa. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta. Según una leyenda, se le acercaban también animales enfermos para que les curase, pero no le molestaban en su tiempo de oración. Cuando la persecución de Agrícola, gobernador de Cappadocia, contra los cristianos llegó a Sebaste, sus cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena en el bosque de Argeus y encontraron muchos de ellos esperando fuera de la cueva de San Blas. Allí  encontraron a San Blas en oración y lo arrestaron. Agrícola trató sin éxito de hacerle apostatar. En la prisión, San Blas sanó a algunos prisioneros. Finalmente fue echado a un lago. San Blas, parado en la superficie, invitaba a sus perseguidores a caminar sobre las aguas y así demostrar el poder de sus dioses. Pero se ahogaron. Cuando volvió a tierra fue torturado y decapitado en el 316. 

En Cáceres, la festividad cuenta con la tradicional venta de roscas y cordones del santo para curar las enfermedades de garganta, con el objetivo de mantener la parroquia del barrio y la labor cotidiana que realiza mediante la recaudación. Los alrededores de la ermita se llenan de jóvenes con el vestido de campuza y el hermoso pañuelo de » sandía» o de «mil colores» sobre complicados y artísticos moños “de picaporte”. En la tarde de San Blas se escucha la típica música extremeña. Las tonadas, las rondas, las alboradas, los romances, las canciones de corro, las jotas, etcétera, son las protagonistas de la romería.

 MARTIN NIETO, S:  “La ermita cacereña de San Blas desde sus orígenes a la Guerra de la Independencia”. Actas de los XXV Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 1996. 

 Nuestro agradecimiento a los sacerdotes don Teófilo Amores y don Antonio Pariente por su ayuda y facilidades para la realización de este estudio.

 MARTIN NIETO, S: Cáceres, Cofradía y ermita de San Vito, Cáceres, 1993.

FUENTE; CRONISTAS

 

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