LES HISTORIES DE FIDALGO – COLUNGA : CUANDO EL CORPUS ERA EL CORPUS.

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

! Cuántas veces hemos oído y repetido este cantar :

«Tres jueves hay en el año

que reluce más que el sol :

Jueves Santo, CORPUS CHRISTI

y el día de la Ascensión»!

Desde hace varios años, posteriores al Concilio Vaticano II, las fiestas de la Ascensión y del Corpus se trasladan al domingo inmediato siguiente al jueves de su celebración tradicional. Evidentemente, hay excepciones en ciudades, como Toledo, que siguen con «su jueves del Corpus».

Y en Colunga?

Antaño, en tiempos anteriores al Vaticano II, la «PROCESIÓN DEL CORPUS» era un acto solemne, multitudinario dentro de lo que cabe. Cofradías religiosas (Loreto, Hijas de Maria…), niños y niñas con sus trajes de Primera Comunión y sus cestos con flores, personas asistentes en doble fila (varones en una, mujeres en otra), el Santísimo en su Custodia portada por sacerdotes ; tres sacerdotes más con capa pluvial uno y dalmatica los otros dos presidiendo la comitiva…

El recorrido procesional seguía este orden : Plaza de la Iglesia, Calle Real, Plaza de Vigon, Carretera Nacional, Plaza de la Iglesia.

Las casas adornaban sus ventanas y balcones con banderas de España y las gentes cantaban himnos religiosos como, por ejemplo :

. – Cantemos al amor de mis amores,

cantemos al Señor…

. – Hostia pura, Hostia Santa, Hostia inmaculada…

– Veante mis ojos, dulce Jesús bueno…

Al llegar a la Plaza del Monumento, así llamada porque había un altar en piedra, se exponía vel Santísimo y, tras el canto del Pange lingua, se impartía la bendición.

Todo esto que les cuento se ha perdido, se ha olvidado. La procesión, si la hay, es por calles «secundarias», ya no asisten fieles ni niños comulgantes , las casas no adornan sus balcones y al Santísimo lo alumbra la Alcaldesa con su farol de Iglesia.

Tal parece que todos, en mayor o menor grado, «pasamos » de una religiosidad demasiado ampulosa a una Indiferencia de fe. Creyentes o no, por razones que «se me escapan», estamos arrinconado en el olvido nuestra identidad.

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