POR APULEYO SOTO, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)
Por ti me voy, compañero, de Cuéllar hasta Mojados en un viaje enamorero que me trae al retortero y te encuentro enarenado.
¿Dónde fue, dónde se hundió tu orgullo del Gran Nevero que en primavera lució sus aguas de azul acero, ahora solo y desolado?
¡Ay, qué tristeza mirarte desde el pinar por sombrero sin sentirte ni escucharte bramar, toro temporero del encajonado arte!
Calienta agosto en la orilla como un fraguador ferrero y tu éstas a la parrilla tostándote seco y huero bajo su luz amarilla.
Álamos y girasoles orlan el costal ribero y ¡ay, ay! –ni puedo ni quiero- no respondes a sus oles, compañero, compañero.
Dejo que pase el verano, pues tú no pasas ya fiero al alcance de mi mano de poeta segoviano. Para el otoño te espero.
