LOS ANTIGUOS ALUMNOS DE LOS JESUITAS SE REAFIRMAN EN LOS VALORES EDUCATIVOS DE LA INSTITUCIÓN DURANTE LA CLAUSURA DE SU CONGRESO

Foto Joaquín Pañeda.
Los antiguos alumnos de los jesuitas defendieron la vigencia de los valores educativos de la institución (fe, disciplina, responsabilidad, autocontrol y esfuerzo) y su transmisión hasta nuestros días. Así quedó patente durante la última mesa redonda del Congreso de la Federación Española de Asociaciones de Antiguos Alumnos de Jesuitas, que se celebró ayer en el colegio de la Inmaculada.
Ante un nutrido público, en el gimnasio del centro intervinieron ayer José Antonio Fidalgo, gastrónomo, cronista de Colunga y exprofesor de Física y Química; Ramón Alvargonzález, doctor en Geografía y director de la Fundación Alvargonzález; Javier Fernández Costales, catedrático de Derecho Civil y expresidente de Caja España, y Ángela Pumariega, campeona olímpica de vela. El debate fue moderado por Guillermo Rionda y presentado por el presidente de la asociación de antiguos alumnos del colegio gijonés, Antonio Pellico.
Los participantes, todos ellos alumnos distinguidos del centro, reconocieron que esa distinción es «un orgullo y una responsabilidad». Es más, Fidalgo aseguró que «lo considero un estandarte, es como un periódico abierto que en su primera página dice que yo fui alumno de la Inmaculada y tengo una formación de la Inmaculada.
Ser alumno de la Inmaculada en Gijón imprime carácter».
Y ese carácter destaca, según ellos, en la lucha por la excelencia sobre la base de una «educación jesuítica que siempre tuvo unos rasgos peculiares, como son la fe, la disciplina, la responsabilidad, el autocontrol y el esfuerzo. Esos valores se han transmitido hasta nuestros días», aseguró Ramón Alvargonzález.
Pero los invitados estaban convocados para hablar del legado a las generaciones futuras. En opinión de Javier Fernández Costales, «hay que transmitir una educación abierta y enriquecedora. Y se puede hacer desde la familia, el colegio y la propia vivencia profesional». Y Ángela Pumariega ahondó en la cuestión al asegurar que, «a pesar del paso de las generaciones, los valores que se transmiten siempre son los mismos, porque enriquecen a las personas y les hacen sacar lo mejor de sí mismas para ponerse al servicio de los demás».
Influencia
Los integrantes de la mesa redonda coincidieron también al asegurar que la influencia que los antiguos alumnos de los colegios de jesuitas pueden tener en la sociedad actual es «tratar de desarrollar en nuestra actividad cotidiana los principios del humanismo cristiano que hemos recibido en los colegios de esta orden y que se han mostrado útiles y progresistas en las personas individuales y los grupos sociales».
Pero ante una sociedad en la que prima la economía no se puede dejar de perseguir la «utopía», como explicó Fernández Costales. Un asunto ante el que José Antonio Fidalgo añadió que «en esta aldea global es posible seguir sembrando la semilla de la solidaridad».Marco Menéndez. Gijón
Fuente: http://www.elcomercio.es/