MIGUEL ÁNGEL FUENTE CALLEJA, CRONISTA OFICIAL DE NOREÑA, LLAMÓ LA ATENCIÓN SOBRE LA PORTADA DE LA NOVELA, QUE RECOGE «LA ESTATUA OVETENSE DEL CORONEL TEIJEIRO Y A LA CHICA FRANCESA PROTAGONISTA DEL LIBRO»

Toño Argüelles, médico y escritor de Noreña (1954), presentó ayer su obra «El año que nos comimos a un turista rubia», que el artista y abogado Juan Manuel Méjica, califico de «un novelón que lo abarca todo». Méjica intervino junto a Argüelles en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA para introducir el libro. También lo hizo Miguel Ángel Fuente Calleja, cronista oficial de Noreña, quien comentó que la época en la que se desarrolla la novela «yo andaba ya atravesado por toda Asturias». Fuente Calleja llamó asimismo la atención sobre la portada de la novela, que recoge «la estatua ovetense del coronel Teijeiro y a la chica francesa protagonista del libro».
Dicho contraste habla del contenido de la trama, «situada en la Asturias de los años sesenta», detalló el autor, «con dos chavales, Alfa -descendiente de indianos e hijo de un alto cargo del franquismo-, y Kike, ambos madrileños de origen asturiano». El tercer vértice de la historia será «una chica francesa, Elsa, alumna de La Sorbona, que estudia las colonias de alemanes en el occidente de Asturias».
Elsa llega a la región con los aires «previos a Mayo de 1968, y es una mujer liberada y moderna, mientras que los dos chavales son fruto de la educación española de su época», prosiguió Argüelles. En suma, «ella persigue nuevas formas de convivencia y ellos buscan sus límites, saber qué son». Esa combinación dará lugar a «un triángulo de vidas y relaciones en todos los sentidos de la expresión».
Oviedo y Navia, más otros pueblos indeterminados -por ejemplo, de la montaña de Asturias-, son los escenarios de la historia, por lo que precisamente un naviego, Méjica, se encaró con la novela para decir de ella que «participa de las grandes obras de la literatura, como las novelas rusas o las francesas, caso del naturalismo de Zola». Es «una novela de novelas, una historia compleja y transversal, en la que sale el falangismo, los indianos, los furtivos, las consignas del París existencialista, los alardes filosóficos, lo culto, lo grosero y lo popular (los refranes)». En definitiva, una combinación de «lo particular de Asturias y de lo general de los años sesenta, por la que circula la vida».
Fuente: http://www.lne.es/ – J. Morán